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Europa

La policía analiza un posible trasfondo islamista en la toma de rehenes en Alemania

AGENCIAS

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La policía alemana desaloja estación de tren en Colonia.

La policía alemana apeló este martes a la colaboración ciudadana para esclarecer las circunstancias en torno a la toma de rehenes el lunes en Colonia, que obligó a desalojar durante horas la estación central de trenes en esa ciudad del oeste de Alemania, y de la que no descarta un posible trasfondo terrorista.

A través de su cuenta de Twitter, la policía de Colonia informa de que la investigación sigue en marcha y pide a testigos que pongan a disposición «fotos y vídeos que puedan tener una posible relación con lo ocurrido».

El jefe del operativo policial, Klaus Rüschenschmidt, declaró durante una rueda de prensa anoche que, según testigos que se encontraban en la calle, el autor de los hechos dijo a gritos pertenecer al grupo terrorista Daesh, es decir, al Estado Islámico (IS) antes de entrar en al farmacia donde tomó a una mujer como rehén.

En el lugar de los hechos, la policía encontró documentación perteneciente a un solicitante de asilo sirio de 55 años, «tolerado» hasta mediados de 2021, es decir, que no puede ser devuelto a su país por diversas razones, por ejemplo, humanitarias.

El propietario de la documentación es bastante conocido desde 2016 por la policía por diversos delitos como robo y amenazas.

Aun queda por esclarecer si los papeles pertenecen realmente al autor de los hechos, pero la posibilidad es muy elevada, señaló la policía.

El hombre resultó gravemente herido cuando agentes de una unidad especial irrumpieron en la farmacia, mientras que la rehén resultó herida leve.

Previamente, una adolescente de 14 años recibió quemaduras en un restaurante de comida rápida cuando el hombre lanzó un cóctel molotov.

La activación automática del sistema de agua contra incendios probablemente evitó males mayores al obligar al hombre, del que después se pudo determinar que llevaba consigo cartuchos de gas, líquido inflamable y un arma, a abandonar rápidamente el local, estiman las fuerzas de seguridad.

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España

Lo único bueno que nos trae Europa: retuercen el brazo a Sánchez para aumentar el gasto en Defensa

Redacción

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El portaaeronaves Juan Carlos I se renueva con 50 equipos para su nueva propulsión y 35.000 metros de cableado

La gran revisión del buque insignia ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas

Tras casi cuatro meses de trabajos, el buque insignia a L-61 Juan Carlos I estará puesto a flote este lunes 10 de noviembre, antes de iniciar las pruebas de mar previstas para la primera quincena de diciembre, según ha informado la Armada española.

El proyecto, uno de los más relevantes desde la entrega del buque a la Armada en 2010, ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas , reflejando la magnitud técnica y humana de la actuación. Los trabajos comenzaron el 17 de julio, con la entrada del buque en dique seco , y han incluido actuaciones críticas para garantizar su operatividad durante la próxima década.

El punto central de la modernización ha sido el reemplazo completo del sistema de propulsión, un proceso de alta complejidad que permitirá optimizar el rendimiento energético del buque. Se han desmontado los Pods existentes, desinstalado 48 equipos del sistema anterior e instalado 50 nuevos equipos para sustituir su propulsión de última generación.

El proyecto ha implicado el tendido y conectado de más de 35.000 metros de cableado —tanto de fuerza como de control— y la reutilización y reconexión de otros 31.000 metros ya existentes. Estas tareas aseguran la integración total del nuevo sistema y su compatibilidad con los sistemas eléctricos y de control del buque.

La inmovilización ha incluido un programa de trabajos de varada de gran envergadura: tratamiento de superficies del casco y la superestructura, revisión de hélices transversales, estabilizadores, anclas y cadenas, y la renovación de ánodos y sistemas de protección catódica (ICCP) . También se ha intervenido en el sistema antiincrustante MGPS, se han sustituido o revisado más de 200 válvulas de fondo y se han limpiado y pintado casi 80 tanques y sentinas.

Entre las labores más complejas destacan también las de mantenimiento de los grupos generadores diésel, que han sido sometidas a un «overhaul» completo para garantizar la confiabilidad y disponibilidad necesarias para alimentar los nuevos sistemas de propulsión.

Modernización total

El capitán de corbeta Héctor Arias Macías, jefe de Máquinas del buque, ha subrayado la importancia técnica y humana del proyecto: «La modernización efectuada en el buque se traduce en una mayor confiabilidad de los sistemas y en una mejora sustancial de las condiciones de vida a bordo».

Según explica, las mejoras en habitabilidad se reflejarán en «las zonas de esparcimiento, aseos y cocinas, que se han renovado por completo junto con las cámaras frigoríficas». Arias ha destacado además «la empatía y profesionalidad con la que todo el personal y las empresas implicadas han afrontado el proyecto», y ha reconocido que «ver al buque de nuevo a flote, tras cuatro meses en dique seco, listo para la siguiente misión, nos llena de orgullo e ilusión».

Imagen del L-61 al frente de un grupo naval

Imagen del L-61 al frente de un grupo naval. Armada Española

 

Por su parte, Joaquín Pery Bohórquez, jefe de programa de Navantia, ha subrayado «la magnitud de esta inmovilización, tanto en términos de empleo en la Bahía de Cádiz, como en el trabajo conjunto con la Armada para garantizar la plena operatividad del buque y la mejora de la habitabilidad para la tripulación».

Pery ha destacado que «han sido meses de intenso trabajo en los que Navantia se ha involucrado para entregar a tiempo y con la calidad que la Armada requiere», en una actuación que consolida la experiencia del astillero gaditano en el mantenimiento de grandes unidades navales.

El Juan Carlos I, puesto en servicio en 2010, es el buque de mayor tamaño y capacidad de la Armada Española, con una eslora de 231 metros, una cubierta de vuelo apta para aviones AV-8B Harrier II Plus y helicópteros, y capacidad para transportar un batallón completo de Infantería de Marina con sus vehículos y equipos.

Con esta modernización, el buque insignia de la Armada refuerza su papel como plataforma estratégica de proyección anfibia y aérea, preparada para afrontar las nuevas misiones nacionales e internacionales que le sean encomendadas.

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