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La amarga carta de un hincha de River Plate: «Metansé la Copa Libertadores en el orto»

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La amarga carta de un hincha de River Plate: «Metansé la Copa Libertadores en el orto»

Gabriel Hugo Lanza es seguidor de River Plate y en las últimas horas un fenómeno viral en Argentina y que amenaza en hacerse famoso en el resto del mundo. El motivo es la sentida carta abierta que ha publicado bajo el título «El gran final, crónica de una muerte anunciada», en su cuenta de la red social Facebook, en la que expresa sus sentimientos y sus críticas por la fallida final de la Copa Libertadores entre el River Plate y el Boca Juniors.

«Nos mataron al fútbol. Nos mataron las ganas. Nos mataron la alegría. Nos mataron la ilusión. Nos ganaron los violentos.Yo, me rindo. No doy más. No puedo más. Este país es una mierda. Estos políticos son una mierda. El fanatismo es una mierda. Harto ya de estar harto, ya me cansé, dijo el poeta…», comienza.

«¿Hasta cuándo tengo que estar horas delante de un monitor para comprar una entrada? ¿Hasta cuándo debo llevar Mi carnet + Mi DNI + El comprobante de la Compra + Sangre y Orina para retirarla, después de tres cuadras/horas de cola? ¿Hasta cuándo debo soportar la zona liberada a los «trapitos» que si no le das lo que te piden te rompen el auto o te cagan a piñas? ¿Hasta cuándo debo soportar tres retenes donde me apretan a mi y a mis hijos y me tratan como delincuente? ¿Hasta cuándo debo soportar que los «infiltrados» sin entrada me empujen contra los controles policiales para que en el descontrol ellos ganen? ¿Hasta cuándo debo soportar cacheos vejatorios y que me saquen un encendedor o una lima de uñas mientras otros pasan marihuana, cocaína, bengalas o armas blancas? ¿Hasta cuándo me van a escanear el DNI para ver si tengo pedido de captura, si después en la tribuna hay 5000 tipos que se jactan de haber ingresado sin entrada y yo no tengo donde estar parado? ¿Hasta cuándo debo soportar palos y bastones de la policía hacia particulares mientras veo como retroceden frente a los barras?», se queja.

«Hasta cuándo debo soportar ver como allanan la casa de un barra y encuentran 300 entradas que estos hijos de puta las vendían a $ 20.000,00 cada una? ¿Hiciste la cuenta? Son $ 6.000.000!!! Mas $ 3.000.000 y u$s 133.000… ¿leíste bien? Hoy todos los hinchas, sabían que la barra no iba. ¿Vos te crees que el ataque al micro fue espontáneo? ¿Vos te crees que no lo planificaron, como represalia por el allanamiento?», reflexiona sobre la agresión al autobús de Boca Juniors.

«Señores, nos ganaron los violentos. El fútbol me pudrió. Y lo digo con todo el dolor del alma. Hoy fue el último día que fui a la cancha. Me cansé. Me cansaron. Me harté. Mis mas sinceras condolencias para los jugadores y cuerpo técnico de Boca Juniors, por la cobarde agresión sufrida. Ningún ser humano de esta tierra merece tener que trabajar después de semejante barbarie. Ningún deportista profesional puede «competir» sanamente después de semejante hecho. ¿Qué pretendían algunos? ¿Ver sangre en la cara de Pablo Pérez? No me interesa si la lesión es real, exagerada o fingida. Al Micro lo destrozaron a piedrazos. No se puede seguir así. ¿Qué te pensás, que la falta de puntería justifica salir a jugar el partido cueste lo que cueste? Desde la noche del gas pimienta que no sentía tanta indignación. En esa oportunidad fue adentro de un Estadio y en el entre tiempo del partido. ¿Cambia en algo la cobardía de los violentos? No. Es exactamente la misma. Es el fanatismo apoderado de la pasión».

«Y hoy, con todo el dolor del alma y una gran pena en mi corazón, decido renunciar a la pasión. A todos los dirigentes políticos. Y a todos los dirigentes deportivos, en especial al Presidente de River, les digo. Me mataron. Y un muerto no concurre más a un estadio, ni paga más una cuota social. No solo decido no ir nunca más a una cancha en este país de cuarta gobernado por ineptos, corruptos y violentos, sino que Noviembre habrá sido el último mes que pagué una cuota social al Club Atlético River Plate. Hicieron llorar a mis hijos, y eso NO SE PERDONA. Metansé la Copa Libertadores en el ORTO!», concluye.

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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