Sociedad
La inmigración dispara el cambio demográfico en España
La población residente en España ha superado por primera vez en su historia los 47 millones de habitantes porque aumentó en 163.336 personas en la primera mitad de 2019 y se situó en 47.100.396 habitantes el pasado 1 de julio, gracias a que el saldo migratorio positivo compensó el vegetativo negativo porque los fallecimientos superaron a los nacimientos.
Así se desprende de datos dados a conocer este miércoles por el Instituto Nacional de Estadística (INE), tanto de cifras de Población a 1 de julio de 2019.
España superó la barrera de los 40 millones de residentes el 1 de julio de 1997 (40.049.974 habitantes) y la de los 45 millones justo 10 años después (45.236.004). El crecimiento de la población fue continuo hasta que experimentó el primer descenso en el primer semestre de 2012, coincidiendo con la crisis económica.
No obstante, la serie histórica de las cifras de población por semestre del INE, recogida por Servimedia, indica que la población en España se situó en 46.818.216 personas el 1 de enero de 2012 y descendió siete semestres consecutivos hasta situarse en 46.410.149 el 1 de julio de 2015.
A partir de entonces ha vuelto a aumentar hasta franquear la barrera de los 47 millones (47.100.396) de residentes el pasado 1 de julio aunque estos datos son provisionales y el INE publicará los definitivos el próximo mes de diciembre.
Durante el primer semestre de 2019 hubo un saldo vegetativo negativo de 45.002 personas, ya que hubo 169.216 nacimientos y 214.218 fallecimientos. Ello se vio compensado con un saldo migratorio positivo de 209.097 personas (348.625 inmigraciones procedentes del extranjero y 139.528 emigraciones con destino a otros países). Por tanto, el crecimiento poblacional de España se debe al incremento de la población de nacionalidad extranjera, ya que la española se redujo.
El número de extranjeros aumentó en 183.073 personas durante el primer semestre del año pasado, hasta un total de 5.023.279. Este incremento respondió, en gran medida, a un saldo migratorio positivo de 205.678 personas.
Por el contrario, la población de nacionalidad española se redujo en 19.737 personas. Esta evolución fue resultado de un saldo vegetativo negativo (de 67.195 personas), que no se vio compensado por la suma del saldo migratorio positivo (3.419) y de las adquisiciones de nacionalidad española (que afectaron a 44.654 personas, según datos provisionales).
En cuanto a los españoles nacidos en España, esta población se redujo en 63.447 personas a lo largo de la primera mitad de 2019.
Entre las principales nacionalidades, los mayores incrementos se dieron en la población colombiana (27.920 personas más), venezolana (24.238 más) y marroquí (20.627 más). Por el contrario, la población sólo bajó en la de Ecuador (–1.651) y Rumanía (–964).
En términos relativos, los mayores crecimientos fueron para los nacionales de Venezuela (18,1%), Honduras (15,4%) y Colombia (14,0%). Y los menores crecimientos para los nacionales de Ecuador (–1,2%), Rumanía (–0,1%) y Bulgaria (0,1%).
Comunidades autónomas
Por otro lado, la población en España creció en 13 comunidades autónomas durante el primer semestre del año pasado y se redujo en cuatro, así como en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.
Los mayores incrementos en términos relativos se dieron en Baleares (0,87%), Comunidad de Madrid (0,66%) y Canarias (0,61%). En el otro extremo, los descensos de población más acusados se dieron en Extremadura (–0,25%), Asturias (–0,22%) y Castilla y León (–0,20%).
Por otra parte, el saldo migratorio de España con el exterior fue positivo en 209.097 personas en la primera mitad de 2019. Es el valor más alto para un primer semestre de la serie, iniciada en 2008.
Un total de 348.625 personas procedentes del extranjero establecieron su residencia en España, lo que supone un 21,8% más que en el primer semestre de 2018. Por su parte, 139.528 personas abandonaron España con destino a algún país extranjero (un 17,5% menos).
Del total de inmigrantes procedentes del extranjero, 309.874 tenían nacionalidad extranjera (un 88,9%), mientras que 38.751 eran españoles (un 11,1%).
En cuanto a la emigración, 104.196 salidas fueron protagonizadas por extranjeros (74,7%) y 35.332 por españoles (25,3%). De estas últimas, 23.956 habían nacido en España.
El saldo migratorio de la población con nacionalidad extranjera fue de 205.678 personas durante el primer semestre de 2019. Este saldo, que viene siendo positivo y creciente desde 2015, fue resultado de una inmigración de 309.874 personas y una emigración de 104.196.
El número de inmigrantes extranjeros alcanza su valor más alto para un primer semestre desde 2009, mientras que el de emigrantes es el más bajo desde el inicio de la serie homogénea, en 2008.
Las principales nacionalidades de los inmigrantes extranjeros fueron la marroquí (con 34.885 llegadas a España), la colombiana (34.433) y la venezolana (26.202). Por su parte, las nacionalidades de emigrantes más numerosas fueron la rumana (16.525 salidas), la marroquí (9.396) y la británica (6.049). Precisamente, estas tres nacionalidades son las más numerosas entre la población extranjera residente.
Españoles en el extranjero
Por otro lado, el saldo migratorio de los españoles con el exterior fue positivo en la primera mitad de 2019 por primera vez para un primer semestre desde el inicio de la Estadística de Migraciones (en 2008). En concreto, fue de 3.419 entradas netas procedentes del exterior. Ello se debió a una inmigración procedente del extranjero de 38.751 personas y de una emigración al exterior de 35.332.
La llegada de españoles no consiste fundamentalmente en una inmigración de retorno, sino de personas con nacionalidad española nacidas en el extranjero (solamente 14.934 personas de las 38.751 que inmigraron habían nacido en España).
La población de nacionalidad española que llegó a España en el primer semestre procedía, principalmente, de Venezuela (6.487 personas), Reino Unido (2.883) y Ecuador (2.853). Por su parte, los mayores receptores de emigrantes españoles fueron Reino Unido (8.310 personas), Francia (4.235) y Alemania (3.258).
De las 139.528 personas que abandonaron el país en el primer semestre de 2019, un 18,5% siempre había residido en España. El restante 81,5% había vivido en el extranjero previamente.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
