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La NBA suspende la temporada tras el positivo de coronavirus de Rudy Gobert
La noche del miércoles podría ser la última con partidos de la NBA esta temporada. La liga de baloncesto de EE.UU. anunció esa misma noche, mientras se disputaban varios encuentros, la suspensión temporal de la temporada. La decisión se tomó después de que Rudy Gobert, el pívot francés de los Utah Jazz, diera positivo en una prueba de coronavirus.
«La NBA suspende los partidos tras la conclusión del calendario de esta noche hasta próximo aviso», aseguró la liga en un comunicado. «La NBA utilizará este hiato para determinar los próximos pasos en relación con la pandemia de coronavirus».
El comunicado no nombró a Gobert como el jugador contagiado con la enfermedad, pero varios medios estadounidenses citaron fuentes de los Utah Jazz para confirmarlo. Robert no estaba en la cancha, después de que su equipo le colocara en la lista de lesionados por una enfermedad, pero sin dar detalles de la dolencia.
Al comienzo de la semana, Gobert bromeó con los reporteros y tocó sus micrófonos y grabadoras, según recogió «USA Today». Eso ocurrió después de que la NBA advirtiera a equipos y jugadores sobre la necesidad de tomarse en serio el coronavirus.
El positivo se conoció antes del partido de la noche del miércoles entre el equipo de Gobert y Oklahoma City Thunder y la suspensión del encuentro fue a última hora y dramática. Poco antes del salto inicial, un responsable médico del equipo local corrió en el parqué para comunicar el asunto a los árbitros. Los jugadores volvieron a los vestuarios y, tras una espera de veinte minutos, se canceló el partido.
Horas antes de este episodio, el comisionado de la liga, Adam Silver, y los dueños de los equipos participaron en una llamada en la que se discutieron los siguientes pasos a dar ante la expansión del coronavirus. Algunos apostaban por jugar sin público y otros por suspender la liga. La situación con Gobert forzó la segunda opción.
Está por ver qué pasará con los «playoffs» de la NBA, que deberían comenzar a mediados de abril y cuando a la mayoría de equipos todavía les falta por disputar una veintena de partidos de la liga regular.
La suspensión de la NBA se produce después de que la NCAA, el organismo que rige el deporte universitario, decidiera limitar la presencia de espectadores en los partidos de la fase decisiva del campeonato de baloncesto, el célebre «March Madness», uno de los espectáculos deportivos más seguidos en EE.UU.
La liga profesional de hockey sobre hielo, la NHL, aseguró ser «consciente» de la decisión tomada por la NBA y aseguró que está «evaluando las opciones» y que podría tomar una decisión sobre la continuidad de la competición este jueves.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
