Sociedad
La nauseabunda «derechita cobarde» del PP se junta con lo más rancio de la progresía para fomentar la falacia anticientífica y absurda de los «juguetes sexistas»
El Partido Popular, igual que la PSOE, lanza una campaña iniciada en Andalucía hace 25 años contra los llamados «juguetes sexistas». Estudios científicos afirman que la elección de los juguetes por parte de los niños se da de forma normal, por su propia naturaleza, sin presiones ambientales o culturales.
Un año más algunas instituciones se apuntan por estas fechas a la moda políticamente correcta de reprochar a los niños que elijan los juguetes que les apetezcan que, en líneas generales, son parecidos dependiendo de si son chicos o chicas.
Vivimos en una sociedad en la que el diktat de lo políticamente correcto no sólo niega que exista tal cosa biológica y natural como los niños y las niñas, sino que además impone a estos inocentes seres en el blanco de la diana de sus obsesiones ideológicas. Niño, no pidas coches. Niña, no pidas muñecas.
🧸 Los juguetes y los juegos no tienen género 🚸
🪁 Cambiar el juego, cambiar el mundo 🌎#JugamosEnIgualdad 💚 pic.twitter.com/0uQwjGeEE4
— Junta de Andalucía (@AndaluciaJunta) December 29, 2020
A esta corriente se ha sumado, desde su responsabilidad como principal partido del gobierno regional andaluz, el Partido Popular que, a través de la Junta de Andalucía ha difundido mensajes con los lemas «Los juguetes no tienen género» y «Cambiar el juego, cambiar el mundo».
En realidad, se trata de una campaña que lleva 25 años instaurada en la Junta de Andalucía, según se advierte en el vídeo de la campaña en el que un elfo -personaje ajeno a la tradición navideña española- se presenta como juez sentenciador sobre cómo deben pedir los juguetes los niños.
Lo que es lo mismo: la llegada del Partido Popular al gobierno regional andaluz no ha supuesto ni un mínimo cambio, al menos en este terreno, que no es menor, puesto que se trata de moldear las mentes y los criterios de elección de los juguetes por parte de los niños.
Nada importa que haya solventes estudios científicos que refuten por completo la idea de que la elección de los juguetes está absolutamente desvinculada del hecho biológico del sexo. Los niños juegan más con «juguetes para niños» y las niñas con «juguetes para niñas» sin importar el contexto, sin la presencia de un adulto, ni la localización geográfica, etc.
Pero la ideología predominante, presente de manera mayoritaria en muchas de las organizaciones políticas, las estructuras administrativas y los principales medios de comunicación, en su fanatismo, es incapaz de atender a razones científicas.
Ni siquiera a unas mínimas intuiciones básicas como que, si el desarrollo emocional y psíquico es evidentemente diferente entre niños y niñas, diferentes han de ser las maneras en que se desarrollan. Pues no olvidemos que el juego, además de un entretenimiento, es una poderosa vía de aprendizaje y socialización.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
