Internacional
La derecha en Portugal se consolida como tercera fuerza política en el Parlamento
A pesar de que el Partido Socialista obtuvo mayoría, viene marcado por la pérdida de su alianza con partidos de extrema izquierda detonada el año pasado por diferencias en el presupuesto. Por otra parte, el partido Chega se convirtió por primera vez en tercera fuerza con 12 representantes en el Parlamento.
Las elecciones en Portugal finalizaron y tras el conteo del 99 % de los votos la mayoría fue para el Partido Socialista (PS) liderado por el primer ministro António Costa, seguido por el Partido Social Demócrata (PSD) de centroderecha, que lidera el conservador Rui Rio. Cifras del Ministerio de la Administración Interna (MAI) reflejan que hasta los momentos obtienen 41,68 % y 27,8′ % respectivamente.
El PS se llevó la mayoría absoluta, es decir, 116 escaños de los 230 del Parlamento frente a 71 para el PSD. Es un escenario que también trajo consigo la derrota de la extrema izquierda. Catarina Martins, candidata del Bloque de Izquierda lo admitió: «Es un día difícil y un mal resultado».
Otra lectura no menos despreciable tras los resultados, es que el Partido Chega, al que algunos medios europeos comparan con Vox de España, se convirtió por primera vez en tercera fuerza con 7,15 % de los votos y 12 representantes en el Parlamento. El otro ganador de la derecha fue Iniciativa Liberal, que también tenía un solo diputado (1,29 % de los votos en 2019) y mejoró su porcentaje a 4,98 % y ocho diputados.
Elecciones anticipadas
Fue la ruptura de la alianza entre partidos de izquierda lo que desencadenó que las elecciones en Portugal tuvieran carácter anticipado. En este sentido, el Bloque de Izquierda y el Partido Comunista Portugués (PCP) le dieron la espalda en octubre pasado al Gobierno socialista de António Costa.
Los socialistas llevaban seis años gobernando en minoría apoyados, en mayor o menor medida, en los partidos más a su izquierda. Sin embargo, el idilio que empezó en 2015 para tumbar al Ejecutivo conservador de Pedro Passos Coelho se fue apagando poco a poco y estuvo a punto de hacer saltar por los aires la legislatura, apuntó EFE en ese entonces.
El motivo, fue que los comunistas votaron en contra de los presupuestos para 2022, esto llevó a que el presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, disolviera la Cámara antes de cumplir la totalidad del periodo de cuatro años, iniciado en 2019. Es un poder que tienen el mandatario portugués y que lo diferencia de otros países.
Nuevo mapa político
A partir de los resultados parciales ya es evidente el impacto en cada bancada. Rui Rio aseguró que su partido de centro derecha hizo una «excelente campaña», pero los resultados no fueron los esperados. Estos provocaron que el líder del conservador no descarte su dimisión.
Por su parte, Costa prometió una «mayoría de diálogo» a pesar que ya no cuenta con el apoyo del resto de la izquierda. No lo necesita dado que posee mayoría absoluta en el Parlamento. Esto hará que los próximos meses sean determinantes para el bando político portugués, el cual venía aliado desde 2015 y ahora debe configurarse de otra manera.
Fueron las terceras elecciones en Portugal desde que la pandemia comenzó en 2020 y la abstención fue del 42 %, muy por debajo de la registrada en 2019 (51,43 %) a pesar de que se votó sin COVID-19. El resultado sorprende a los medios de Portugal, ya que más de 1,2 millones de personas se encuentran en aislamiento (597.879 de ellos son infectados y los restantes, contactos de alto riesgo). Aquellos confinados recibieron una autorización oficial para salir a votar y se les recomendó hacerlo la última hora de votación.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
