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Religión

La conversación de Kobe Bryant con un sacerdote que le cambió la vida

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Los focos eran parte de su vida. Dentro de la cancha que rodeaban la pista de Los Ángeles Lakers, y también fuera, donde perseguían a una de las estrellas más importantes de la NBA. Nunca sabremos si Kobe Bryant jugó en ‘los ángeles’ por casualidad, pero además de tener una carrera brillante en el baloncesto, tuvo una experiencia de fe junto a un sacerdote, que le cambió la vida y que puso por firma a Dios.

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El domingo 27 de enero Bryant se reunía con los verdaderos ‘ángeles’, tras fallecer junto a su hija de 13 años en un accidente de helicóptero. Su carrera ha estado repleta de éxitos, pero también de crisis importantes. Y una de ellas, desembocó en un suceso relacionado con la fe católica y Dios.

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Kobe nació en Filadelfia en el año 1978. Vivió algunos años en Italia, acompañando a su padre en su carrera como jugador de Basket. De vuelta a EEUU y tras terminar el instituto -donde batió todos los records en su equipo de baloncesto- decide presentarse al Draft de la NBA. Es con 21 años cuando Bryant conoce a Vanessa Laine, la mujer que se convertiría en la mujer de su vida.

La crisis de Bryant

Diez años después llegaría esta crisis. Bryant recibió una denuncia por violación y su mujer comenzó los trámites del divorcio. Y pese a que parecía que el drama iba a tener una solución inminente, a los pocos meses, la familia Bryant sorprendió al mundo al anunciar su reconciliación. Kobe se disculpó en público y su mujer cortó con el proceso de divorcio.

En una entrevista que Bryant concedió a GQ relató que “lo único que realmente me ayudó durante ese proceso –soy católico, fui criado católico, mis hijas son católicas– fue hablar con un sacerdote”. Y esta conversación con un cura, fue lo que desencadenó un gran cambio en su vida.

“De hecho fue algo gracioso: él me mira y dice ‘¿lo hiciste?’. Y yo digo ‘por supuesto que no’. Entonces me pregunta ‘¿tienes un buen abogado?’. Y yo estoy como que ‘uh, sí, él es fenomenal’. Así que entonces él dijo ‘déjalo ir. Sigue adelante. Dios no te va a dar nada que no puedas manejar, y está en sus manos ahora. Esto es algo que no puedes controlar. Así que déjalo ir’. Y ese fue un punto de inflexión”, dijo Bryant.

Kobe Bryant ha sido un gran luchador en la pista. Lo ha ganado absolutamente todo, pero su batalla trascendía de su trabajo en la NBA. Quiso luchar por su familia, por su mujer y las cuatro hijas que tuvo con ella, y apostó por ello, cuando todo estaba en contra.


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Religión

¿Qué relación tiene el coronavirus con las profecías bíblicas?

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El mundo entero está en alerta por el coronavirus, un virus altamente contagioso que provocó la muerte de más de 200 personas y dejó 8.000 infectados. La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró este jueves una “emergencia de salud pública de importancia internacional”.

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El coronavirus surgió recientemente en la ciudad de Wuhan, China, y se cree que se originó en un mercado de carne de animales exóticos. Aunque no se sabe a ciencia cierta el origen de esta nueva cepa, se especula que podría provenir de los murciélagos por su plano genético similar al del SRAS. Ahora, la incertidumbre radica en saber cuál fue el animal que contagió al hombre para detener la epidemia. Algunos científicos creen que podría ser algún mamífero o las serpientes.

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El virus sigue propagándose rápidamente por toda China. Actualmente, el gobierno estableció la cuarentena en las regiones cercanas al lugar donde comenzó la epidemia, lo que complica a los 40 millones de personas que viven en la zona. La preocupación es mundial, hace unos días se difundió la confirmación de la presencia de coronavirus autóctono en Alemania y en Japón. El virus también se expandió a Australia, Singapur, Taiwán, Estados Unidos, Malasia, Corea del Sur, Francia, Vietnam, Camboya, Canadá, Alemania, Costa de Marfil, Nepal y Sri Lanka.

Las profecías bíblicas y las epidemias

“Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares”. Mateo 24:7

En la historia de la humanidad hubo diferentes brotes epidémicos que causaron la muerte de miles de personas. La más conocida fue la peste negra, en el siglo XIX, que provocó el deceso de más de 25 millones de personas, la mitad de la población mundial en aquel entonces. En el último siglo, a pesar de los avances en la ciencia y la medicina, las epidemias resurgen y se propagan rápidamente hacia nuevos territorios. Según un estudio realizado por el investigador Mark Bartholomew, se llegó a la conclusión de que el avión es un factor clave para que las epidemias se propaguen por todo el mundo. Este dato refuerza aún más el pasaje bíblico: “… y habrá pestes (…) en diferentes lugares”.

Las señales se están cumpliendo

Cuando Jesús dijo estas palabras quiso advertir que estos hechos serían una señal de que su regreso y el fin del mundo estarían cerca. Muchos prefieren ignorar la veracidad del pasaje bíblico y lo refutan con la afirmación de que las guerras, las epidemias, las hambrunas y los desastres naturales ocurren desde hace miles de años. Sin embargo, el Señor explicó que estos hechos son señales y solamente Dios sabe cuándo será el fin.


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Religión

Pasa el ángel exterminador (1): la peste NOM-virus

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Por Laureano Benítez Grande-Caballero.- «Nosotros buscamos las causas de la crisis, pero la más profunda y la más evidente no se la nombra. A riesgo de provocar vuestras risas, de todos modos yo os la cito: es Satanás, que está aquí en medio de nosotros» (Mons. François Nestor Adam, Obispo de Sion, en su intervención, el 2 de octubre de 1971, en el Sínodo que se realizó ese año).

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Desde que empecé a incluir que la crisis del coronavirus nos llevaría al confinamiento en nuestras casas, con el fin de evitar la exposición al paso del ángel exterminador del maléfico virus, he tenido viva en mi mente la escena de aquella terrible noche en la que un ángel exterminador recorre las calles de Egipto asesinando a los primogénitos, salvándose únicamente quienes tenían en los dinteles de sus casas la sangre de un cordero. Tremendo metáfora, dantesca escena plenamente aplicable a los desasosegantes tiempos actuales, donde una humanidad atemorizada se clausura en sus hogares por miedo a contagiarse con el maléfico virus.

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Desde luego, no es la primera vez en la historia que el ser humano se enroca en su miedo a sufrir alguna pestilencia, ya que las plagas han sido un fenómeno recurrente en el devenir humano, pero la inmensa escala a la que está teniendo lugar la peste del coronavirus en un mundo habitado por casi 8.000 millones de personas la convierten en un suceso único en la historia, con tintes verdaderamente apocalípticos.

Junto a su gigantesca expansión, destacan también en esa pandemia dos hechos muy significativos: estamos ante una epidemia de muy baja mortalidad, con un cuadro sintomático un leve ― comparada con otras muchas más mortíferas, que protagonizaron tremendos desastres demográficos―, y, especialmente, que en la actualidad el ser humano posee una tecnología perfectamente capacitada para crear el agente que la provoca, algo completamente inusitado en otras épocas históricas, donde los agentes patógenos eran perfectamente naturales. Si a eso le añadimos que también poseemos en la actualidad unas mentes lo suficientemente diabólicas como para emplear esos agentes mortíferos con la intención de causar daño a la humanidad, esta pandemia del coronavirus ―al igual que otras que la precedieron en menor escala― presenta unas características que la hacen altamente sospechosa de haber sido provocada.

¿Por quién? En un mundo donde no cae una hoja al suelo sin que lo dictamine la mafia luciferina que maneja el cotarro en este Planeta, es absurdo pensar que los acontecimientos catastróficos que afectan a la humanidad en su conjunto no están diseñados y planificados por la élite psico y sociopática obsesionada por el globalismo y el Gobierno Mundial.

La historia de la humanidad es muy sencilla de explicar, y se podría resumir con brevedad diciendo que es la lucha del Bien contra el Mal, de la luz contra las tinieblas, de ángeles contra demonios, de Dios contra Satanás. Esta conflagración apocalíptica puede revestirse de la apariencia de guerras, revoluciones, catástrofes naturales, hambrunas, crisis económicas, pandemias… pero el trasfondo es siempre el mismo: cielo contra infierno.

Y, de igual manera que Dios se sirve de sus santos para llevar adelante su plan salvador tendente a asegurarnos la bienaventuranza eterna, el Príncipe de las Tinieblas ha reclutado desde el big bang a un conjunto de personajes siniestros, absolutamente perversos, que son los encargados de ejecutar sus planes destructores.

Es así como ha surgido la «Sinagoga de Satanás», consistente en un contubernio de poseídos por las fuerzas infernales que, desde su origen en las cavernas babilónicas y las esfinges de Egipto, se han transmitido de generación en generación los ritos iniciáticos mediante los cuales sirven al inframundo, ejerciendo de agentes del Tártaro a cambio de unas prebendas, de unos favores, consistentes en la conquista del poder y la riqueza. Es por ello que a esta horrenda camarilla pertenecen las figuras más señeras de la humanidad en el campo de la economía, la política, el entretenimiento, y los medios de comunicación, ya que, al ser colocados en los lugares más relevantes de las actividades humanas, tienen el poder que ambicionan, pero, a su vez, desde sus altos cargos laboran incansablemente para llevar a la humanidad hacia el NOM, que entronizará al Anticristo, vicario de Satanás.

Es elemental: tenemos a un personaje que ambiciona fama, poder, riquezas, gloria… dominio, en una palabra, y para satisfacer estas pasiones hace un pacto mefistofélico con las tinieblas, las cuales le otorgan estos dones, pero a cambio no sólo de su alma, ya que también le exigen a estos posesos que les consigan almas para llevárselas al reino del nunca-jamás.

Digámoslo sin reparos ni remilgos: la verdadera lucha que el Mal entabla con el Bien es la disputa de las almas, la contienda por ver si la luz se las lleva a las esferas celestiales, o la Oscuridad las abduce a los pozos infernales. Y la estrategia luciferina para apropiarse de las almas es siempre la misma: sembrar el desorden, la confusión, el caos, el miedo, subvirtiendo los sistemas establecidos sobre valores naturales y morales, con el fin de dejar al individuo en una situación de total desamparo que le convierta en una fácil presa para el mundo, el demonio y la carne.

Porque el caos lleva a la muerte, y los episodios catastróficos de guerras y pandemias producen un elevado número de víctimas, una mortandad considerable y muchas veces repentina que dificulta la reconciliación del alma un Dios, objetivo principal del Señor de las Moscas, que tiene así mucho más fácil poseerla.

Esta historia está magníficamente explicada en la Carta a los Efesios de San Pablo: «Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio».

Esta gigantesca refriega es la que opera entre bambalinas de los episodios más importantes de nuestra historia, porque esos espíritus del mal que emponzoñan los espacios, que envenenan el aire, no son solamente esos engendros horribles que pueblan pesadillas y húmedas tentaciones, ya que también se pueden incluir en esta categoría demoníaca a esos seres monstruosos que, a pesar de su aspecto microscópico, infectan con su pestilencia mortífera a la humanidad: los virus.

Dirán que soy conspiranoico, pero es un hecho para mí muy claro que los virus son seres maléficos, perversos, satánicos, totalmente malévolos, cuyo único objetivo es infectar las células inoculando en ellas su maligno ADN para matarlas reproduciéndose a su costa. Hay bacterias buenas, pero los virus son de una malicia absoluta, y por eso pueden considerarse creación diabólica.

Virus los ha habido siempre, pero con el avance de la medicina ―en especial las vacunas―, su poder mortífero estaba en franca decadencia, como sucede con la viruela y el sarampión, dos pandemias de amplia raigambre histórica que han diezmado con frecuencia a la población mundial, junto con el cólera, el tifus…

Y la peste, la reina de las epidemias, de fulgurante malicia, que aniquila a un ser humano en dos o tres días ―incluso en horas―, cuya apoteosis tuvo lugar en la apocalíptica pandemia iniciada a partir de 1348, que aniquiló a más de 100 millones de personas en todo el mundo, de los cuales 25 correspondieron a Europa ―un tercio de su población―.

Pero, como ya no queda prácticamente ninguno de esos virus «históricos», asistimos al sospechoso fenómeno de la aparición en tiempos recientes de un conjunto de epidemias causadas por extraños virus que surgen de la nada, y arrasan con todo lo que pueden antes de desaparecer o quedar latentes: vacas locas, grite aviar, gripe porcina, SIDA, Ebola, Zika, SARS… y ahora asistimos al dantesco espectáculo del coronavirus.

En un mundo altamente tecnificado, donde existen laboratorios de biotecnología capaces de crear microorganismos en sus siniestras retortas para usarlos como armas bacteriológicas y virológicas, y donde el mal que infecta a las élites satánicas que controlan el mundo es absolutamente pasmoso, no hay que caer en la conspiranoia para sospechar que esa nueva generación de virus puede haber sido creada a propósito para conseguir oscuros fines, que, por supuesto, van encaminados a la facilitación del NOM.

Y no es que esto sea una mera sospecha o posibilidad, ya que es un hecho plenamente demostrado y documentado que todos los virus que antes hemos mencionado tienen su patente respectiva, lo cual quiere decir que han sido fabricados. Otro factor importante a tener en cuenta es que los prebostes de las empresas multinacionales en el campo de la farmacéutica, del material sanitario, y de las dedicadas a la biotecnología forman parte de esta casta luciferina correveidile de Lucifer.

La élite diabólica del NOM siente un profundo asco por las masas, una patológica falta de empatía por la humanidad, pues para ese perverso contubernio somos un despreciable rebaño, una muchedumbre de esclavos lobotomizados, pura mercadería, carne de cañón para sus experimentos apocalípticos, una fauna molesta que hay que reducir al máximo.

Basta solamente con utilizar el sentido común para comprender que, unos personajes absolutamente malvados que han sido capaces de construir armas nucleares que pueden destrozar la humanidad varias veces, que han diseñado y ejecutado guerras devastadoras, que han protagonizado sangrientas revoluciones para liquidar el orden natural del mundo y la civilización cristiana occidental, que provocan crisis económicas demoledoras que llevan a la ruina y al hambre a amplias capas de la población, que fumigan los cielos con sustancias ponzoñosas para cambiar el clima en orden a causar sequías y para ―dicen algunos― hacer menos fértil a las poblaciones, que ya conspiran directamente y sin tapujos con la manipulación de las mentes y la liquidación física de las personas a través del letal 5G que asoma ya en el horizonte… Es suficiente, en suma, tener un poco de sentido crítico para comprender que a este siniestro contubernio le importa una higa la suerte de la humanidad, y no solamente eso, sino que están haciendo todo lo posible desde hace mucho tiempo para liquidarla.

Este odio a la humanidad tiene sus ideólogos, sus tecnócratas, sus libros, sus foros… un conjunto de personajes siniestros imbuidos de un odio obsesivo a la humanidad, que podemos catalogar como «nutjobs» ―«chiflados»―, capaces de hacer afirmaciones que producen a la vez pasmo y terror.
En 1955, Alan Gregg, de la Fundación Rockefeller ―¡cómo no!―, describió, por primera vez, el género humano como un «crecimiento cancerígeno» sobre el planeta Tierra que podría con el tiempo destruirse: «La superpoblación es un cáncer; nunca he oído que un cáncer se curara alimentándolo».

Christopher Manes, aspirante a «¡Earth First!», afirma que «La extinción de la especie humana no sólo es inevitable, es una buena cosa». En esa misma línea, Maurice Strong sentencia que «¿No es la única esperanza para el planeta que las civilizaciones industrializadas colapsen? ¿No es nuestra responsabilidad que eso suceda?». Y observen esta frasecita del demente genocida Robert MacNamara, obsesionado por el control de la población, que fuera secretario de defensa con Kennedy y con Johnson, responsable principal de la guerra del Vietnam, un ser de una malignidad imposible de describir: «Creo que la raza humana tiene que pensar en los asesinatos. ¿Cuánto mal se debe hacer con el fin de hacer el bien?».

Estos gurús antropófobos, imbuidos de neomaltusianismo y ecologismo exacerbado, lanzan sus manifiestos de odio impunemente, con el aplauso de los poderes globalistas a cuyo servicio bailotean impúdicamente:

«Si no hay suficiente comida para alimentar el excesivo número de gente (los pobres, las masas) ellos deben ser lanzados fuera de la borda (asesinados por guerras o epidemias). Estos “razonamientos” proveen una justificación para controlar la curva del crecimiento poblacional y la destrucción del exceso de población por cualquier medio, incluyendo las guerras, los genocidios, las epidemias, las hambrunas, las depresiones económicas y hasta el terrorismo». (Pearce and Turner, 1995).

Como se puede observar en esta tremenda declaración, las epidemias también están incluidas en la estrategia de las carnicerías, porque ¿le temblará acaso el pulso a estos psicópatas para crear virus letales que sirvan a sus fines conspiradores? Una mente tan pervertida y corrupta como la que tienen estos gerifaltes diabólicos, ¿renunciará acaso a la posibilidad de utilizar sus perversas creaciones de laboratorio para crear pandemias que contribuyan a la instauración de su maquiavélico Gobierno Mundial?

El coronavirus actual fue elaborado en Wuhan, al parecer con tecnología francesa y canadiense.

Resulta asimismo esclarecedor que en esa ciudad de 11 millones de personas haya laboratorios de bioingeniería ligados al omnipresente George Soros y a Bill Gates, del que es ampliamente conocida su actividad en el campo de las vacunas, los transgénicos y la agroquímica: ¿casualidad?

¿Es también casualidad que el Foro de Davos, que tuvo lugar en octubre de 2019 en nueva York, realizara el 18 de ese mes un simulacro de una epidemia de coronavirus, con la participación del Johns Hopkins Center for Health Security y de la Bill & Melinda Gates Foundation?

El objetivo explícito del ejercicio realizado en Nueva York era planificar la respuesta de ciertas transnacionales y gobiernos ante una pandemia de coronavirus, cuando nada permitía predecir el inicio de la epidemia detectada en la ciudad china de Wuhan a inicios de diciembre.

En el simulacro participaron destacadas personalidades de varias instituciones y organismos, como Sofía Borges ―vicepresidenta de la Fundación de las Naciones Unidas, Brad Connet, ―presidente del grupo Henry Schein, líder mundial de la producción de material médico―, George Gao ―director del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de la República Popular China―, Avril Haines ―ex directora adjunta de la CIA y ex miembro del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, bajo la administración Obama, etc… y la Fundación Bill&Melinda Gates, por supuesto.

¿Es un hecho simplemente anecdótico que en un capítulo de los Simpson también apareció un contubernio que planificaba un ataque viral a humanidad? ― recordemos que esta famosa serie también mostró en un episodio la destrucción de las Torres Gemelas, como telón de fondo un tanto disimulado―.

Las sospechas se hacen realmente desasosegantes si se tiene en cuenta que el virus ha ido aparecer en el país más poblado del mundo, y justamente en vísperas de la fiesta del Año Nuevo chino, la cual produce millones de desplazamientos a lo largo de todo el país. ¿Más casualidades?

Las preguntas saltan por sí solas. Para empezar, se nos dice que la culpa es de los chinos, que comen murciélagos, pangolines, y no sé qué especies exóticas más. Y bien, ¿los chinos siempre han comido esos animales, o han empezado a hacerlo ahora, justo cuando disponen de mayor bienestar, y no les hace falta incluir especies asquerosas en su dieta? Si llevan siglos comiéndolos, ¿por qué justo ahora resulta que un pangolín infectado origina el caos mundial? ¿Por qué el virus del SIDA también se asoció a otro animal ―el mono―, y luego tenemos a las vacas locas, la gripe aviar, la gripe porcina…? ¿Por qué estuvo en el simulacro pandémico del Davos pasado el director del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de la República Popular China?

Con todo lo expuesto, tenemos unas mentes criminales, y un arma de destrucción masiva ―aunque creará más caos y crisis económica que mortandad―, creada por ellos mismos. Todo encaja a la perfección, y más cuando, en un artículo posterior, expongamos los motivos que tienen estos personajes para lanzar la pandemia del coronavirus, qué es lo que pretenden conseguir con ella.


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Religión

Caguelo episcopal

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AR.- “A mi juicio, cerraría todas las iglesias ya, pero cómo vamos a cerrar las iglesias si el Estado no decreta que se cierren los bares y los sitios de ocio. Sería del género tonto cerrar las iglesias y no los bares”, manifestó el obispo de Córdoba. “Uno de los lugares de contagio es la iglesia porque es donde se junta la gente para la misa y otras actividades”. Demetrio Fernández, doctor en teología, que pasaba por uno de los obispos más piadosos y ortodoxos, a la cabeza de la cobardía patológica de una casta episcopal vendida al mundo. ¿Se cerraban las iglesias en tiempo de guerra, peste o calamidad? ¿Se privaba al pueblo cristiano del consuelo de la fe y de la Eucaristía cuando más lo necesitaba? Antes no. Ahora sí.

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Ahí está el decreto del obispo de San Feliu en Barcelona, Agustín Cortés: Después de dispensar del precepto dominical dice: “No se convocarán celebraciones litúrgicas públicas (misas y otras devociones). Donde sea posible se procurará tener los templos abiertos para la plegaria, siempre que se respeten las indicaciones de las autoridades civiles. Los centros de culto que no cumplan estas indicaciones quedarán cerrados”.

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El mismísimo cardenal Omella, intimo del papa Francisco, va más allá: “Todos los fieles de nuestra Archidiócesis de Barcelona quedan dispensados del precepto dominical -el de santificar las fiestas, ley divina- mientras dure la situación de grave crisis sanitaria actual. A causa de la situación totalmente excepcional que estamos viviendo, desde el día de hoy quedan suspendidas todas las celebraciones públicas de la eucaristía con participación de fieles, también la dominical”.

Luego, por algún remanente atávico de mala conciencia dice: “Estaría bien mantener las iglesias abiertas en la medida de lo posible y que se atiendan con caridad pastoral a los enfermos y la las personas angustiadas, aprovechando también el teléfono y las nuevas tecnologías”. O sea, las iglesias abiertas, pero sin Eucaristía ni culto, como museos arqueológicos con sus guías auto-amordazados. Sin Eucaristía no hay Iglesia. Sin comunión no hay unión con Cristo. Los curas metidos en casa y los obispos en sus palacios atentos a la insensatez de Pedro Sánchez y a las indicaciones de una autoridad incompetente. Antes que nos prohíban las misas los rojos, lo hacemos nosotros. ¿Iglesias abiertas?… y Jesucristo amordazado en el sagrario, sin predicación ni culto.

Obispos preocupados no por la conversión de sus fieles ni por los signos divinos que nos llaman al arrepentimiento y a la conversión. Perros mudos que callaron ante el feminismo soez y chabacano del 8M, las solas y borrachas que llegarán a casa a vomitar su colocón. Pastores castrados que consideran el aborto, la fornicación pública, la ideología de género y el mariconeo como el precio que se paga para seguir a la sopa boba del 0,7 del IRPF y así mantener el chiringuito, no sólo de los curas, sino de todos los laicos paniaguados de los obispos que viven a su sombra con sus Trece tvs y otras mandangas. Pastores que han huido del lobo y así le han permitido devorar a las ovejas sin piedad. Ya os dijo Juan Bautista: «Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente? Dad, pues, fruto digno de conversión, y no creáis que basta con decir en vuestro interior: ‘Tenemos por padre a Abraham’; porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham. Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego”.

¿No vuelve San Vicente Ferrer a recordarnos aquello que predicaba con valentía en medio de la peste bubónica en el siglo XIV?: “¡Temed a Dios y honradlo, porque está cerca la hora de su Juicio!”.

“Levántate y ven a predicar mi Evangelio por todas partes -escuchó San Vicente del Señor- y conquista muchas almas para mí. Avisa a los hombres del peligro en que viven y anuncia el día del Juicio. Yo estaré contigo”. Pero sin fe, ni esperanza ni caridad para con la salvación eterna del prójimo, “cuando vuelva el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe en la tierra?”

Nuestros obispos y cientos de curas parecen haberla perdido ya, renunciando al ministerio de anunciar la verdad y denunciar el error, sin alimentar al Pueblo de Dios -al que dicen querer tanto- con el pan de la Vida. Dejando, por tanto, en manos del Estado, la tarea de establecer unas formas ideológicas y unos criterios de conducta que nos llevaran a la extinción no ya espiritual, sino material y definitiva.

“¡Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor! ¡No endurezcáis vuestro corazón!”. San Vicente Ferrer, ¡ruega por nosotros!


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