Sociedad
La Leyenda del rock Roger Daltrey (The Who) Declara que esta «generación progre» de izquierdas está creando un «Mundo Miserable»
La leyenda de Who, Roger Daltrey, dice que la generación del ‘despertar’ está creando un mundo miserable que sirve para sofocar el tipo de libertad creativa que disfrutó en los años 60.
El icónico líder hizo los comentarios durante una aparición reciente en el podcast Apple Music 1 de Zane Lowe.
‘No sé, podríamos llegar a algún lado porque ahora se está volviendo tan absurdo con el «Nuevo Orden», todos los trucos que puede hacer y la generación progresista’, dijo Daltrey.
“Es aterrador, el mundo miserable que van a crear para ellos mismos. Quiero decir, cualquiera que haya vivido una vida y vea lo que está haciendo, simplemente sabe que es una ruta a ninguna parte ‘, agregó.
El cantante destacó cómo tuvo la suerte de haber vivido una época en la que se fomentaba la libertad de expresión, no se silenciaba.
‘Especialmente cuando has vivido los períodos de una vida que hemos tenido el privilegio de vivir. Quiero decir, hemos tenido la era dorada. No hay duda de eso ”, dijo.
Daltrey también criticó el impacto negativo que las redes sociales han tenido en el mundo, diciendo que han socavado la verdad.
“Cada vez es más difícil difundir la verdad. Es casi como si ahora deberíamos apagar todo. Regrese al papel de periódico, vuelva al boca a boca y comience a leer libros nuevamente ”, dijo.
Si bien los comentarios de Daltrey pueden no ser alucinantes, cualquier celebridad que se pronuncie contra la mafia que ha canibalizado la cultura es algo digno de aplaudir.
Una vez más, esto solo suele suceder con las celebridades mayores que ya han pasado su pico de fama y han entrado en el estado de icono. Están más allá de la cancelación.
Para cualquier celebridad prometedora, o incluso una que esté en la cima de su juego, cuestionar el ‘despertar de la generación’ es un suicidio profesional.
Lo que hace que sea aún más ridículo seguir viendo que los identitarios, en particular el movimiento LGBT, continúan afirmando que están ‘luchando contra la opresión’ cuando sus mantras son repetidos por todas las instituciones culturales, medios de comunicación y entidades corporativas en Occidente, mientras que cualquiera que los pronuncie Un gemido de disensión se cancela rápidamente.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
