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La Eurocopa, aplazada hasta el año 2021
Este martes es un día clave en el futuro del fútbol tras la crisis del coronavirus. La Eurocopa se aplaza hasta el verano del año 2021. Las fechas de la competición serían del 11 de junio al 11 de julio de 2021 en las fechas que ya estaban previstas.
Esa idea era con la que trabajaba la Real Federación Española de Fútbol y en la votación, el presidente Luis Rubiales, ha dado su visto bueno a ese aplazamiento. El presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin siempre ha trabajado con la prioridad a la alerta sanitaria.
Esta decisión de aplazar la Eurocopa, también afecta a otras competiciones como informa Arancha Rodríguez:
La decisión de posponer la Eurocopa hasta 2021 y que se juegue del 11 de junio al 11 de julio afecta al Mundial de Clubes de 2021 y al Europeo femenino de 2021.
También hay que modificar el calendario internacional. Sobre todo al que afecta a las eliminatorias para el Mundial de Qatar 2022.
De momento, lo que se ha confirmado es la suspensión de la Copa de América que estaba prevista que se disputara también este verano, con las mismas sedes también.
Por otro lado, queda por decidir qué ocurre con el resto del fútbol: Champions League, Europa League o competiciones locales…Desde primera hora de la mañana están reunidos todos los agentes del fútbol, como ha informado Arancha Rodríguez, es decir, están representados en esa reunión tanto jugadores, como clubes, como federaciones… Por parte del fútbol español está el Real Madrid (su directivo Pedro López, además vicepresidente de la ECA), el Barcelona (el presidente Josep María Bartomeu) y el Atlético de Madrid (Consejero Delegado, Miguel Ángel Gil Marín). Los tres clubes como miembros de la ECA.
El responsable de las competiciones de la UEFA, Giorgio Marchetti, está explicando las ideas que ha ido elaborando en los últimos días y también está escuchando lo que proponen el resto de los agentes del fútbol.
A estas horas se valoran todas las opciones, desde la cancelación de todo el fútbol en esta temporada, o pasando por la modificación de los formatos de competición, pero dan prioridad a las competiciones de clubes.
De momento la UEFA ha decidido suspender las fechas internacionales de selecciones. Amistosos y play off. Ahora tiene que pedir permiso a FIFA. Piden que las competiciones no se vayan más y del 30 de junio en caso de que puedan reanudarse.
A estas horas, según informa Arancha Rodríguez, la UEFA trabaja con el siguiente escenario: Regreso de la Champions League el 5 de mayo y permitiría mantener el mismo formato. La final el 27 de junio. Por otro lado, el regreso de la Europa League sería el 30 de abril y la final el 24 de junio.
Por último, en relación a LaLiga, Javier Tebas sigue siendo optimista con el regreso de la competición a finales de abril.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
