España
Junqueras dice que «ama a España» pero se considera un «preso político»
El exvicepresidente de la Generalitat Oriol Junqueras ha señalado en el juicio del ‘procés’ que ama a España y que por ese motivo esta convencido de que el mejor modo de garantizar la convivencia es con un reconocimiento entre iguales, es decir, con un Estado propio.
«Yo amo a España. Amo a la gente y a la cultura española. Lo he dicho mil veces porque es verdad», ha asegurado Junqueras a su abogado Andreu Van Der Eynde durante su interrogatorio, en el que se ha negado a responder a las acusaciones.
Pero, ha precisado, «¿cómo es compatible esto con que sea republicano catalán?». «Estoy convencido de que el mejor modo de garantizar la convivencia y las relaciones es con un reconocimiento entre iguales».
De esta forma, ha reclamado al Estado que permita que los catalanes puedan votar sobre su futuro y que en caso de que los independentistas perdieran, ellos respetarían ese resultado.
«Hemos perdido en multitud de ocasiones y ¿qué hemos hecho?, respetarlo siempre. ¿Qué haremos en el futuro?, respetar si perdemos», ha agregado.
El exvicepresidente de la Generalitat Oriol Junqueras ha anunciado asimismo que no responderá en el juicio del ‘procés’ a las preguntas de la Fiscalía, ni de las acusaciones ejercidas por la Abogacía del Estado y por Vox.
Junqueras ha afirmado que se acoge a su derecho a no declarar a las acusaciones, al iniciarse su interrogatorio en el juicio que afronta en el Tribunal Supremo por su papel clave en el proceso independentista, alegando que se encuentra en «indefensión» porque se le acusa «por sus ideas» y no sus hechos.
El exvicepresidente catalán ha añadido que el del «procés» es un «juicio político».
«En estos momentos me considero un preso político», ha asegurado Junqueras en respuesta a una pregunta de su abogado Andreu Van der Eynde.
Junqueras ha optado por declarar en castellano, algo que «es un placer» tras «un año y medio de silencio forzado».
El exvicepresidente de la Generalitat Oriol Junqueras ha asegurado que ni él ni el resto de acusados en el juicio del «procés» han cometido ninguno de los delitos que les atribuyen las acusaciones porque «votar en referéndum no es delito y trabajar por la independencia de Cataluña no es delito».
«De los delitos que se nos quieren atribuir no hemos hecho ni uno», ha asegurado el exvicepresidente catalán y presidente de ERC, para quien es «absolutamente evidente» que la Fiscalía y el resto de acusaciones en el juicio están dirigiendo contra los doce líderes independentistas una «acusación forzada».
«Nunca, nunca, nunca, nunca», ha contestado un contundente Oriol Junqueras cuando su abogado, Andreu Van Den Eynde, le ha preguntado si la violencia es una opción para su formación con el fin de lograr al independencia.
Para Junqueras, «nadie puede tener duda alguna» del rechazo de ERC a la violencia, aunque las acusaciones «retuercen» los hechos sucedidos durante el proceso independentista para construir el delito de rebelión por el que se sienta en el banquillo.
El exvicepresidente catalán ha recalcado que su partido apuesta por «construir mayorías democráticas y generar consensos en la sociedad», para lograr ampliar los apoyos al independentismo en Cataluña.
Puigdemont manda ánimos
El expresidente catalán Carles Puigdemont, que no está sentado en el banquillo de los acusados en el juicio del ‘procés’ porque huyó de España, ha mandado este jueves ánimos a su exvicepresidente Oriol Junqueras ante lo que considera una «injusticia ignominiosa».
El líder de la Crida Nacional per la República y de JxCat ha lanzado un mensaje de ánimo a través de Twitter al inicio de la declaración de Junqueras en el Tribunal Supremo, la primera de los doce políticos independentistas sentados en el banquillo de los acusados.
«Hoy Junqueras abre el turno de las declaraciones. A partir de hoy, jueces, fiscales y acusadores verán y escucharán lo que es verdaderamente una muralla democrática, aquella que tanto miedo les da», ha expresado Puigdemont.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
