Sociedad
La ilusión inunda los municipios para recibir a los Reyes Magos en una jornada marcada por el buen tiempo
Caramelos sin azúcar y sin gluten, envoltorios biodegradables y, en algunas ciudades, reinas en lugar de reyes, son algunas señales de cómo los Reyes Magos se han adaptado a los nuevos tiempos en las cabalgatas que este domingo han recorrido múltiples ciudades españolas. El objetivo, eso sí, el de siempre, alimentar la ilusión de los niños en una noche dedicada a los sueños, la fantasía y la alegría.
En Madrid, once carrozas y cientos de voluntarios han acompañado a Melchor, Gaspar y Baltasar en su recorrido guiados por la Estrella de Oriente, un espectáculo en el que han participado bailarines y acróbatas y con guiños a las artes, a las ciencias y al espíritu humanista.
Un año más se ha pensado en las personas con problemas de movilidad, con plazas reservadas para ellos, y auditivos, con bucles magnéticos para aumentar la percepción sonora, lengua de signos y mochilas vibratorias. En toda España ha predominado el buen tiempo y los cielos despejados, pero al llegar a Cibeles Sus Majestades de Oriente han sido recibidos con cañonazos de nieve artificial.
Los Reyes Magos han llegado a todos sus destinos en los más variopintos medios de locomoción. A Logroño, en helicóptero, un moderno modelo HT-29 «Caimán» del Ejército español y a Ávila en avioneta, con un pequeño incidente incluido, ya que la aeronave de Baltasar ha sufrido un ligero percance al tomar suelo y romper su tren trasero.
Para Ceuta han optado por un barco de recreo y también han arribado por mar a Valencia, Las Palmas de Gran Canaria o a Barcelona. La capital catalana ha celebrado una de las cabalgatas más luminosas y solidarias, con un recuerdo especial para los menores que sufren en el mundo las consecuencias de la guerra y la pobreza extrema.
En ciudades como Zaragoza, Melchor, Gaspar y Baltasar se han convertido por arte de magia en Melchora, Gaspara y Baltasara. Lo hacen cada año en el barrio de Oliver, una iniciativa pensada para favorecer la igualdad y la inclusión. Y en Cádiz han sido dos populares cantantes quienes se han colado en el cortejo. Alejandro Sanz ha suplantado al rey Melchor y ha repartido juguetes e ilusión acompañado de Niña Pastori que iba caracterizada como la Estrella de Oriente.
Original también ha sido la cabalgata de Murcia que ha tenido el cine como hilo conductor, con comparsas dedicadas a Mary Poppins, Los Piratas del Caribe, Harry Potter, Indiana Jones o clásicos como Charlot.
Y la de Bilbao, un homenaje al mundo mágico de Julio Verne. Junto a los soberanos de Oriente, diez carrozas transportaban máquinas voladoras y personajes como Willy Fog o el capitán Nemo al mando del Nautilus. Cientos de niños y mayores les esperaban en Pamplona, adonde han entrado cruzando el Puente de la Magdalena. En Oviedo, la cabalgata ha batido récord de participantes, más de 1.600, y la comitiva ha aprovechado el buen tiempo para visitar el Estadio Carlos Tartiere durante el descanso del partido de fútbol ante el Málaga.
En Castilla-La Mancha la cabalgata más peculiar se ha celebrado en Alarilla (Guadalajara), donde los Reyes Magos y sus pajes han vuelto a llegar en ala delta y en parapente. Y en la localidad alicantina de Alcoy se celebra la más antigua de España que hoy cumple 135 ediciones repartiendo regalos y magia, y arrancando sonrisas a miles de alcoyanos y turistas que se han agolpado para ver a sus majestades y a los más de 400 pajes que les acompañaban y cuya ayuda es indispensable.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
