Internacional
La mafia Big Tech ataca ahora a la plataforma independiente Substack. El “crimen de odio” de Amazon, que censura todo lo que le parezca conservador
[P]eriodistas, académicos e incluso un ejecutivo de Google se han unido para atacar la plataforma de publicación independiente Substack, ya que la batalla por el ‘acoso’ de un reportero del New York Times se convirtió rápidamente en una guerra de censura.
Lo que comenzó el martes como una campaña en línea contra el presentador de Fox News, Tucker Carlson , por «acosar» a la reportera de Internet del Times Taylor Lorenz al cuestionar sus afirmaciones de victimización, se convirtió en un ataque a Substack el miércoles por la noche, donde el exreportero de BuzzFeed Ryan Broderick escribió un artículo que acusa a la plataforma de permitir a «acosadores» como el periodista ganador del premio Pulitzer Glenn Greenwald.
Si bien señaló que Substack en realidad tiene una política contra cualquier tipo de acoso y que Greenwald no acosó técnicamente a Lorenz, Broderick argumentó que «el acoso en línea es un proceso de prueba de límites en constante evolución».
Entre quienes respaldaron su punto de vista se encontraba la profesora de Estudios de la Información de UCLA, Sarah Roberts, más conocida por la diatriba de Twitter del mes pasado en la que se denunciaba a Substack como «peligroso» para los periodistas, pero también Rob Leathern, actualmente vicepresidente de Gestión de Productos de Privacidad de Google y exfuncionario de Facebook.
Respondiendo a la andanada de Broderick el jueves, Greenwald señaló que los periodistas se han «transformado extrañamente su papel tradicional como principales defensores de la libre expresión en defensores de la censura más voraces, utilizando sus plataformas para exigir que los monopolios tecnológicos prohíban y silencien a otros».
Broderick fue despedido de BuzzFeed por «plagio en serie», pero ahora quiere reinventarse a sí mismo como «el guardián y defensor del periodismo real» con una cara seria, señaló Greenwald. También criticó a los periodistas oficialistas por tener un «sentido insondable de derecho, autoestima y fragilidad» y buscar crear un mundo en el que puedan atacar a quien quieran, mientras que prohíbe a cualquiera que los critique por ello.
Bajo esta rúbrica que quieren construir, pueden difamar a quien quieran, arruinar la reputación de las personas y unirse para generar odio contra sus objetivos elegidos, pero nadie puede ni siquiera criticarlos a ellos.
Solo importan su ira y resentimiento, escribió Greenwald, porque se está «traduciendo en campañas de censura cada vez más concertadas y efectivas».
Greenwald fue uno de los fundadores de Intercept, que publicó muchos documentos obtenidos por el denunciante de la NSA Edward Snowden. Renunció en octubre, después de que los editores con sede en Nueva York censuraran su artículo sobre la censura en línea y se mudara a Substack.
Cuando esa plataforma fue criticada por los tiranos de la cultura y los periodistas corporativos en noviembre, Greenwald fue el primero en hacer sonar las alarmas.
Greenwald, quien vive en Brasil con su esposa, también señaló que ha enfrentado acoso real por parte de las autoridades de ese país por sus informes críticos sobre el presidente Jair Bolsonaro, así como varias campañas de odio en línea en los últimos meses, por declaraciones que fueron sacadas de contexto o malinterpretado maliciosamente.
Incluso cuando Broderick y sus partidarios pusieron sus ojos en Substack, la batalla original de los medios por el «acoso» de Lorenz continuó enfureciendo, ya que el Times defendió a su reportero de las palabras «calculadas y crueles» del presentador de Fox News Carlson.
«Es una pequeña estafa bastante buena del New York Times. Pueden hacerte daño a voluntad, pero no te permiten darte cuenta» , replicó Carlson en su programa el miércoles por la noche. «Los periodistas se ganan la vida tratando de destruir tu vida pero si dices una sola palabra al respecto, eres un criminal, un monstruo moral «.
Carlson señaló que el Times también reclamó acoso y victimización cuando expuso públicamente su intento de rastrear su nueva dirección, habiéndose mudado de Washington, DC luego de un ataque de Antifa en noviembre de 2018 contra su casa.
Amazon acusada de censurar opiniones en sus plataformas
El Comité Judicial de la Cámara de Representantes estadounidense ha exigido a Amazon que entregue «todos los documentos y las comunicaciones» relacionadas con la negativa de la empresa a transmitir y distribuir contenido con opiniones conservadoras en sus diferentes plataformas, en lo que los congresistas han calificado como «discriminación de puntos de vista».
«Hay una serie de ejemplos en los que Amazon ejerce un control editorial sobre el contenido de sus diversas plataformas de manera sesgada contra los conservadores y los puntos de vista conservadores. Estas decisiones editoriales dan la imagen de un esfuerzo coordinado para cancelar el discurso conservador en las plataformas de Amazon», reza la solicitud enviada al presidente de la compañía, Jeff Bezos.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
