Opinión
La Cruzada de Liberación Nacional es el acontecimiento humano más importante y grandioso del siglo XX
Guión de la homilía del Padre Calvo del 20 de noviembre en la parroquia de Santa Marina la Real (León):
Toda misa de aniversario es una oración tan piadosa como elogiosa de un personaje o de un acontecimiento histórico. Acción sobrenatural que honra los méritos morales que de justicia, además de caridad, debemos a quienes nos han legado lo mejor de sus vidas. No es sentimentalismo rutinario, pues la razón está por encima del sentimiento.
Estamos como agradecidos patriotas españoles y católicos en este sagrado deber carente de referencias político-administrativas, pues lo religioso justifica sobradamente nuestras oraciones y sufragios por sus almas si aún lo necesitasen. Sus glorias nos reclaman recuerdo.
Nuestra Cruzada de Liberación Nacional, la última cruzada de Occidente, la Undécima a decir de Pío XII, constituye el acontecimiento humano más importante y grandioso del siglo XX. Se exigían soluciones inmediatas a problemas lacerantes por la mórbida envergadura universal del comunismo. «Luchamos por liberar a nuestro pueblo del marxismo y el comunismo internacional, que se introdujeron en nuestro país para hacer de España una sucursal del bolchevismo. Queremos salvar por esta lucha los valores morales, espirituales y religiosos del pueblo español, que constituyen la base de nuestra existencia nacional e individual» (Franco, Leipziger Zeintung, julio de 1937).
«Nuestra guerra no es una guerra civil, ni una guerra de partidos, de pronunciamiento político, sino una Cruzada de hombres que creen en Dios, en el alma humana, en el bien, en el ideal, en el sacrificio, que lucha contra los hombres sin fe, sin moral, ni nobleza». (Declaraciones de Franco a L´Echo de París, el 16 de noviembre de 1937).
La fecha que hoy honramos es la más determinante de todo el siglo XX español: la derrota del comunismo en el campo de batalla y el inicio de una nueva era de progreso espiritual, la unidad de los hombres y las tierras de España, la revolución social que da lugar a una amplia y poderosa clase media, creando un Estado social y de Derecho nacional. Con esa labor de recristianización que traería la reconciliación nacional. «Nuestro movimiento vino a traer la paz y la hermandad a todos los sectores españoles. A las clases amenazadas de sucumbir, la seguridad en sus vidas, y el disfrute tranquilo de sus patrimonios. Que a los injustamente tratados, la certeza de una obra social progresivamente realizada» (Franco ante el Congreso nacional, de fecha de 10 de octubre de 1943).
Franco fue la figura providencial que Dios había puesto en el difícil horizonte de una España en periodo de extinción. El Caudillo eterno de la España recuperada y salvada de tantos peligros que la han amenazado, pero que junto con Don Pelayo, San Isidoro, Santiago Apostol, Cisneros, los Reyes Católicos, Felipe II y los héroes del 2 de Mayo, han hecho la historia grande que más tarde será presentada al Padre eterno para su redención definitiva por Jesucristo.
Gil de la Pisa ha escrito que «el día más glorioso de los últimos 500 años, después del Descubrimiento de América, no hay nada semejante al 18 de julio; ni siquiera el 2 de mayo de 1808, pero el 18 de julio del 36 se inició la ÚNICA VICTORIA LOGRADA EN LOS ÚLTIMOS 500 AÑOS CONTRA LA SINAGOGA DE SATANÁS, QUE DESDE EL SIGLO XVI IBA EN VICTORIA EN PRO DEL DOMINIO DEL MUNDO Y PONIENDO A SUS PIES A LA IGLESIA DE CRISTO».
Sin embargo, en el 36 la España heredera de la sangre de los vencedores de Lepanto y de los Tercios de Flandes, borraron de la península a los mayores asesinos desde que los pueblos bárbaros acabaron con el imperio romano.
«No voy a comentar la ingratitud, la vergüenza y la sinvergonzonería de una Iglesia que le paga la libertad que le devolvieron los miles de voluntarios que dieron su vida porque Cristo volviera a reinar en España» (Gil de la Pisa).
Si a pesar de aquel triunfo que llevó a Pío XII a concederle la más alta honoroficencia de la Santa Sede de la «Orden Suprema de Cristo», aún los poderes satánicos hacen estragos en la sociedad cristiana actual, ¿qué habría ocurrido sin aquella barrera de heroísmo martirial y arrojo sobrenatural?
Por esto, el 20-N es una fecha imborrable porque es inolvidable y es inolvidable porque es impagable. ¡Gloria a nuestros Caídos por Dios y por España! ¡Gloria a Francisco Franco y a José Antonio!
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
