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La farsa de Ventotene y la izquierda que apoya el rearme

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Por A. Terrenzio

Con la farsa progresista de Piazza del Popolo, la izquierda sale a las calles para reclamar el rearme europeo. Se trata de la multitud habitual de conformistas, aduladores del poder, intelectuales fracasados ​​o acabados, además de Jovanotti y los artistas pagados que apoyan una paz que sólo es posible preparándose para la guerra contra Rusia.

Serra y Augias que hablan de una “Europa perezosa”, de un continente acostumbrado a la paz. Ahora están despertando, mientras que cuando Serbia estaba siendo bombardeada todo transcurría según el guion atlantista. Con el cambio de administración estadounidense, estos juglares del régimen, pro-estadounidenses por vocación hasta la víspera, se redescubren como «patriotas» y hablan de la necesidad de ser independientes de los EE.UU. La suya es sólo una hipocresía superficial que esconde una perfecta continuidad de intenciones con el Estado profundo euro-demócrata. En la farsa descarada de los euro-heroinómanos, Vecchioni trastoca los paradigmas ideológicos como si fuera Dominique Venner, cuando habla de Europa como cuna de la historia y de la civilización, desde Shakespeare a Cervantes, llamado a dar pruebas de su existencia.

La hora fatídica de la memoria mussoliniana, y en este delirio de impotencia octogenaria, el ejército variopinto de todos estos impostores intelectuales olvida que Mussolini y Marinetti fueron a la guerra… El fascismo ha sido definido por los historiadores, incluso como un «régimen de periodistas», y es sorprendente cómo la chusma de estos guardianes de la élite es más facciosa al impulsar la guerra que Meloni, en busca de mediación en la resolución del conflicto ucraniano.

En el semifracaso de la manifestación en apoyo militar a Ucrania, todos eran progresistas vinculados a periódicos como La Repubblica y La Stampa y a los intereses industriales de los Elkan, los verdaderos beneficiarios y patrocinadores de la carrera armamentística. La parábola de los antiguos sesentayochistas termina de forma tragicómica, desde el pacifismo al belicismo sin concesiones hasta el último ucraniano, o mejor dicho, hasta el último europeo, ya que el tema no les concierne a ellos, que tienen todos más de ochenta años.

La hoja de parra ideológica de la izquierda euro-heroinómana es el Manifiesto de Ventotene, un documento mediocre y marginal que se ha convertido en la Biblia secular de la burguesía liberal-progresista italiana. Manifiesto elaborado en 1941 por Rossi y Spinelli, de influencia accionista y jacobina, con el objetivo preestablecido de derrocar a los Estados Nacionales para llegar a los Estados Unidos de Europa. Un proyecto oligárquico con un marco ideológico social-liberal, donde se habla expresamente de un “pueblo inmaduro”, que debe ser educado en un “mercado común” y donde los individuos son transformados en “pequeños propietarios” que pueden ser expropiados cuando sea necesario. Un espacio común donde la democracia queda suspendida, en vista del objetivo final que, más que la paz, parece ser un continente “pacificado” , por evocar la jerga kantiana. Los redactores del Manifiesto querían una sociedad pacificada, como recuerda Alessio Mannino, donde el conflicto social estuviera completamente neutralizado. Aunque redactado por miembros del PCI, el Manifiesto no prefiguraba en absoluto un paraíso obrero, sino más bien el sueño húmedo de las oligarquías neoliberales, es decir, la dominación de una minoría tecnocrática sobre pueblos de-soberanizados y despojados de toda identidad histórica y cultural. La izquierda, rasgándose las vestiduras o llorando a mares en el Parlamento, si Meloni se limita a echarles en cara el carácter subversivo del documento, es una quimera neoliberal, más papista que el Papa, y que, sin una pizca de ideal, usa ese manifiesto para darse un barniz ideológico y una máscara de identidad.

Para concluir la audición de los cantantes del sistema, sólo podía faltar el bufón por excelencia del poder. Ese Roberto Benigni que de la “Constitución más bella del mundo” ha pasado al “Continente en el centro del mundo”, o mejor dicho, a la Unión Europea, faro de civilización, de cultura, de paz y de democracia. Un bufón que, mientras hace su elegía acompañando el discurso de Draghi sobre el rearme, se muestra aburrido, retórico y banal hasta la extenuación y que, por repetir sus banalidades de bufón, nos cuesta incluso un millón de euros, frente a los que todavía balbucean sobre Tele-Meloni. En esta visión irénica de la realidad, donde como siempre los hechos desaparecen y se pontifica sobre un continente de paz y prosperidad, se olvidan los bombardeos de Yugoslavia y los más de 200 mil niños que murieron de desnutrición en Grecia debido a las políticas de austeridad. En el continente “unido en la diversidad”, como si fuera el deseado por De Gaulle y De Gasperi, los candidatos arrestados en Rumania y excluidos de las elecciones porque no llevaron a cabo políticas belicistas y acataron acríticamente los dictados de Europa.

Y los aprovechados que emulan sus proyectos de ley para ilegalizar partidos «prorrusos» y sitios web de noticias falsas. El belicismo de estos pacifistas renegados es el resultado final de su senectud y corrupción ideológica. Hacen un uso instrumental de la Historia precisamente en el momento en que reclaman su contextualización. Uno de los puntos cardinales del Manifiesto de Ventotene era, de hecho, la necesidad de una «tensión» permanente con Rusia para justificar la existencia y federación de un superestado oligárquico europeo, pero bajo el protectorado estadounidense. Y todo se reduce a la narrativa de los «Serra Boys». En la manifestación de los extremistas de la Europa liberal y belicista actual, vemos a los epígonos de quienes soñaron con un continente «pacificado» dominado por oligarquías ilustradas. Y si seguimos la pista del «dinero» y los intereses económicos que patrocinan a estos impostores, la respuesta es, como siempre, muy simple. Detrás de Ventotene y esta pátina de idealismo a precio de ganga, los bufones de salón. Los proeuropeístas quieren una Europa armada de odio ideológico hacia todo lo que vaya más allá de los cánones liberales y de lealtad canina hacia quienes les garantizan ventajas e intereses creados.

http://www.conflittiestrategie.it/la-pagliacciata-di-ventotene-e-la-sinistra-che-tifa-riarmo-di-a-terrenzio

Traducción: Carlos X. Blanco

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Internacional

Louis, 17 años, asesinado en Narbona: su madre convoca una marcha y exige justicia

Redacción

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La familia de Louis, de 17 años, asesinado tras una brutal paliza en una obra de Narbona, convoca una gran marcha el 5 de julio para exigir justicia. Su madre reclama que los acusados sean juzgados como adultos y que Francia deje de mirar hacia otro lado ante una violencia juvenil cada vez más salvaje.

Narbona vuelve a convertirse en símbolo de una Francia sacudida por la violencia. La familia de Louis, un adolescente de 17 años que murió después de ser atraído a una obra y golpeado hasta quedar inconsciente, ha convocado para el domingo 5 de julio una “marcha blanca” en su memoria. No será, según sus allegados, una simple ceremonia de duelo: será una llamada pública a la justicia, a la responsabilidad política y al fin de la impunidad.

La frase pronunciada por su madre resume el estado de ánimo de una familia rota y de una parte creciente de la sociedad francesa: “No es tiempo de duelo, es tiempo de guerra”. Una declaración durísima, nacida del dolor, que apunta directamente contra un sistema que, según la familia, no protegió a Louis pese a las advertencias previas.

Una marcha para que Louis sea “el último”

La concentración partirá a las 11:00 horas desde la plaza del Ayuntamiento de Narbona y llegará hasta el lugar en el que Louis fue agredido. La convocatoria ha sido presentada por la familia como “la última marcha”, una expresión con la que quieren dejar claro que no aceptan que este tipo de crímenes se normalicen ni se diluyan entre comunicados oficiales, minutos de silencio y promesas políticas vacías.

Su tía y madrina, Marie-Julie Marteau, ha explicado en medios franceses que la familia invita a ciudadanos, padres y responsables políticos de todos los partidos. El mensaje es directo: lo ocurrido a Louis no es solo una tragedia familiar, sino un asunto nacional.

 

La madre exige que los acusados sean juzgados como adultos

La madre de Louis ha reclamado que los presuntos autores sean tratados penalmente como adultos. Su argumento es tan sencillo como demoledor: quien mata como un adulto debe responder como un adulto. También exige una revisión profunda de la justicia de menores en Francia, convencida de que las normas actuales ya no sirven para responder a una delincuencia cada vez más violenta, organizada y consciente de sus actos.

La familia sostiene además que hubo alertas previas sobre la situación de Louis. El joven, que estaba bajo el sistema francés de protección de menores, ya habría sufrido agresiones anteriores. Esa circunstancia eleva el caso más allá del crimen concreto: obliga a preguntar qué falló, quién no actuó y por qué un menor señalado como vulnerable terminó abandonado a su suerte.

Una agresión grabada y una frialdad que indigna a Francia

Según las informaciones difundidas por medios franceses, Louis fue atraído a una obra en Narbona durante la noche del 19 al 20 de junio. Allí fue brutalmente golpeado por un grupo de jóvenes. La agresión habría sido grabada en vídeo por los propios atacantes, un detalle que ha provocado una ola de indignación por la crueldad del crimen y por la aparente ausencia de remordimiento.

Louis fue encontrado inconsciente, con graves lesiones en la cabeza y en el rostro. Fue ingresado en coma inducido y murió días después. Cinco sospechosos, entre ellos varios menores, han sido puestos bajo investigación por asesinato, de acuerdo con la prensa francesa. La investigación continúa abierta y los acusados conservan la presunción de inocencia hasta que haya sentencia firme.

“Creen que son intocables”

La tía de Louis ha descrito públicamente la escena con palabras que estremecen: los agresores se habrían grabado mientras el joven yacía malherido, e incluso habrían regresado al lugar para filmarse de nuevo. “Creen que son intocables”, denunció. Esa sensación de impunidad es precisamente lo que la familia quiere romper con la marcha del 5 de julio.

El caso ha reabierto en Francia el debate sobre la violencia juvenil, la eficacia de los servicios sociales, la justicia de menores y la respuesta del Estado ante ataques cometidos por grupos de adolescentes que actúan con una brutalidad extrema y, en ocasiones, con una exhibición pública de sus actos en redes sociales.

Un crimen que golpea el debate político francés

La muerte de Louis ha provocado reacciones políticas de alto voltaje. Dirigentes de distintos partidos han condenado el crimen y han reclamado una respuesta judicial firme. Pero, más allá de las declaraciones, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: una sociedad que ve cómo determinados episodios de violencia extrema se repiten, mientras las familias de las víctimas sienten que el sistema llega tarde.

La marcha de Narbona no solo honrará la memoria de Louis. También será una prueba de la capacidad de Francia para mirar de frente un problema que ya no puede esconderse bajo eufemismos. Cuando una madre dice que ya no es tiempo de llorar, sino de luchar, lo que está haciendo es acusar a todo un sistema de haber fallado.

 

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