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La respuesta de Zozulya a Íñigo Errejón por su tuit tras el Rayo-Albacete

Redacción

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El partido entre el Rayo Vallecano y el Albacete se suspendió en el descanso por consenso y “sin fisuras” entre el árbitro José Antonio López Toca y la Real Federación Española de Fútbol, debido a que “no se daban las condiciones necesarias” para jugar por los insultos recibidos por Román Zozulya, según desveló Víctor Varela, vicepresidente del conjunto manchego.

Eso generó un tuit de Errejón, líder de Más pais: “Con la afición del Rayo, con el antirracismo. ¿Cuándo se ha suspendido un partido en tantísimas ocasiones por insultos racistas? Por un fútbol que sea ejemplo, comprometido, solidario, sin nazis”

Y enseguida la respuesta de Tomeu Nadal, jugador del Albacete: “Sr Errejon, o damos ejemplo y paramos todo tipo de insultos o no avanzamos como país, y vosotros que queréis construir una España mejor (el Gobierno) deberíais ser los primeros en dar ejemplo ante cualquier acto de este tipo. Avanzar es importante”

Una parte de la afición del Rayo, la situada en el único fondo del estadio, cantó en reiteradas ocasiones durante la primera mitad ‘Roman Zozulya puto nazi’.

Los cánticos provocaron que el árbitro parara el partido en dos ocasiones durante unos segundos en la primera mitad para que se pidiera por megafonía el cese de los insultos. Ante la reiteración de los cánticos ofensivos, la segunda parte no se disputó.

«La decisión de suspender el partido la ha tomado el árbitro junto con la Real Federación Española de Fútbol, pero hay que decir que hemos contado con el apoyo de la Liga y el Rayo», dijo Varela, que destacó que con esta decisión se opta por «defender la integridad de las personas y los deportistas».

«Defendemos los valores del deporte y desde el Albacete estamos a favor de la suspensión, porque no se daban las condiciones para jugarse», confesó Varela.

Según el dirigente del equipo manchego Román Zozulya llegó «al vestuario afectado porque ha sido una situación dura para él».

«Desde que llegó al club ha tenido un comportamiento ejemplar, es un buen futbolista y quiero que pueda jugar sin tener ningún tipo de presión», señaló.

Ahora, tras la suspensión del partido al descanso, se tendrá que decidir qué ocurre con los segundos cuarenta y cinco minutos.

«La determinación la tiene que tomar la federación, pero no tenemos inconveniente en jugar los 45 minutos que quedan si se garantiza la integridad», concluyó Varela.

La historia de Zozulya con el Rayo se remonta a enero de 2017, cuando el ucraniano llegó cedido por el Betis. Unos días después de anunciarse su incorporación se marchó de regreso a Sevilla sin debutar, ni entrenarse con sus nuevos compañeros debido al rechazo que mostró la afición vallecana hacia él, al acusarlo de “filiación nazi”.

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

Redacción

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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