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Salud

La dura verdad sobre una sanidad pública española, destrozada por los políticos

Redacción

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Imagen del Hospital Militar de Sevilla, abandonado y saqueado

Francisco Rubiales.- Una Sanidad cuyos profesionales no tienen mascarillas y deben usar bolsas de basura y guantes usados para protegerse del peligroso coronavirus no puede ser de las mejores del mundo, como dicen los políticos. Si esa sanidad ya ha decidido dejar morir a los mayores porque no hay respiradores suficientes, como ocurre en España, estamos ante una sanidad pública inhumana y fracasada.

La Sanidad Pública Española era buena, de las mejores del mundo, pero ahora está hecha trizas por los políticos y es peor que muchas de las de nuestro entorno.

La crisis del coronavirus ha pillado al sistema sanitario español en franca decadencia y mal dotado de recursos, aunque magníficamente dotado de profesionales de primera fila, que es lo único, justo con las instalaciones hospitalarias, que queda de la época dorada, cuando el país dedicaba a la sanidad recursos suficientes para estar en vanguardia.

Hoy, con 350.000 políticos que sobran y cobran del Estado, cientos de costosos chiringuitos públicos inútiles y más coches oficiales que Europa y Estados Unidos juntos, el gobierno español no tiene dinero ni para fumigar las calles. Al final, la bajeza, la vileza y el sectarismo de los políticos terminarán matándonos.

El sistema sanitario español, del que nuestros gobernantes se vanaglorian y lo definen como “de los mejores del mundo”, está hoy resquebrajado y en franco declive por culpa de unos políticos que lo han fraccionado en 17 trozos y gastan casi todo el dinero disponible en comprar votos y votantes, en pagar sueldos a políticos y a cientos de miles de paniaguados parásitos y en financiar asociaciones y plataformas activistas y amigas del poder, en su mayoría dedicadas a la guerra de géneros y al activismo cultural de izquierdas. Ese despilfarro político en electoralismo y financiación del poder ha dejado a la sanidad española sin recursos suficientes y desmoralizada, como se está comprobando hoy.

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Por culpa de los políticos, en especial de los que están gobernando, casi todos los recursos del Estado se consumen en mantener sus propios privilegios, en asuntos sectarios, arbitrarios y electoralistas y en pagar sueldos y subvenciones a los amigos del poder, sin dedicar fondos suficientes a la sanidad, la educación y la protección de los más débiles. Confiados en que el aparato de propaganda sabría ocultar las enormes carencias de nuestra sanidad pública, la crisis del coronavirus les ha sorprendido y está poniendo a flote el deterioro que ellos, los políticos, han provocado en el sistema.

El crecimiento exponencial de los contagiados y muertos, las muertes imperdonables en las residencias del terror para ancianos y la incomprensible escasez de suministros básicos y equipos ha puesto de relieve que nuestra sanidad, carente de recursos y politizada, es un lamentable desastre.

Sorprendido por el rápido colapso del sistema sanitario español y por la ridícula escasez de mascarillas, desinfectantes, guantes, respiradores, camas en las UCIs y otros recursos básicos, he analizado el sistema junto a tres amigos médicos, uno que ha tenido altas responsabilidades en el sistema, otros muy rodado por hospitales y ambulatorios y un tercero que está incrustado en las direcciones colegiales sanitarias. Las conclusiones de esas entrevistas son las siguientes:

– El sistema sanitario español ya no es de los mejores del mundo y ni siquiera superaría el aprobado. Fue muy bueno, pero los políticos, destructores de todo lo que tocan, lo han destrozado, ya sea con recortes o con dotaciones cada día más escasas. Las plantillas han mermado y la moral de los profesionales, vejados por las condiciones laborales y remuneraciones, ha bajado muchos enteros.

La sanidad está destrozada cuando, por falta de recursos, sus profesionales tienen que decidir quien vive y quien muere, algo que ya se está haciendo en Madrid.

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– No es cierto que la culpa del hundimiento de la sanidad sea el apoya a la privada, que es la excusa a la que se agarrarán los miserables políticos cuando España tome conciencia de que también se han cargado aquella “perla de la corona” que hoy hace aguas por todas partes.

– La politización del sistema sanitario y la colocación de profesionales sometidos a las disciplinas de los partidos al frente de hospitales y direcciones han ido minando el sistema y demoliendo lo que era la esencia de su calidad, que era la moral de lucha contra la enfermedad y la muerte. Las directrices politizadas, la marginación de los profesionales libres y el castigo de los adversarios políticos han causado estragos.

– Los fondos destinados a mantener el sistema bajan de año en año y, como consecuencia, se descuidan inversiones y recursos que son vitales. La calidad que queda en el sistema es la inercia del pasado y se apaga cada día.

– No hay más culpables de la decadencia que los políticos y su pésima labor, un fenómeno que se repite en todos los ámbitos de la vida: la economía, la cultura, la educación, la protección de los débiles, la ciencia y muchos otros, todos en declive y mal cuidados porque los políticos, miserables y depravados, dedican casi todos los recursos a lo que a ellos les interesa, que no tiene nada que ver con lo que interesa al pueblo y a la nación.

– La ineficacia es, junto con la escasez de recursos, la gran protagonista del declive del sistema de salud. Las advertencias y orientaciones de la Organización Mundial de la Salud no se tienen en cuenta o pasan años antes de ponerse en marcha; los gritos de auxilio que emiten los servicios no son escuchados por las direcciones politizadas y nadie cuida la moral de los profesionales, a los que con demasiada frecuencia les faltan suministros básicos y medicinas de uso cotidiano, al igual que ahora, de manera increíble, faltan mascarillas en un sistema sanitario que los políticos declaran con falsedad” ejemplar y de vanguardia”.

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– Por último, la formación en las universidades y en los cursos de MIR está también en declive, mientras que los salarios de los médicos son ridículos, si se los compara con los vigentes en los países de nuestro entorno.

Existe en Sevilla un ejemplo que explica lo que ha ocurrido con la sanidad pública. Los esbirros del PSOE, desde los tiempos del presidente Chaves, exigieron que se entregara a la Junta el gran Hospital Militar de Sevilla. Cortaron carreteras y organizaron manifestaciones, como sólo sabe hacer la izquierda. Aznar, finalmente, cedió y les entregó el edificio con todos sus equipos e instalaciones. La Junta nunca lo utilizó y hoy ese edificio está abandonado y saqueado. Las imágenes que circulan de su interior son estremecedoras. Aquel hospital, que hoy sería clave para combatir el coronavirus, lleva 15 años abandonado y durante esa etapa ha sido saqueado con frecuencia, ante la pasividad de los gobiernos socialistas.

La conclusión principal de todo este doloroso drama cargado de propaganda mentirosa y engaño es que los políticos, con su egoísmo, soberbia e incompetencia, han hundido también el otrora maravilloso sistema sanitario español.

Fuente: Voto en blanco

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Salud

Qué puede cambiar en una familia cuando se trabaja desde dentro

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Cuando una familia repite los mismos conflictos una y otra vez, no es porque no se quieran o no se esfuercen. Muchas veces, es porque no logran ver qué está pasando realmente. Las emociones se cruzan con los roles, las rutinas con las expectativas, y lo no dicho empieza a pesar más que lo que se habla. En esos casos, acudir a terapia familiar en Madrid puede marcar una diferencia real.

Especialmente cuando se hace en espacios profesionales como Sampai Salud, donde el acompañamiento es cercano, sin juicios, y enfocado en desbloquear dinámicas que ya no funcionan.

Qué es realmente la terapia familiar

A diferencia de otros enfoques, la terapia familiar no se centra solo en un miembro del grupo. Trabaja con el sistema completo: padres, hijos, parejas, incluso miembros que ya no viven en casa pero que siguen influyendo. Se exploran los vínculos, los patrones de comunicación, los silencios, los síntomas y las historias que se arrastran.

No se trata de buscar culpables, sino de entender por qué se repiten ciertos choques, qué emociones no encuentran lugar y qué necesidades no están siendo vistas. En muchos casos, un problema visible (como la rebeldía de un adolescente o la ansiedad de un niño) es la forma que tiene la familia de expresar algo que no se puede decir de otro modo.

Cómo trabaja un centro como Sampai Salud

El equipo profesional trabaja desde una mirada sistémica, que permite ver el problema como parte de una red más amplia. No se busca reparar lo roto, sino fortalecer lo que sí funciona, lo que ya está disponible.

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Las sesiones pueden ser con todos los miembros o en formato individual, según la etapa del proceso. Se trabaja con la escucha activa, con preguntas que abren, con ejercicios sencillos que ayudan a tomar perspectiva. También se acompaña en momentos de transición: separaciones, mudanzas, duelos, llegada de un nuevo miembro, enfermedad o cambios escolares.

La intervención es respetuosa, sin forzar, y siempre adaptada a las particularidades de cada núcleo familiar.

Cuándo es útil buscar apoyo

Muchas familias esperan a que el conflicto escale. Pero también se puede acudir cuando hay tensión no resuelta, cuando la comunicación se ha vuelto cortante o cuando uno de los miembros empieza a mostrar señales de malestar sostenido: insomnio, irritabilidad, tristeza, aislamiento.

Otros motivos comunes para iniciar un proceso de terapia familiar en Madrid incluyen dificultades en la convivencia, rivalidad entre hermanos, límites difusos entre padres e hijos o diferencias educativas entre los progenitores.

No hace falta tener una crisis para pedir ayuda. A veces, lo que hace falta es un espacio neutral donde escucharse de otra forma.

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