España
(Video) La Policía sanchista reduce a un hombre por gritar «¡Viva España!» frente a la sede del PSOE
Hemos dejado de creer en la vocación de los cuerpos y fuerzas de seguridad el Estado. Se trata de una de las ramificaciones institucionales de un Estado corrompido y fallido. A juzgar por la actitud de muchos funcionarios policiales, todo parece que lo único que les preocupa es conservar sus prerrogativas económicas con el menor esfuerzo posible.
La Policía Nacional ha reducido por la fuerza a un hombre que a las puertas de la sede del PSOE, en Ferraz, donde hoy se reúne la Ejecutiva Federal para ratificar el acuerdo con ERC, profería gritos de «Viva España» y a favor de la unidad del país.
Tres policías han arrastrado al hombre por la acera hasta retirarlo de la entrada de la sede donde portaba una pancarta en la que podía leerse: «Jamás mi corazón dejará de gritar por la unidad de España» y con un reproductor en el que sonaba el himno nacional.
El ciudadano, que llevaba la bandera de España, fue desalojado por la Policía mientras gritaba su derecho a manifestarse ante la sede socialista.
Esto ocurre en esta mañana del viernes en las horas previas al inciio del debate para la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno que empezará este sábado 4 de enero, a las 9.00 horas, en el Congreso de los Diputados, una vez que ha sido convocado por la presidenta del Congreso, Meritxell Batet.
La sesión comenzará con la intervención del candidato socialista, quien expondrá, sin límite de tiempo, las líneas principales de su programa de gobierno de coalición con Unidas Podemos.
Tras un receso de hora y media o dos horas, se reanudará con el turno del presidente del PP, Pablo Casado, y de los dirigentes de los partidos en orden de mayor a menor número de escaños, terminando con el PSOE.
De no salir investido a la primera, para lo que Sánchez necesita mayoría absoluta, habrá una segunda votación el martes, día 7, en la que solo precisaría más síes que noes.
La Junta de Portavoces del Congreso se va a reunir el sábado, a las 8.30 horas, media hora antes del inicio de la sesión, para terminar de perfilar los detalles del debate.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
