Opinión
La delincuencia en España es un gigante iceberg
Todos sabemos, o deberíamos saber, que un iceberg, es decir esas gigantescas masas de hielo que “navegan” por el mar, hasta derretirse totalmente, muestran solo el 10% de su volumen total.
Pues lo mismo sucede con la delincuencia en España.
Con la reforma de hace unos pocos años, se sustrajo al conocimiento judicial y fiscal todas las denuncias sin autor conocido, que son el 90% de las existentes.
El pretexto fue que así se evitaba dar un trabajo improductivo a los juzgados y fiscalías, teniendo que incoar procedimientos, que luego había que sobreseer, al no haberse podido localizar al autor o autores.
Pero al menos había un control, siquiera sobre el papel, de la criminalidad existente, y los fiscales y jueces podían exhortar a la policía judicial determinadas diligencias e investigaciones sobre hechos delictivos denunciados, en la búsqueda de los responsables o beneficiarios de los delitos, que suelen ser las mismas personas.
Ello ha supuesto la existencia de dos tipos de estadísticas:
- Las reales, que son las efectivamente denunciadas, y
-
Las judiciales, que son los procesos incoados, por existir un autor o autores conocidos.
Excuso decirles que estas últimas son, como mucho el diez por ciento del total de las denuncias formuladas.
La opinión publicada, que no la opinión pública, ha respondido estupefacta ante la propuesta de VOX de poder tener armas en nuestras casas, para poder repeler cualquier asalto a las mismas.
No sé si es buena o mala esta propuesta, pues es evidente que la criminalidad está aumentado, y a pasos agigantados, tal vez fruto de la inmigración excesiva, y de que nuestro sistema judicial trata mejor al delincuente que a la víctima.
Un amable comunicante, auténtico coautor de este artículo, me facilita los datos siguientes, correspondientes al primer trimestre de 2018, y copio textualmente, no sin antes agradecerle su atención:
“Los que aseguran que España es un país seguro, por lo que no se necesitan medidas complementarias para la defensa personal, deberían leer la estadística oficial de delitos.
Estos son los delitos cometidos en 90 días, los correspondientes al primer trimestre de 2018:
-Delitos graves: 3.953, lo que supone 43 diarios.
-Secuestros: 15, lo que supone 3 secuestros cada mes.
-Contra la libertad sexual: 2.658, es decir, 29 delitos diarios.
-Robos con violencia: 15.477, a razón de 138 diarios.
-Robos con fuerza en los domicilios: 39.634, a un promedio de 440 delitos diarios. (Son los que VOX pretende evitar con la mera posesión de armas en sus casas por parte de los ciudadanos sin antecedentes penales).
-Robos de vehículos: 10.926, es decir 121 vehículos robados al día.
¿De verdad vivimos en un país seguro?
¿Cuántos de estos delincuentes han sido detenidos?
Y dice el comunicante: “Abascal se ha quedado corto, más que tener una escopeta o una pistola, hay que tener un lanzallamas.
O vivir como los “Marqueses de Galapagar, con dos guardias civiles 24 horas diarias en la puerta de su mansión”.
No digo más. Creo que no es necesario.
Abogado y escritor.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
