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Historia

La leyenda negra contra España continúa

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Mi nombre es Carlos Arturo Calderón Muñoz, nací en Santiago de Cali y actualmente resido en San Bonifacio de Ibagué, ambas ciudades se encuentran en Colombia. Hace tiempo que sigo su medio digital y debo decirles que me parece un esfuerzo admirable en defensa de la Madre Patria y los valores de la hispanidad, esa apreciación hacia su trabajo conlleva al motivo de esta colaboración:

“La culpa de nuestro atraso la tiene España”, “Es que sólo vinieron a robar y a exterminar a los indios”, “Si no fuera por nuestro oro no serían ricos” y un larguísimo etc. Quien esto escribe nació y creció en medio de la leyenda negra en contra de la patria de la cual una gran parte de su sangre desciende.

Los nacidos en la América Hispánica nos hemos desarrollado en medio de una ruptura catastrófica, pues en un ataque de traición, guiado por los enemigos de la hispanidad, se nos separó de nuestra madre. Obligándonos a creer que había sido un triunfo de la independencia, cuando en realidad nos habían dejado huérfanos, usando nuestras propias manos para darle muerte a quien nos había dado a luz.

Crecí en un medio lleno de odio en el cual maestros, catedráticos y la sociedad en general, inoculaban en las psiques de las nuevas generaciones una endofobia intolerante y brutal. Nos enseñaron a odiar a nuestros ancestros, a llorar por indios y negros y a regocijarnos por las penas de los ibéricos. Nunca nos enseñaron historia, de ser así no hubiéramos podido hacer más que admirar a tan tremendos locos, que por lealtad y honor (palabras tan raras hoy en día) eran capaces de abandonar para siempre su hogar y construir nuevas fronteras en lugares tan lejanos como el extremo sur de América, las estepas rusas o el sudeste asiático. Se rehusaron a que Clío nos hablara del desarrollo, la ciencia, el derecho romano, la cultura helénica, la justicia social y tantas otras maravillas traídas de Europa.

Ocultaron el pasado, se abstuvieron de decirnos que los indios se mataban los unos a los otros, cometían genocidios y purgas étnicas. No nos dijeron que muchos de esos nativos se unieron a España, por su propia voluntad, para liberarse del yugo de los que en el “Nuevo Mundo” les oprimían. Callaron el hecho de que muchos de los descendientes de esos indios pelearon hasta la muerte para defender a la corona de las huestes independentistas, que acabaron con ese bello lugar al que le decían el Virreinato de la Nueva Granada, pero al que ahora llamo Colombia.

Ahora que veo como la cruzada anti hispánica se ha vuelto visceral y el deseo del mundialismo es fragmentar el suelo ibérico, para que no se presente una muralla infranqueable en el sur europeo, como sucedió por tantos siglos, noto de manera inequívoca el mismo veneno que ha recorrido el lado opuesto del atlántico por más de dos siglos. A mis hermanos españoles los han intoxicado con el odio a su propia sangre, neutralizando sus instintos para que de forma apacible se encaminen al fin de su existencia.

La impotencia material me recorre al ver, desde los Andes, como la madre patria está al borde de desaparecer definitivamente. Me rehúso a creer que estoy contemplando el fin de Hispania, la muerte de Gothia. Sé que muchos no podrán entender por qué alguien desde las Américas tendría este nivel de empatía, pero la verdad es que la sangre no se disuelve por efectos del tiempo o el espacio. En realidad, el aislamiento sólo crea nostalgia y por ende la necesidad impetuosa de restablecer el paraíso perdido, al que yo solamente puedo denominarle como España.

En honor a los 400 años de la muerte de Cervantes, cito las palabras de quien para mi es el héroe mítico más grandioso de todos los tiempos “El amor no engendra cobardes”. Y la verdad es que yo amo mi sangre, a mis antepasados y a mi Historia, en síntesis, yo amo a España. Siento que como mínimo debo decirle a los que habitan en la Hispania Europea, que no están solos. A pesar de que al territorio español han llegado cientos de miles de invasores provenientes de América, que incitados por el odio y la envidia anhelan destruir todo lo que no sea como ellos, quiero que sepan que todavía somos muchos los que nos sentimos orgullosos de nuestra ascendencia hispánica.

Les quiero decir que la propaganda con la que los han bombardeado por casi cuatro décadas, nosotros la hemos resistido por más de doscientos años. Aun cuando los esfuerzos de los enemigos de la hispanidad han sido soberbios no han logrado reducirnos. Porque en la América profunda, todavía somos muchos los que nos enfrentamos al rechazo social por defender nuestro idioma y llenos de gran satisfacción decimos: ¡Qué Viva España! Somos los que se entristecen cuando retiran el retrato de un conquistador y los primeros en saltar de alegría cuando un pasodoble se toma el espacio sonoro.

Les puedo decir, sin temor a equivocarme, que España no reside solamente en los cuarenta millones que hoy habitan en el suelo primigenio, sino que se expande por los corazones de muchos otros a lo largo del globo; aquellos que tienen la esperanza inclaudicable de que la hispanidad resurgirá. Porque si España tiene que pelear por otros ocho siglos para reconquistar su ser, estaremos encantados de ser las primeras bajas de esa nueva cruzada.

Desde la América Española les digo a ustedes, mis hermanos, que no colapsen. Les pido que sigan resistiendo la embestida del salvajismo, porque la verdad es que a ustedes nos los odian por ninguna de las mentiras y exageraciones que se han propagado en su contra. Ustedes son objeto de ataques, porque viven en un paraíso sin igual llamado España; los quieren destruir, porque a los que albergan odio no le gusta admitir que su posición ha sido el fruto de su propia incapacidad. No quieren progresar por sus medios, prefieren destruir a los que han llegado más lejos, para así no tener que afrontar la obvia realidad de que han exteriorizado los rencores que tienen hacia si mismos, porque es más fácil culpar a los demás.

Es nuestro deber honrar los sacrificios de todos los que vinieron antes de nosotros para construir esa gran nación; es nuestra obligación dejarles a los que están por venir un mundo mejor que aquel que nosotros recibimos. No sé si llegue a viejo, pero si de algo estoy seguro es que si lo hago, no le diré a la siguiente generación que les tocó nacer en un mundo sumido en la mierda porque yo no fui capaz de luchar. No les hablaré de España y la hispanidad como un bonito reino de fantasía que existe en la tierra de las hadas, sino como una realidad tangible que vive porque un día le dijimos NO al mundialismo y como masa nos jugamos nuestro derecho a la vida en una épica lucha.

Si hoy en día es más importante la comodidad material, los resultados del Barcelona y lo políticamente correcto; si tiene mayor valor doblegar los instintos para disfrutar del Face, la fiesta o el dinero mientras nos exterminan con comodidad. Si todo lo anterior es más valioso que nuestra sangre, prefiero ser lo único que puede ser un hispano, prefiero ser un discípulo del Quijote, un español. Porque “El amor no engendra cobardes” y España es el amor de mi vida.

Desde San Bonifacio de Ibagué, Colombia.

 

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A Fondo

Los pueblos de las estepas llevaron las lenguas indoeuropeas al sur de Asia hace unos 3.500 años

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Agencia Sinc.- Un estudio genómico con participación española arroja luz sobre las rutas de dispersión de las lenguas indoeuropeas, la familia de lenguas más grande del mundo. El trabajo, que desentraña el complejo patrón de migraciones que han conformado la diversidad genética de Asia central y del subcontinente indio, revela que los pueblos de las estepas entre el Mar Caspio y el Mar Negro extendieron las lenguas a Asia.

Los pueblos de las estepas situadas entre el Mar Caspio y el Mar Negro extendieron las lenguas indoeuropeas por el centro y sur de Asia hace entre 4.000 y 3.500 años, según un trabajo con participación del Instituto de Biología Evolutiva (IBE, un centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Pompeu Fabra (UPF).

Con 523 muestras prehistóricas, el trabajo, publicado en la revista Science, es el mayor estudio genómico antiguo realizado hasta la fecha. Gracias a una amplia colaboración interdisciplinar internacional, liderada desde la Universidad de Harvard (EE UU), los investigadores han contextualizado los resultados genómicos mediante registros arqueológicos, lingüísticos e históricos.

Según la investigación, los descendientes de los pueblos Yamnaya de las estepas, que llegaron a la península ibérica a través de Europa a partir de hace 5.000 años y propagaron el lenguaje indoeuropeo por el continente, también llevaron el sánscrito, la lengua clásica de la India, al sur de Asia.

“Gracias a este estudio hemos podido desentrañar el complejo patrón de migraciones que han conformado la diversidad genética de Asia central y del subcontinente indio. Los resultados indican que los pueblos procedentes de las estepas pudieron contribuir a la decadencia de la llamada civilización del valle del Indo, que es junto a Egipto y Mesopotamia, una de las tres grandes civilizaciones más antiguas de la humanidad”, explica Carles Lalueza-Fox, del IBE.

Origen de las castas

Los investigadores han descubierto que las poblaciones actuales del norte del subcontinente indio presentan un porcentaje destacable de ascendencia esteparia. A excepción de una, todas estas poblaciones han sido históricamente grupos sacerdotales, como los brahmanes, una de las castas superiores del sistema social indio, que desde la antigüedad se encargan de custodiar los textos escritos en sánscrito.

El hallazgo de que los brahmanes a menudo tienen mayor ascendencia esteparia que otros grupos en el sur de Asia proporciona a los autores del estudio un nuevo argumento a favor del origen estepario de las lenguas indoeuropeas en el sur de Asia.

Los hablantes actuales de las ramas indoiraní y báltico eslavas del indoeuropeo descienden de un subgrupo de pastores que migraron hacia Europa hace unos 5.000 años.

“El hecho de que las castas superiores presenten mayor parentesco con los pueblos de las estepas indicaría que podrían haber sido estos los que instauraran esa estricta estratificación social”, añade Lalueza-Fox.

Debate resuelto

Durante décadas los especialistas han debatido acerca de cómo las lenguas indoeuropeas pudieron alcanzar regiones tan distantes y remotas entre sí. Existían dos hipótesis principales: que el indoeuropeo se propagó a través de los pastores nómadas de la estepa euroasiática o que, por el contrario, viajó con los grupos agricultores de la Península de Anatolia (actual Turquía) que migraron hacia el este y el oeste.

Este nuevo estudio muestra, mediante datos genéticos, arqueológicos, lingüísticos e históricos, que los habitantes del sur de Asia apenas tienen parentesco con los agricultores provenientes de Anatolia.

“Podemos descartar una gran expansión en el sur de Asia de agricultores procedentes de Anatolia, que es la pieza central de la hipótesis de Anatolia, que proponía que las migraciones de pueblos del oeste llevaron a la región tanto la agricultura como las lenguas indoeuropeas”, comenta el investigador de la Universidad de Harvard, David Reich.

Los investigadores han descubierto que los hablantes actuales de las ramas indoiraní y báltico eslavas del indoeuropeo descienden de un subgrupo de pastores que migraron hacia Europa hace casi 5.000 años y después expandieron desde allí en dirección oeste hacia el centro y sur de Asia en los siguientes 1.500 años.

“Esto proporciona una explicación sencilla en términos de migraciones antiguas para los desconcertantes características lingüísticas comunes de estas dos ramas del indoeuropeo, que en la actualidad se encuentran separadas por amplias distancias geográficas”, concluye Reich.

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Historia

El soldado de Quinto y San Miguel (una memoria histórica de la Guerra)

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Por José Arasco Pérez.- La persona que protagoniza estas líneas nació un 16 de enero de 1916 en un pueblo muy pequeño de Zaragoza, en una familia muy normal, siendo el tercero de cinco hermanos.

En 1936 empieza la Guerra Civil y, poco después de su comienzo, decide irse de voluntario en el bando nacional, ya que no pudo soportar el ambiente enrarecido que en esas fechas se vivía en el pueblo. Fue destinado al frente del Ebro, más concretamente al municipio de Quinto. A los seis meses aproximadamente cayó prisionero, y fue enviado a lo que los rojos llamaban «campo de prisioneros», pero que cuando llegó pudo comprobar que era un auténtico campo de concentración, situado en San Miguel de los Reyes (Valencia).

No tardó mucho en ver que sus temores estaban fundados. La comida era repugnante: nadie esperaba el Hilton, pero sí al menos que fuese como la que comían los guardas del campo. A raíz de esto, muchos presos intentaban suplir la falta de alimentos comiendo pipas y naranjas de los campos en los que trabajaban, cosa que provocó muchísimos cólicos, que él también sufrió, y que a más de un preso le llegaron a causar la muerte.

Se dormía por agotamiento, y siempre con el temor de que esa noche le tocase a él, ya que todas las noches había paseos, que se convertían en el último. Según me contó fueron muchos los asesinados por la noche, que normalmente eran fusilados. También se hacían listas de presos que eran no deseados por su condición de católicos o por ser de una posición alta en sus municipios. Él estuvo en esas listas, pero Nuestro Señor quería que ese hombre que nunca hizo daño a nadie se salvase, pue coincidió que el carcelero, que leía los nombres de los futuros fusilados, era de un pueblo cercano y sabía que las denuncias eran falsas, borrándolo de la lista, a él y a otro vecino del pueblo, que estaba con él.

En su memoria esto no lo pudo borrar, y siempre dijo que si se excavase en ese paraje aparecerían restos de una cantidad increíble de aquellos presos, sin los derechos que les concedía el Tratado de La Haya.
Fue liberado al final de la guerra después de diecinueve meses de horror.

Pasados los años, un 29 de octubre de 1946, una noche que volvía de Zaragoza en el autobús de línea, nada más entrar en casa, sin tiempo de cerrar la puerta, se presentaron allí los maquis, subieron a la casa y, registrándolo todo, se llevaron lo que había de valor, incluyendo los jamones para pasar el año.

Como la cosa no estaba a su gusto, se lo llevaron y pidieron 300.000 pesetas por su liberación. La familia recorrió el pueblo para pedir ayuda a los vecinos, y éstos se deshicieron de todo el dinero que tenían para salvarle, pues era muy querido, logrando reunir 180.000 pesetas, con lo que el maquis se conformó. No cabe duda de que, si la cantidad no les hubiera bastado, le habrían matado, porque para ellos la vida de los demás no valía nada.

Esta es la memoria histórica de muchos españoles, de los cuales, la mayoría callan por miedo al qué dirán, sin pensar que España volverá a necesitar valientes que se enfrenten a todas las mentiras que la izquierda va desarrollando con un simple fin, que es desestabilizar este gran país y llevarlo a su destrucción.

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Historia

Memoria de Cristo y Franco… Pero, ¡ay, sus enemigos!: en el Armageddón os esperan

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Por Laureano Benítez Grande-Caballero.- La manipulación de la historia es una de las herramientas preferidas por la Sinagoga de Satanás para adoctrinar a las masas, mediante tremendas campañas de ingeniería social que tienen la perniciosa pretensión de borrar de la historia lo que no encaja con sus premisas ideológicas, interpretando de acuerdo con sus consignas los hechos históricos de tal manera, que acaban siendo prácticamente inventados, ficciones alevosas, embustes escandalosos, con los que erigen sus «Himalayas de mentiras». Como decía Milan Kundera, «El primer paso para liquidar un pueblo es borrar su memoria: destruir sus libros, su cultura, su historia. Entonces, alguien debe escribir nuevos libros, fabricar una nueva cultura, inventar una nueva historia. En poco tiempo la nación empezará a olvidar lo que es y lo que era».

Lo más sorprendente de estas mentiras es que, a pesar de su monstruosidad y alevosía, acaban por pasar como verdaderas, cumpliéndose la fórmula que dice que una mentira repetida mil veces acaba siendo verdad. Y para eso tienen en su poder toda la parafernalia mediática, y la borregomanía de las masas idiotizadas, que se creen a pie juntillas lo que se les dicen aunque ante sus ojos tengan una realidad que contradice flagrantemente las consignas con las que se le adoctrina. Y es que, como decía Groucho Marx, «¿A quién va a creer usted: a mí, o a sus ojos?».

Es así como surgen misterios inexplicables, enigmas insolubles, «expedientes X» de calibre sideral, arcanos insondables, que podrían ser destruidos con un solo pensamiento crítico, con una simple mirada limpia, en un solo segundo de reflexión.

Como ejemplo de este fenómeno de manipulación que, retorciendo la realidad, crea quimeras imposibles, entelequias grotescas que desafían a la razón, misterios inescrutables, memorias históricas regurgitadas de los «Ministerios de la Verdad», tenemos los casos de Jesucristo y de Franco. Nada extraño, pues son manjares exquisitos para una Sinagoga luciferina cuya pretensión es acabar con el cristianismo.

En el caso de Cristo, manipulando textos, tergiversando contenidos, interpretando sin ningún rigor histórico, elaborando hipótesis delirantes sin ningún respeto a la verdad, o simplemente fantaseando sin ningún pudor, inoculando sus embusteras ideas para engañar y crear escándalo, los exégetas y biblistas marcados por el laicismo más atroz, acompañados por una caterva de pseudoinvestigadores amarillistas, no tienen ningún reparo en presentar imágenes de Jesús lo más sensacionalistas posibles, en una loca carrera por ver quién es más original a la hora de contar la «verdadera historia de Jesús», la «doctrina secreta de Jesús», «la otra historia de Jesús», «la biografía revolucionaria de Jesús», «el gran secreto de Jesús», con la cantinela tópica de «atrévase a conocer lo que la Iglesia ha ocultado de Jesús»… y frases parecidas, siempre con la musiquilla de fondo de que hemos sido engañados por la manipulación de los Evangelios perpetrada por la Iglesia, creando una atmósfera de misterios, de secretos, de doctrinas ocultas, de revelaciones portentosas que nadie ha conocido hasta hoy sino ellos, que son los que más saben, los más expertos, los únicos detentadores de la verdad, los únicos que no han sido engañados por siglos de intransigencia dogmática.

Al socaire de estas historias espurias y alucinantes tenemos a un Jesús esenio, extraterrestre, pateador de senderos budistas por perdidos monasterios inaccesibles, padre de familia centenario que muere en Cachemira o cultivando arroz en Japón… a un Jesús que no era sino un «galileo armado», un revolucionario político zelote, un guerrillero… o un iniciado egipcio, un gnóstico, un hierofante, un impostor que fingió su muerte en la cruz, un fracasado cuyo cadáver fue devorado por los perros… un Jesús que no era más que un predicador cínico, que no fundó ninguna Iglesia, que no murió en la cruz, que no instituyó ninguna eucaristía… un Jesús casado con María Magdalena, que es un simple mito, que nunca existió…

Lo expondremos con palabras de Raniero Cantalamessa, que escribe una acertada crítica a los autores que cuestionan la figura tradicional de Jesús con libros de pseudoinvestigación histórica: «Al final de la lectura, uno se pregunta: ¿cómo lo hizo Jesús, que no trajo absolutamente nada nuevo respecto al judaísmo, que no quiso fundar ninguna religión, que no realizó ningún milagro ni resucitó más que en la mente alterada de sus seguidores?… ¿Cómo lo hizo, repito, para convertirse en “el hombre que ha cambiado el mundo”? Una cierta crítica parte con la intención de disolver estos ropajes puestos a Jesús de Nazaret por la tradición eclesiástica, pero al final el tratamiento se revela tan corrosivo que disuelve hasta a la persona que está bajo ellos. A fuerza de disipar los “misterios” sobre Jesús para reducirle a un hombre ordinario, se acaba por crear un misterio aún más inexplicable».

Sí, es un enigma inexplicable que ese Jesús bajo sospecha, del que se discute incluso si existió realmente; atacado implacablemente por racionalistas, escépticos y ateos; entregado en manos de «expertos» exégetas, biblistas y teólogos; perseguido y martirizado en las innumerables cruces que se levantan contra sus seguidores en todas partes del mundo… es un misterio insondable que ese Jesús discutido y puesto en entredicho haya protagonizado un cambio revolucionario en la historia de la humanidad. Y no sólo eso: es un enigma formidable que no sea una mera figura histórica que protagonizó un pasado lejano, sino que hoy en día siga siendo protagonista indiscutible del devenir de la humanidad, que siga vivo, que su mensaje siga de actualidad para tantos millones de creyentes en su vida y su mensaje.

Como dice Hans Küng, «Hay un hecho patente sobre cuyas posibles causas vale la pena meditar detenidamente: tras la caída de tantos dioses en nuestro siglo, este Jesús, fracasado ante sus adversarios y traicionado sin cesar por sus fieles a lo largo de los tiempos, sigue siendo para incontables personas la figura más impresionante de la larga historia de la humanidad, cosa desacostumbrada e incomprensible desde muchos puntos de vista».

Este asombroso misterio creado en torno a Jesús mediante una espúrea «memoria histórica» tiene un exacto paralelismo en la figura de Francisco Franco Bahamonde, otra excelsa víctima de las engañifas luciferinas urdidas en logias y aquelarres, en hemiciciclos y bibliotecas, en laboratorios con retortas atiborradas de alas de murciélago y ojos de salamandra, en Academias colmatadas de kobardes tiralevitas…

Para empezar, es un misterio tremendo que Franco, mediocre militar, fuera condecorado con la Legión de Honor francesa, la máxima distinción que otorga el país vecino, por su méritos se guerra en el desembarco de Alhucemas. General anticuado, lerdo en estrategia y táctica militar, que fue nombrado director de la Academia Militar de Zaragoza, Jefe del Alto estado Mayor…

Franco, un militar tan vulgar, que la República le llamó a la desesperada para que acabara con la revolución comunista de octubre de 1934; un militar de genética golpista, que desoyó a cuantos le azuzaban para que se uniera a las asonadas militares que querían acabar con la anarquía republicana. Y tan estúpido que, siendo como era un golpista irreductible, cuando se le entregó el mando militar para terminar con la insurrección comunista, una vez liquidada, pudiendo haber tomado el poder, se retiró a sus cuarteles como si tal cosa. Misterio puro, enigma cósmico.

Y, más que de misterio, hay que calificar de verdadero milagro que, con muchos menos medios que los republicanos ―que tenían más territorio, las zonas industriales, más población, la Armada y la Aviación, y el oro del Banco de España―, les derrotara sin paliativos, no perdiendo ni una sola batalla ―Teruel fue la única capital de provincia que tomaron los rojos, y les duró un mes escaso―.

Enigma colosal que la República, siendo tan democrática, no fuera apoyada por ninguna democracia occidental, que la dejaron al albur sabiendo que en España había una revolución bolchevique, la cual buscó apoyo en las garras del democrático oso ruso.

Secreto insoluble que Franco, siendo como era un fascista de tomo y lomo, no entrara en la Guerra Mundial a favor de las potencias del Eje. Y portentoso fue que, acaba la contienda, las potencias vencedoras no invadieran España para acabar con una dictadura fascista tan amiga de Hitler, a pesar de la apocalíptica violación de derechos humanos que el genocida Franco estaba perpetrando contra su pueblo.

Sorprendente fue también que el maquis ―protegido por Francia― fuera liquidado sin contemplaciones, cuando en otros países dio muchos problemas. Pero, vamos a ver, ¿no habíamos quedado en que el pueblo español estaba tan masacrado que debería haberse unido a esa insurrección del maquis?

Luego vino el aislamiento, y Franco, un mediocre político, sobrevivió a él, y España, sin conseguir ni un solo dólar del «Plan Marshall», protagonizó el llamado «milagro español», durante el cual, desde 1959 hasta 1975, crecimos a una media del 7,5%, solo superada por Japón. Asombroso, y más en un país que había sido genocidado por un sanguinario dictador que fusiló a mansalva: no se entiende muy bien que un país torturado por el fascismo trabajara con tanto ahínco en un pos de un desarrollo que fue una gigantesca tarea colectiva de esfuerzo, disciplina, orden, y sacrificio.

Pasmoso el fenómeno de que un país en el que una represión apocalíptica había liquidado a centenares de miles de víctimas inocentes, con las cunetas borboteando sangre de ciudadanos ejemplares, no se echara a las barricadas para acabar con aquella pesadilla, no provocara algaradas, insurrecciones y subversiones para echar al tirano de El Pardo, por supuesto con la ayuda del exterior.

Extraordinario fue también el hecho de que no hubo ninguna oposición democrática al franquismo, pues los terroristas y los comunistas no buscaban defender las libertades. ¿Cómo explicar a las generaciones futuras que aquel holocausto contra los derechos humanos solo tuvo como respuesta interna las conspiraciones del impresentable Juan de Borbón, y el espantoso ridículo del «contubennio» de Munich.

¿Cómo explicar que el exterminador Franco murió en la cama, y que durante todo su mandato recibió entusiásticas manifestaciones de cariño, de admiración, incluso de veneración? ¿Qué portento hizo que, a su muerte, el 82% de los españoles ―entre los que había muchos rojos― sintieran su muerte? ¿El síndrome de Estocolmo, acaso?

Pasmoso es también que un mandatario que no hizo pantanos ―dicen que la República ya los tenía proyectados―, que no universalizó la Seguridad Social, que no dio ningún beneficio a los trabajadores, que no construyó ni escuelas, ni hospitales, ni Universidades… que no hizo nada sino fusilar y torturar… tuviera ese abrumador apoyo popular.

Milagroso es que la inmensa mayoría de la gente de mi edad, la gente que vivió aquella época oscura, tenebrosa, horrenda y siniestra, tengamos una profunda admiración al genocida de El Pardo.

En resumen, es del todo punto un misterio espectacular, un arcano incognoscible que Franco, el genocida, el destripador, el asesino, el déspota, el mediocre militar, el político inepto, cogiera una España subdesarrollada y desgarrada por el cainismo y la llevara, tras cuarenta años de paz, orden y progreso, a unas elevadas cotas de desarrollo, de bienestar, de armonía…

Y la prueba es que el verdadero objetivo de la memoria histórica que persiguen los detractores de Franco es, más que ganar una guerra que perdieron, aplicar a Franco la «damnatio memoriae», con el fin de borrar los asombrosos logros que consiguió para nuestra Patria, sus hazañas guerreras, políticas y económicas, porque, de no hacerlo así, de poder comparar la España de Franco con la mierdocracia actual que está llevando a nuestra Patria a la más completa ruina autodestructiva, el horror de la España actual quedaría al descubierto.

Me han llegado noticias de un juego satánico de bricolaje que consiste en un «kit» donde se ve a Jesús con los brazos extendidos, pero sin Cruz, y un juego de sayones, esbirros, maderos, soldados, etc., con el lema de «Crucifícalo tú mismo». Satanás puro, ¿verdad?

Por el otro lado tenemos a un Gobierno bafomético, jugando a desenterrar a Franco: se ve un Valle, una tumba, perroflautas, excavadoras, demonios, rojos, luciferinos con su cornamenta… y el lema dice: «¡Desentiérralo tú mismo!». Satánico, ¿no es así?

Cristo y Franco… Pero, ¡ay, sus enemigos!: en el Armageddón os esperan.

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