Sociedad
La opinión sobre Pablo Casado de la fundadora de VOX Cristina Seguí: «Es el mejor preparado para vencer a Sánchez»
Creó VOX junto a Santiago Abascal y Ortega Lara, aunque luego salió no muy amistosamente y triunfa en televisión. Guapa, clara y contundente, ahora lo explica todo en una entrevista.
Fue la cara de VOX más llamativa, por hablar claro, ser muy guapa y salir de la nada para hacerse muy popular en poco tiempo con su manera de ser y comportarse. Ahora está fuera del partido, pese a que sería uno de sus mayores reclamos, y se ha hecho un hueco importante en las tertulias de radio y televisión por los mismos atributos que le llevaron a entrar en política.
Es Cristina Seguí, una mujer de ideas claras, sin pelos en la lengua, polémica y combativa, que en una larga entrevista con ABC explica todo desde sus orígenes hasta la actualidad. Habla de sí misma, de «su» partido, de los rivales, de Sánchez y de los candidatos de PP y Ciudadanos, con la sinceridad habitual: nunca hace rehenes.
Así, aunque sigue ensalzando a Santiago Abascal, señala a Pablo Casado como el político mejor preparado para medirse e incluso vences al líder socialista, aunque no se siente identificada con ningún partido «al cien por cien. Pero creo que Casado es ahora mismo el político más preparado aunque por un partido todavía trufado de marianismo», explica.
Menos complaciente se muestra con Albert Rivera, a quien afea con dureza su resistencia a entenderse con VOX. «Sigue caminando como un boxeador sonado, queriendo ser derecha a ratos mientras se inventa sufijos para aminorar el impacto. Es entonces cuando tacha de «inconstitucional» a un partido que se parte la cara por defender el orden constitucional y a la nación mientras se ofrece como un colegial a Pedro Sánchez, en cuyo partido hay más de cuarenta pactos municipales con ERC y JxCat, y del que huyen los hijos de los asesinados por ETA por sus llamadas a Arnaldo Otegi para negociar Navarra», afirma.
Y sobre VOX y Abascal, pone el ejemplo de la Comunidad de Valencia, con un «líder mediocre» llamado José Luis Llanos, como ejemplo de que el partido puede sufrir hasta desaparecer por mucho que ahora las encuestas le sonrían. Y desde el reconocimiento a Abascal, le lanza no obstante una pulla cargada de intención.
«Santiago Abascal es valiente, claro y arrollador en el discurso pero repetidor compañero de fotografía con Matteo Salvini, un tipo ferviente defensor de la independencia en Cataluña y el País Vasco que acaba de pactar con los anticapis de 5 estrellas», concluye.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
