Sociedad
La Fiscalía investiga la muerte de al menos 17 ancianos en una residencia de Madrid
La Fiscalía de Madrid ha incoado diligencias de investigación penal a raíz de una denuncia presentada por el Defensor del Paciente tras la muerte de al menos 17 ancianos con coronavirus en la residencia Monte Hermoso de Madrid, según han informado fuentes judiciales a RTVE.
El ministerio público va determinar si se ha cometido algún delito en la respuesta a este brote, por el que se han podido contagiar decenas de residentes, especialmente vulnerables a la enfermedad que causa el Covid-19.
El paso lo ha dado este miércoles a raíz de una denuncia de la asociación El Defensor del Paciente en la que esta se hacía «eco de varias noticias publicadas en distintos medios de comunicación en las que informan de la muerte de al menos 19 personas» y varias decenas de contagiados, si bien la Comunidad de Madrid solo confirmó el martes el fallecimiento de 17 residentes en el geriátrico Monte Hermoso.
Esta epidemia deja por ahora más de 13.700 personas infectadas en España, casi la mitad en Madrid. En todo el país han fallecido unas 600 personas con coronavirus, de los cuales más de 350 en esta comunidad, según los últimos datos oficiales recopilados por RTVE.
En un escrito que reproduce Europa Press, la presidenta de la asociación denunciante, Carmen Flores, se queja de «la falta de seguridad extrema, de limpieza, de personal y de medios» en general en este centro, situado junto a la Casa de Campo, en la capital.
A casa «sin pruebas»
Diversos familiares de esta residencia se han quejado de «opacidad» y «mala gestión». Según el testimonio que recoge la misma agencia de Diego Meneses, sobrino de una residente, en los últimos días se habían puesto en contacto con los familiares de los ancianos para avisarles de que Monte Hermoso era un foco de coronavirus y que les ofrecieron llevarse a sus familiares a casa «pero sin hacerles la prueba del coronavirus».
Meneses ha dicho que cree que están desbordados por el número de casos, al menos 75 entre ancianos y trabajadores.
Según la versión de otro familiar, el lunes recibieron una carta en la que se les animaba a sacar a los residentes y, si no, se les indicaba que «había que firmar» si la persona se quedaba allí; y que el martes la dirección les remitió otra comunicación en la que les explicaba que se procedía a «reforzar la plantilla», con ayuda tanto de la Consejería de Sanidad como del Hospital Clínico San Carlos, informa Efe.
El consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Enrique Ruiz Escudero, indicó el martes que se están poniendo en marcha medidas para que todos los hospitales estén en contacto con las residencias de mayores.
Las denuncias de opacidad y caos en las residencias se suceden en las últimas en varias comunidades, después de que se hayan conocido brotes en varios geriátricos que han causado numerosas muertes a personas que normalmente tienen ya diversas patologías.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
