Sociedad
La nueva directora del Instituto de la Mujer aboga por la penetración anal de los hombres para lograr la igualdad
Beatriz Gimeno será la nueva directora del Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades (IMIO), según anunció la ministra de Igualdad, Irene Montero. La que fuera presidenta de la Federación de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales llega al cargo rodeada de polémica por el radicalismo de sus ideas.
Su ideología le ha llevado a pronunciar discursos en los últimos años que podrían calificarse de homófobos porque tacha a los hombres de «opresores, violentos y promiscuos» o porque considera que la igualdad entre sexos pasa por «la penetración anal de los hombres».
Beatriz Gimeno también manifestó en su día que «la heterosexualidad no es la manera natural de vivir la sexualidad, sino que es una herramienta política y social con una función muy concreta que las feministas denunciaron hace décadas: subordinar las mujeres a los hombres».
En otra oportunidad, la nueva directora del IMIO subrayó que «en la mayor parte de los periodos históricos las mujeres, si hubieran podido elegir, hubieran escogido no mantener relaciones sexuales con los hombres, no vivir con ellos, no relacionarse con ellos».
Una de las frases de Gimeno que más repercusión tuvo fue su actitud ante la condena a prisión permanente revisable para el asesino de Diana Quer, «El Chicle». La ahora directora del Instituto de la Mujer, a través de Twitter, manifestó: «No queremos prisión permanente revisable. No queremos más presos ni más cárceles. Queremos cerrar cárceles y en algunos países se hace».
También contra algún miembro ha tenido palabras Gimeno durante los últimos meses. Uno de los más llamativos fue contra el presidente de Castilla- La Mancha, el socialista Emiliano García-Page, de quien destacó su «homofobia» por haber planteado pactos entre PSOE, PP y Ciudadanos para dar estabilidad a España: «Es que no se si se me entendió bien la primera vez. La homofobia de García Page da mucho asco. Que ande proclamando que prefiere un gobierno con el PP antes que un gobierno de izquierdas para la mayoría social algo tendrá que ver».
En su página web, además, tiene recopilados todos sus artículos, con frases como: «Siempre me pregunto qué ven los hombres cuándo nos miran. ¿Qué ven cuando miran a una mujer anciana, a una niña, a una joven? ¿Cuánto de diferente es lo que ven si miran a una mujer deseable que a una que no se lo parece? Lo que me pregunto es a si su mirada sexualizada sobre los cuerpos femeninos se extiende a todos los cuerpos o sólo a los deseables, si es todo el tiempo, si es siempre y si, en todo caso, hay resquicio para encontrar algo de humanidad en esa mujer que miran».
«Agenda sexual radical para las feministas heterosexuales»
Por si todo esto fuera poco, Gimeno indicó que no solo «las feministas lesbianas deben tener una agenda sexual cuestionadora del heteropatriarcado» sino también que las «feministas heterosexuales también deberían tener una agenda sexual radical».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
