Internacional
La taiga da otro bofetón a los calentólogos: en 35 años creció una superficie como la de España y media Francia

Un estudio científico certifica el crecimiento de la mayor masa boscosa de la Tierra y su desplazamiento al norte, aunque muy lento.
Expertos de universidades y centros de investigación de Estados Unidos, China y Portugal han confirmado que la cobertura arbórea boreal, el sistema boscoso conocido también como taiga, se expandió en un 12%, entre 1985 y 2020, lo que significa que en ese periodo ganó unos 840.000 kilómetros cuadrados, una superficie similar a la suma de España y la mitad de Francia.
El equipo investigador, dirigido por dos científicos de la empresa norteamericana terraPulse –dedicada a analizar datos satelitales de interés medioambiental y agroforestal– estudió la evolución del bosque boreal, que en las últimas décadas ha experimentado el calentamiento más rápido de todos los biomas forestales.
Los resultados se han hecho públicos en un artículo difundido por la web de la European Geosciences Union –la organización líder en Europa dedicada a la investigación en ciencias de la Tierra, planetarias y espaciales– en el que los científicos reconocen que han encontrado una expansión forestal de una magnitud inesperada.
Por supuesto, este dato contradice una vez más las predicciones más alarmistas sobre el cambio climático, que aseguraban que el aumento de temperaturas conllevaría un gran incremento de los incendios y la expansión de las enfermedades de los árboles, lo que haría descender el total de la masa arbórea.
Lo que sí se ha confirmado es otra de las predicciones catastrofistas, aunque con matices: la taiga se está moviendo hacia el norte, pero a un ritmo bastante lento, ya que el estudio ha certificado que en las tres décadas y media que abarca el estudio, este sistema natural se ha desplazado en 0,29 grados de latitud media, es decir, en 32,3 kilómetros, lo que supone menos de mil metros al año.
Estos resultados resultan muy significativos porque durante el último siglo la región boreal ha registrado el calentamiento climatológico más rápido de cualquier bioma forestal, con un aumento de más de 1,4 °C en la temperatura superficial anual. A pesar de ello, como se ve, la masa forestal ha crecido con fuerza.
Según el artículo, el bioma boreal es el bosque más extenso y ecológicamente intacto de la Tierra, cuya superficie forestal comprende un tercio del total mundial y representa el 20,8 % del sumidero global de carbono forestal.
Internacional
Ucrania: La guerra que China prefiere que NO termine

Hay una realidad incómoda que Occidente sigue evitando: no habrá salida a la guerra de Ucrania mientras China permanezca fuera del foco. Ignorar a Pekín no es un descuido diplomático; es un error estratégico de primer orden.
China no es un actor marginal ni un espectador neutral. Tiene intereses directos en el conflicto y los defiende con disciplina y sin escrúpulos. Habla con Putin, sostiene a Rusia y le proporciona el oxígeno económico y tecnológico necesario para que la guerra continúe.
Pero Pekín no quiere que Moscú gane, ni tampoco que pierda. Quiere que la guerra se alargue lo suficiente como para debilitar a Occidente, sin provocar un colapso ruso que altere el equilibrio que hoy le favorece. No busca una victoria decisiva, sino un desgaste prolongado que juegue a su favor.
Esa es la clave de la estrategia china: aprovechar la invasión rusa para ampliar su influencia global, erosionar el liderazgo estadounidense y remodelar el orden internacional, todo ello sin asumir el coste político ni militar de una guerra que otros libran por ella.
1. Mantener una Rusia dependiente, pero no demasiado fuerte
Los análisis coinciden: Pekín no quiere que Rusia se derrumbe, pero tampoco que salga reforzada de la guerra.
El resultado ideal para China es una “paz híbrida”: Rusia conserva parte del territorio ocupado, pero sin una victoria clara. Una Rusia derrotada podría implosionar; una Rusia victoriosa sería más autónoma, más peligrosa y menos manejable para China.
El cálculo es frío y cínico: mantener en el Kremlin un régimen antioccidental útil, pero económica, tecnológica y diplomáticamente subordinado a Pekín. Rusia como socio menor, no como igual.
2. Usar Ucrania para desgastar a Estados Unidos y Europa
Para China, la guerra es también una herramienta estratégica contra Occidente.
Pekín ve el conflicto como una forma eficaz de atar recursos militares, políticos y económicos de Estados Unidos y de la Unión Europea, debilitando su capacidad de actuación en otros escenarios clave.
Un Occidente dividido, una OTAN bajo presión y un acuerdo final favorable a Moscú serían una victoria estratégica para China: menos influencia estadounidense y un avance hacia un orden internacional cada vez más favorable a Pekín.
Cuanto más tiempo dure la guerra, más margen tendrá China para expandirse en el Indo‑Pacífico y consolidar su influencia en el llamado Sur Global.
3. Redibujar el orden mundial y diluir el poder de Estados Unidos
La retórica china insiste en un mundo “multipolar”, con la ONU como eje formal, pero con Estados Unidos claramente debilitado.
Xi Jinping repite ante líderes europeos su apoyo a un sistema internacional “centrado en la ONU” y a una globalización “multipolar”. En la práctica, esto significa reducir el peso de Washington y erosionar la arquitectura política y de seguridad construida por Occidente tras la Segunda Guerra Mundial.
Al promover planes de paz y llamados al alto el fuego —que evitan cuidadosamente exigir la retirada rusa—, Pekín se presenta como mediador global, especialmente ante los países no alineados, mientras protege los intereses de Moscú.
Ucrania se convierte así en un escaparate diplomático: China busca ocupar el espacio que antes dominaba Occidente.
4. Expandir su control económico sobre Rusia, Europa y la Ucrania del futuro
La economía es el corazón del plan chino.
Con Rusia, Pekín se ha convertido en su salvavidas. El comercio bilateral roza los 230.000 millones de dólares anuales; casi un tercio del comercio exterior ruso se realiza ya en yuanes, una moneda utilizada para esquivar sanciones.
China suministra componentes críticos de doble uso —microelectrónica, maquinaria industrial, piezas para drones— que permiten a Moscú sostener su maquinaria de guerra pese al aislamiento internacional.
Con Europa, Pekín actúa con cautela, pero con una amenaza implícita: sabe que puede infligir un daño económico muy serio a la Unión Europea. Por eso evita una ruptura frontal con Bruselas mientras se niega a presionar de verdad al Kremlin. Cada vez más líderes europeos reconocen que China es el eslabón débil —y no asumido— de la estrategia occidental sobre Ucrania.
Con Ucrania, China ya piensa en el día después. Se prepara para entrar en la reconstrucción, ganar contratos, influencia y presencia económica en una Ucrania soberana, pero lastrada por un conflicto congelado y por territorios aún disputados.
5. Apoyar a Rusia lo justo para alargar la guerra… sin cargar con la culpa
China juega a dos bandas.
En público, se declara neutral. Habla de diálogo y de paz. En privado, alimenta la capacidad militar rusa.
No exige la retirada de las tropas rusas. No condena la invasión. Xi promete a los europeos apoyar “todos los esfuerzos por la paz”, pero no altera en nada su posición real.
En el plano militar y tecnológico, Pekín ha compartido inteligencia satelital y ha multiplicado los envíos de componentes para drones, hoy esenciales para las operaciones rusas. Desde el verano de 2025, estas exportaciones se han disparado.
China avanza con cuidado: fortalece a Rusia lo suficiente para que la guerra continúe, pero evita un apoyo tan explícito que provoque represalias directas de Occidente.
El error occidental: excluir a China de la ecuación
Ninguna sanción importante ni ninguna propuesta seria de solución incluye de verdad a China.
Ese vacío es un error estratégico.
Pekín debe entender que su ambigüedad tendrá un coste:
- Un Occidente más cohesionado.
- Pérdida de socios comerciales.
- Exclusión de la reconstrucción de Ucrania.
- Quedar atrapada en una relación onerosa con una Rusia debilitada y dependiente.
- Y, finalmente, perder el acceso al petróleo ruso barato que hoy tanto le conviene.
Sin China, no hay solución.
Pero sin presionar a China, la guerra seguirá beneficiando al agresor.






