Internacional
La miserable Nueva Zelanda: bebés que nacen vivos y los dejan morir

El aborto en Nueva Zelanda se despenalizó el año pasado. Además de la despenalización, se aprobó que las mujeres puedan abortar hasta la semana 20 sin que tengan que dar ningún tipo de explicación. Pasado este plazo, es posible que un médico practique un aborto si considera que “es apropiado en las circunstancias”, teniendo en cuenta las condiciones físicas y mentales de la madre, para poner fin a la vida su hijo por el “bienestar” de ella.
De esta manera, un feto de más de 20 semanas e incluso hasta el parto, puede ser asesinado sin que esto se considere un delito. Durante el 2020, por lo menos 120 bebés de más de 20 semanas de gestación fueron abortados en Nueva Zelanda. Dentro de este número incluso se realizó un aborto a un feto de 35 semanas de gestación, que recordemos que se trata de un bebé que está a muy pocas semanas de un parto a término, que ya está completamente formado.
Como en Nueva Zelanda no hay ninguna legislación para intentar salvar a los bebés que son abortados y sobreviven, a estos se los deja morir. Este es el caso de un bebé que nació vivo luego de un aborto tardío, al cual dejaron agonizar sin atención médica por dos horas, hasta que finalmente murió.
El hecho fue denunciado por una estudiante de medicina que tuvo que presenciar el terrible suceso. “Normalmente un aborto tardío se realiza en bebés que tienen problemas de salud, pero este bebé estaba completamente sano, así que en lugar de utilizar una inyección infanticida para detener el latido del corazón antes de expulsar al bebé del útero, simplemente se indujo a la madre”, explica Nicola, nombre ficticio que se le dio para preservar su identidad.
Internacional
La taiga da otro bofetón a los calentólogos: en 35 años creció una superficie como la de España y media Francia

Un estudio científico certifica el crecimiento de la mayor masa boscosa de la Tierra y su desplazamiento al norte, aunque muy lento.
Expertos de universidades y centros de investigación de Estados Unidos, China y Portugal han confirmado que la cobertura arbórea boreal, el sistema boscoso conocido también como taiga, se expandió en un 12%, entre 1985 y 2020, lo que significa que en ese periodo ganó unos 840.000 kilómetros cuadrados, una superficie similar a la suma de España y la mitad de Francia.
El equipo investigador, dirigido por dos científicos de la empresa norteamericana terraPulse –dedicada a analizar datos satelitales de interés medioambiental y agroforestal– estudió la evolución del bosque boreal, que en las últimas décadas ha experimentado el calentamiento más rápido de todos los biomas forestales.
Los resultados se han hecho públicos en un artículo difundido por la web de la European Geosciences Union –la organización líder en Europa dedicada a la investigación en ciencias de la Tierra, planetarias y espaciales– en el que los científicos reconocen que han encontrado una expansión forestal de una magnitud inesperada.
Por supuesto, este dato contradice una vez más las predicciones más alarmistas sobre el cambio climático, que aseguraban que el aumento de temperaturas conllevaría un gran incremento de los incendios y la expansión de las enfermedades de los árboles, lo que haría descender el total de la masa arbórea.
Lo que sí se ha confirmado es otra de las predicciones catastrofistas, aunque con matices: la taiga se está moviendo hacia el norte, pero a un ritmo bastante lento, ya que el estudio ha certificado que en las tres décadas y media que abarca el estudio, este sistema natural se ha desplazado en 0,29 grados de latitud media, es decir, en 32,3 kilómetros, lo que supone menos de mil metros al año.
Estos resultados resultan muy significativos porque durante el último siglo la región boreal ha registrado el calentamiento climatológico más rápido de cualquier bioma forestal, con un aumento de más de 1,4 °C en la temperatura superficial anual. A pesar de ello, como se ve, la masa forestal ha crecido con fuerza.
Según el artículo, el bioma boreal es el bosque más extenso y ecológicamente intacto de la Tierra, cuya superficie forestal comprende un tercio del total mundial y representa el 20,8 % del sumidero global de carbono forestal.






