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Opinión

La hora de la Abogacía del Estado

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A lo largo de estas horas se espera el escrito de la Abogacía del Estado sobre el preso Junqueras y la decisión del tribunal de Luxemburgo que afectaba a una cuestión prejudicial y que venía a decir que había que haberle dado permiso para recoger su acta. Las presiones del Gobierno, como pueden imaginar, están siendo persistentes: de lo que se trata es de encontrar un valiente que firme una resolución que complazca a la gente de ERC. Una resolución que se enmarque en el arco que va de pedir su puesta en libertad a dejar las cosas como están, es decir, de mojarse a favor de los intereses del partido del Gobierno o de permanecer fiel a la defensa de la ley.

Consideremos algunos argumentos previos: la Abogacía del Estado, por muy abogado particular del gobierno que algunos consideren que es, no está obligada por ley a seguir las directrices del ministro de Justicia o del presidente del Gobierno. Puede opinar de forma contraria a los intereses particulares de individuos que están de paso, aunque muestren, como muestran, mucho encono en la plasmación de sus deseos al precio que sea. Si la Abogacía hace, a lo largo de estas horas -incluso cuando se esté publicando este suelto- una alegación a favor de la libertad de los presos, o de uno de ellos en concreto, es que ha tragado con las directrices políticas ordenadas desde el poder. Cosa que, ni que decir tiene, preocupa enormemente al colectivo por la deriva reputacional que acarreará esa decisión. La Abogacía del Estado, y eso lo sabe bien el colectivo, debe manifestar independencia de criterio y actuar en la defensa del Estado y del interés general, comprometiéndose a cada momento con la ley y con España. No necesariamente con un aventurero irresponsable que pone en jaque al Estado por sus aspiraciones personales. En virtud de ello no se puede ceder a las pretensiones de unos condenados que están en prisión y que elaboran, uno tras otro, postulados coactivos desde la cárcel.

El prestigio de la institución se ha labrado a lo largo de 138 años, y puede desmoronarse en el caso de que no sigan los criterios de la Fiscalía. De no hacerlo, un auténtico temporal caerá sobre ellos. Es de esperar que entiendan que si actúan exclusivamente por salvar su cargo y, en virtud de ello, ganan los pelotas a los independientes, van a sacrificar a un colectivo que vive, fundamentalmente, del prestigio, no del dinero que ganan. Su retribución, lo sabemos, es variable, y por tanto pueden castigarte si tienes criterio propio; pueden cesarte, vilipendiarte… pero hay límites de decencia que no pueden depender solo del futuro personal de algunos miembros de la carrera. Si me lo permiten: es mucho más importante ese prestigio que los intereses circunstanciales de un insensato aventurero sin escrúpulos como Sánchez.

Ese Sánchez y su mariachi gubernamental no ha salido a los medios a defender el prestigio de la Justicia española, de la misma manera que no ha salido a defender al Rey ni se ha atrevido a no admitir los trágalas; el sujeto más indeseable de los que han poblado la política española ha cedido a la tentación de negociar con condenados y en ningún momento ha considerado oportuno que la muy sectaria y pastueña ministra de Justicia saliera a hacer pedagogía acerca del auténtico alcance de la sentencia europea, que en ningún momento exime a los reos del delito cometido. Ese silencio vergonzoso, junto al ruido sordo de las presiones sobre los abogados del Estado, hace pensar que deberíamos temernos lo peor. Este artículo, no obstante, y con todo respeto, apela a la independencia y decencia de señoras y señores que se han dejado lo mejor de sus vidas en convertirse en miembros de un colectivo esencial.

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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