Sucesos
La evolución impide reproducirse a los más tontos. Darwin tenía razón. Muere al caerse de un balcón un hombre que celebraba su despedida de soltero
Una despedida de soltero, en la que participaban un grupo de jóvenes malagueños este fin de semana acabó brusca y trágicamente cuando uno de ellos, un varón de 34 años, apareció muerto tras precipitarse a la calle desde el balcón del segundo piso de un pequeño edificio de la calle Hermanos Álvarez Quintero en Conil de la Frontera (Cádiz).
En un primer momento se habló de que se trataba de un suicidio, pero esta es sólo una de las hipótesis que maneja la Guardia Civil, quien se ha hecho cargo de la investigación. Otra de las teorías con la que trabajan los investigadores es la de que la muerte del joven haya sido fruto de un accidente mientras realizaba alguna actividad en el balcón.
El grupo había salido de fiesta por Conil, pero cuando estaban en una discoteca de este turístico municipio gaditano el fallecido comenzó a sentirse mal por lo que, según sus amigos, decidieron acompañarlo al domicilio en el que se hospedaban. Tras llegar a la casa, lo dejaron solo para que descansase y se marcharon para continuar con la celebración, han explicado a los agentes. Luego, cuando regresaron, ya no estaba en la vivienda. Salieron a buscarlo pero lo encontraron ya sin vida, tendido sobre la acera.
Pasados unos minutos de las 5:30 horas de la madrugada del viernes 30 de junio al sábado 1 de julio, el Servicio de Emergencias 112 Andalucía recibió el aviso de un particular que les indicaba que había un varón tumbado en el suelo. El hombre no se movía y a su alrededor había un charco de sangre, relató a la operadora el alertante. Desde el 112 activaron el protocolo correspondiente y avisaron a Bomberos, Policía Local y Protección Civil. A su llegada, los distintos efectivos confirmaron la muerte del hombre, cuyo cuerpo se ha trasladado al Instituto de Medicina Legal de Cádiz, donde está previsto que en breve se le realice una autopsia.
Los integrantes del grupo, todos amigos desde que eran niños, han quedado «destrozados» por lo sucedido, señala la Policía Local de Conil en un comunicado publicado en sus redes sociales, donde lamentan esta «desgracia», refiriéndose al fallecimiento del joven.
Esta despedida «va a quedar grabada a fuego en sus vidas», añade la Policía Local, y aprovecha la ocasión para «apelar al sentido común» a la hora de pasarlo bien. Divertirse, sí, subrayan pero «con moderación y sentido común».
De unos años atrás, Conil de la Frontera se ha convertido en punto de encuentro para jóvenes que se desplazan hasta este municipio gaditano para organizar en él las tradicionales despedidas de soltero. Un tipo de celebración que viene muy bien a establecimientos hoteleros y negocios de ocio y restauración ya que ayuda a romper la temida estacionalidad y a paliar la falta de visitantes en temporada baja, pero que no agrada a todos los vecinos.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
