Sucesos
La Guardia Civil irrumpió en el Ayuntamiento de Salou para investigar un hotel de la familia de Aragonès
Agentes de paisano se trasladaron hasta el Ayuntamiento en el marco de la investigación sobre una infracción urbanística del Hotel Golden Costa Daurada.
El Ayuntamiento de Salou vivió, a principios de año, una nuevo episodio respecto a la investigación por presunta infracción urbanística del Hotel Golden Costa Daurada, propiedad del padre y los tíos del presidente de la Generalitat Pere Aragonès. Según ha podido saber THE OBJECTIVE, una delegación de agentes de la Guardia Civil de paisano irrumpieron en el Ayuntamiento de Salou para solicitar información sobre la licencia otorgada a la compañía hotelera. Este hecho logró pasar inadvertido y la oposición no tuvo conocimiento de esta visita hasta hace unos días.
«La presencia de la Guardia Civil sentó muy mal. Nos dijeron que vinieron de malas maneras», explican fuentes del consistorio ante la sorpresa de que esta información no se comunicara hasta ahora. Desde el equipo municipal confirman a este diario la irrupción de la comitiva policial y afirman que «se les facilitó la documentación requerida por el juzgado». También recuerdan que el Ayuntamiento actuó cuando se comprobó que las obras en el Hotel Golden Costa Daurada de Cap Salou no coincidían con la licencia otorgada inicialmente.
El caso, sin embargo, está lejos de resolverse. El vecino que denunció esta supuesta infracción urbanística a la Fiscalía «sospecha de trato de favor» porque «no se ha efectuado la restauración establecida». Cuando el consistorio confirmó la irregularidad decidió establecer los parámetros estipulados en su origen y se llevó a cabo el derribo la sexta planta del complejo hotelero. No obstante, quedó una parte sin demoler: «Una pequeña parte quedó sin derribar, que correspondía a una pequeña sala donde hay la instalación eléctrica, pero ya no quedan alojamientos en esta planta», explican desde el equipo municipal.
Un imperio hotelero
El hotel investigado forma parte del grupo Golden Hotels & Experiences, que engloba a siete hoteles de cuatro estrellas y cuatro superior en la Costa Brava (Girona) y la Costa Daurada (Tarragona). Josep Aragonès Montsant, el abuelo del actual presidente de la Generalitat, fue un empresario hotelero y textil de éxito, que amasó una gran fortuna durante la dictadura franquista.
Llegó a ostentar el hotel más grande de España en aquella época, el Taurus Park, de 1963. Tres años después fue alcalde franquista de Pineda de Mar, localidad donde nació y se crio Pere Aragonès. El padre del actual mandatario catalán y su hermano Enric heredaron la profesión de empresario hotelero del progenitor y su fortuna. El tío de Aragonès logró engrandecer el negocio de su padre hasta levantar lo que hoy es el imperio turístico Golden Hotel.
A este respecto, el presidente de la Generalitat empezó muy joven en política, con 16 años ya militaba en las juventudes de ERC y se desvinculó de los negocios de su familia. Sin embargo, fuentes del consistorio de Salou creen que parte del «apagón informativo» respecto a la infracción urbanística del hotel de la localidad tarraconense se explica por la condición de presidente de la Generalitat de Aragonès.
El ICO, al rescate de la cadena
La cadena hotelera atravesó uno de los momentos más duros en 2020, debido a la eclosión de la pandemia por covid-19, con unas pérdidas de 10 millones de euros. Cinco empresas del padre y los tíos del president solicitaron al Instituto de Crédito Oficial (ICO) préstamos por dichas pérdidas, y recibieron 7,1 millones de euros del ente.
Respecto al hotel investigado en Cap Salou, el propio Hotel Golden Costa Daurada, tal y como informó el Diari de Tarragona, ejecutó los trabajos de demolición de su sexta y última planta construida de forma irregular (sólo debía haber hasta la quinta planta).
La operación se realizó después que el consistorio concediera la licencia de obras para el derribo de la planta, su impermeabilización, aislamiento acústico y pavimentación definitiva del forjado, realización de estructura metálica para el soporte de la maquinaria de instalaciones y la colocación de la propia maquinaria. No obstante, según el denunciante -y tal y como confirman desde el equipo municipal-, dicha planta no se derribó de forma integral.
Dos años después de dicho derribo todavía se busca la manera de llevar a cabo la restauración de la legalidad urbanística infringida. La presencia de la Guardia Civil, actuando como policía judicial y bajo sus competencias en Medio Ambiente y en la Ley de costas del litoral, forma parte de esta investigación abierta en un municipio costero y turístico en el que en el pasado han abundado los casos de irregularidades urbanísticas.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.

