Opinión
La medalla de la vergüenza. Por Rosa Martínez
Hoy quiero explicar en qué consiste esto del feminismo, porque con la semana que hemos tenido, veo todavía a mucha gente despistada. Es normal estar despistado con el feminismo actual, que busca machismo en las letras de canciones de hace 30 años de Mecano y de Hombres G, pero mira para otro lado cuando hablamos de reguetón, por ejemplo.
“Sufre mamón, devuélveme a mi chica o te revolverás entre polvos pica-pica” es un ejemplo del machismo más deleznable, con el que fuimos educados los de una generación que cedemos el asiento a los ancianos y a las embarazadas en el autobús.
Ahora tienen rimas mucho más elaboradas, como las de las canciones del rapero Bryan Myers, cantante y compositor de reguetón y trap. Para muestra, un botón: “trépate en el tubo, a ti te gusta suave, te gusta duro por el frente y por el culo, en tu boca eyaculo, baby, ya tu sabeh”. Esta sería una de las favoritas de Bécquer, si levantara la cabeza: “yo siempre quiero meterle de nuevo, dejó el color de su lipstick en mi huevo”.
Hay que buscar machismo en los españoles, en todo lo español y, si no lo encuentras, te lo inventas, pero lo que no se puede hacer es señalar que el machismo en España es importado
¿Por qué se persigue tanto a David Summers, con el tema del machismo en sus letras, pero no se escucha a ninguna de estas indignadísimas feministas señalar las del tal Bryan Myers? Porque Bryan Myers se llama en realidad Bryant Robert Ruda Pérez y es puertorriqueño. Como toda esta música, que lo único que hace es denigrar y vejar a la mujer mientras ella menea el culo, su origen no es español. Si eres una feminista de bien, tienes bien aprendido que no hay que criticar a los latinoamericanos, no vaya a ser que seas racista o xenófoba a los ojos de tus “compañeres”. Hay que buscar machismo en los españoles, en todo lo español y, si no lo encuentras, te lo inventas, pero lo que no se puede hacer es señalar que el machismo en España es importado.
Así es normal que esta semana sólo hayamos oído condenas del beso de Rubiales, pero no hayamos escuchado a una sola feminista protestar por la niña de 10 años que fue violada con penetración en Tarrasa, por un inmigrante reincidente. Reincidente, porque ya había violado a otra niña antes y aún así ha podido volver a violar a otra criatura.
Intentad recordar una sola vez en que Irene Montero, Ione Belarra, Pam, Yolanda Díaz o cualquier otra persona de las que se enorgullecen de “hablar y representar a todas las mujeres”, haya puesto el grito en el cielo o tan siquiera levantado un poco la manita, ante una violación ejecutada por un extranjero o un inmigrante… O varios al mismo tiempo. Ni una sola vez. Ni una.
Hasta el último momento, esperaba que la jugadora de fútbol de la selección femenina fuera una persona cabal, pero era mucho pedir para estos tiempos que corren
Solo las escuchamos quejarse y señalar el crimen, cuando el supuesto criminal es español. Las mujeres que decimos que tenemos miedo, porque nos están obligando a compartir espacio con verdaderos animales, somos etiquetadas de racistas o incluso machistas, si osamos salir en defensa de nuestros hombres. Porque las mujeres también podemos ser machistas. Y no digo yo que no, pero siempre imaginé que la mujer machista era la que educaba a sus príncipes como reyes y a sus princesas como cenicientas, no la que se quedaba sin respiración cuando leía que Oumar, de 18 años, violó y torturó a una mujer francesa con una escoba, perforándole el colon, intestino delgado, peritoneo y diafragma. Sí, habéis leído bien: diafragma.
Después de leer esto, cuando consigues recuperar la respiración y ves a las señoritas anteriormente mencionadas mostrando su solidaridad con la víctima de una agresión sexual, cuya agresión consiste en un pico supuestamente no consentido, se te cae el alma a los pies. Hasta el último momento, esperaba que la jugadora de fútbol de la selección femenina fuera una persona cabal, pero era mucho pedir para estos tiempos que corren.
Con el corazón en la mano te digo esto: me habría encantado poder respetar cómo te sientes, Jennifer, pero me está resultando muy difícil, cuando te subes al carro de insultar a las víctimas reales de una agresión sexual. “Me sentí víctima de una agresión”, dices en tu comunicado oficial, después de afirmar que las palabras de Luis Rubiales son falsas.
¿Querías hacer historia, Jennifer? Pues enhorabuena, te has llevado una medalla y has sido una herramienta más para las histéricas que alzan sus antorchas en cuanto un español de cierta relevancia dice o hace algo que no les gusta
Será un juez el que sentencie quién de los dos dice la verdad. Yo solo voy a decirte que una falta de respeto no es una agresión sexual, que cuando alguien te falta al respeto no eres una víctima de nada, sino una persona a la que han ofendido y menospreciado, que no es poco. Sé que aún eres joven y te queda mucha vida por delante, con muchas lecciones que aprender. Quizá, en alguna de ellas aprendas lo útil y sencillo que resulta “hacer la cobra”, cuando tienes delante a un mamarracho que no sabe comportarse ni cuál es su sitio. Cualquier hombre español, por muy mamarracho que sea, entiende ese desprecio mucho mejor que un “pues vale”. Recalco lo de español, porque los Oumar que estamos importando no entienden de cobras ni de rechazos de mujeres.
La Ley del Sí es Sí
¿Querías hacer historia, Jennifer? Pues enhorabuena, te has llevado una medalla y has sido una herramienta más para las histéricas que alzan sus antorchas en cuanto un español de cierta relevancia dice o hace algo que no les gusta o que no está bien visto. Ahora bien, ninguna de ellas va a pedir solidaridad por la mujer que fue agredida en Sevilla hace unos días por un violador reincidente, que cumplía condena por violar y dejar tuerta a su víctima anterior y que fue puesto en libertad en abril, gracias a la ley del Sí es Sí. Esa ley que a ti te dicen que pone el consentimiento en el centro, pero lo que ha puesto es a violadores en la calle.
Ellas no dimiten. El presidente del Gobierno que apoyó esta ley no solo no dimite, sino que además colabora para que todo el país se paralice al grito de “¡machismo a la vista!”, exigiendo la dimisión de un patán que te dio un besito en los labios, Jennifer, y al que tú no supiste poner en su sitio en su momento, que todo eran risas.
¿Tú crees que alguna de las mujeres o niñas agredidas que he mencionado irá directa, al salir del hospital, a tatuarse algo del tipo “ningún verano sin su violación”? Yo no lo veo. Pero no te preocupes por ellas, tú disfruta de tu medalla, que has hecho historia ganando un mundial de fútbol femenino. Aunque el orgullo por ganarlo, lo hemos perdido todos.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.

