Sociedad
La Ministra Calviño en un gesto de sinceridad comienza a reconocer sus limitaciones y carencias: «No volveré a participar en ningún debate si soy la única mujer»
La vicepresidenta primera del Gobierno de España y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño, ha aseverado este jueves que no volverá a «hacerse una foto» o a «participar en un debate» en el que «sea la única mujer».
Durante su intervención en un encuentro organizado por la compañía Hill+Knowlton, llamado ‘España en la Europa del siglo XXI’, la ministra ha hecho referencia a la igualdad de género: «No voy a volver a hacerme una foto en la que sea la única mujer. No voy a volver a participar en un debate en el que sea la única mujer. (…) Son muchos los eventos en los que soy la única mujer porque soy la ministra«, ha criticado.
Calviño, que no pertenece al ala más feminista del Gobierno de coalición, ha reflexionado sobre este tema, afirmando que hay que tomarse este asunto «muy en serio», porque se corre «el riesgo» de «involución», lo que podría suponer «perder el foco de uno de los vectores de modernidad, de transformación de progreso del país desde que llegó la democracia».
Así, ha argumentado que no se puede seguir «considerando normal» que en los debates «no esté presente el 50 % de la población».
Al parecer, sus reflexiones han estado influenciadas por su participación en este evento, un foro de diálogo con representantes políticos y del mundo empresarial, en el que se analizaba el papel de España en el marco europeo.
«Por no hablar de otro tipo de declaraciones y expresiones que se han escuchado esta semana, que son consideradas jocosas, pero que son absolutamente denigrantes y agresivas contra las mujeres», ha relatado durante su intervención.
Así, Calviño ha pedido a los organizadores que integren en su comportamiento «esta agenda feminista», «como tienen que integrarla todas las empresas que quieran de verdad representar» al país, ha añadido. Y ha finalizado su intervención afirmando: «Todos queremos una participación paritaria y una representación adecuada del 50 % de la población».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
