Sucesos
La situación por el fuego de Gran Canaria es desesperada: «Los vecinos temen perder sus casas y sus animales»
El nuevo incendio de Gran Canaria, que ya ha afectado a cerca de 1.700 hectáreas, está sin control y ha obligado al desalojo de unas 4.000 personas de cuarenta núcleos poblacionales, entre ellas el municipio de Moya. La situación de los vecinos es extrema, no solo “temen» perder sus casas, también sus animales.
La situación de los vecinos es extrema, no solo “temen» perder sus casas, también sus animales. “Algunos se los han llevado consigo, pero otros que cuentan con decenas de ovejas, les ha sido imposible. Nos ha costado convencer a muchos de que tenían que irse de porque querían quedarse con ellos”.
El viento ha sido uno de los principales causantes de que las llamas se hayan propagado y el intenso calor de hasta 32 grados a las 10 de la mañana, no ha ayudado. “Cambia de dirección y rompe los esquemas de los medios de extinción. Además hay barrancos y en la zonas de bosque hay mucho humo, lo que dificulta que los medios aéreos puedan entrar”.
Asegura que la “peligrosidad” es mayor que la semana pasada “ha vuelto a pasar, zonas quemadas han vuelto otra vez a ser quemadas y sus vecinos han tenido que ser desalojados, no lo entendemos pero está pasando”.
No lo entendemos pero está pasando
El alcalde de Moya ha puesto el acento en la solidaridad de los vecinos, siempre dispuestos a ayudar. “Es un municipio muy hospitalario, mi móvil no paraba de recibir llamadas de cómo podían ayudar, dónde llevar bocadillos para los desalojados. Es una muestra de cariño que en cierta medida ayuda a pasar estos momentos”.
Esta solidaridad se ha compartido además en las redes sociales donde muchos vecinos han puesto a disposición de los desalojados los escasos medios con los que cuentan. “Han ofrecido sus coches para trasladar pertenecías hasta los puntos de refugio en polideportivos y hostales o para acercar a vecinos desalojados hasta las casas de los familiares”, según ha explicado Adrián.
Otros vecinos han podido salir por sus propios medios de las zonas afectadas. Es el caso de Ana que explicaba cómo después de cerrar su casa y cargar sus pertenencias tuvieronq ue marcharse. «Los niños estaban muy nerviosos, pero nosotros como adultos, tratamos de mantener la calma».
El Ayuntamiento ha insistido en que no se acuda a las inmediaciones de la zona afectada por el incendio, para no entorpecer las labores de evacuación y actuación de los equipos de emergencia desplazados a la zona.
El fuego es «muy virulento», según ha declarado el presidente de Canarias, Ángel Víctor Torres, quien lo ha considerado como más grave que el de Artenara de la semana pasado, ya ha producido «un desastre» medioambiental y ha advertido del riesgo que supone que el fuego entre en el pinar de Tamadaba (noroeste de la isla), hacia donde se dirigen las llamas.
«Es una situación tremendamente complicada», ha dicho Torres, quién ha subrayado que el objetivo es preservar ante todo la seguridad de las personas.
En la extinción trabajarán por turnos entre 600 y 700 efectivos así como diez medios aéreos, entre helicópteros, aviones e hidroaviones y han sido cortadas once carreteras, todas las que conducen a la zona afectada.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
