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Opinión

La “violencia sanchista” es peor que la “violencia machista”. Por Francisco Rubiales

Redacción

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En España se habla mucho de “violencia machista”, pero no se habla de la “violencia sanchista”, más grave y dañina, que se ejerce contra España, la democracia y el bien común cuando se indulta a delincuentes, se protege a los okupas, se facilitan los delitos de corrupción, se destruye a la clase media y se mal gobierna con totalitarios.

El asalto al Tribunal Constitucional que realiza en estos días el gobierno de Pedro Sánchez es «violencia sanchista», como también lo han sido decenas de abusos, arbitrariedades y puñaladas a la Constitución y a la decencia perpetrados por el sanchismo.

La peor de las violencias sanchistas ha sido, sin duda, la estafa a los españoles que ha hecho el gobierno al hacer justo lo contrario de lo que prometió a sus votantes. Cuando un gobierno hace lo contrario de lo que había prometido a sus votantes que haría, no sólo estafa al pueblo, al que sojuzga, sino que ejerce una violencia que anula la legitimidad.

La «violencia machista» produce algunas decenas de crímenes al año, pero la «violencia sanchista» está generando daños terribles en la sociedad española, entre ellos el desencanto ciudadano, odio a la clase política, ruina económica, extinción de las clases medias, rotura de la unidad nacional, desigualdad en el trato a las regiones y una cascada de daños colaterales como son el incremento de los suicidios, la pérdida de calidad en la enseñanza y la salud y el hundimiento de los valores fundamentales que sostienen la sociedad.

La estafa a los ciudadanos que está protagonizando Pedro Sánchez es violencia pura y uno de los crímenes más letales contra la democracia. El pueblo, al sentirse estafado por el gobierno, rechaza la democracia como sistema y se inclina hacia soluciones extremistas. Estafar al pueblo equivale a atacarlo y violentarlo.

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La hemeroteca está para destapar toda la bajeza de la estafa sanchista, que prometió a los ciudadanos, para que le votaran, que endurecería el delito de sedición, pero lo ha eliminado, que fortalecería la democracia, pero la está asesinando a puñaladas, que lucharía de manera implacable contra la corrupción y ahora despenaliza la malversación, generando una sucia impunidad en la clase política, que nunca pactaría con BILDU, pero lo ha hecho, que no gobernaría con Podemos, un partido que ahora se sienta en el Consejo de Ministros, y un largo etcétera de mentiras y engaños que han prostituido su campaña electoral y convertido en una estafa gigantesca su gobierno.

También dijo que sería implacable con los independentistas y que endurecería los delitos de sedición y rebelión, pero ahora los indulta, los mima y los beneficia. mas que a los que se mantienen en la lealtad y la decencia.

El recurso constante a la mentira y la compra masiva de medios de comunicación y de voluntades con dinero público también son violencia contra el pueblo, al que priva de conocer la verdad, todo un derecho sagrado en democracia. Cuando Sánchez apaga las luces de la información veraz, manipula y engaña con la ayuda de sus medios comprados y periodistas sometidos, está ejerciendo una violencia miserable y sucia contra la salud del pueblo.

En términos políticos y estadísticos, matar a la verdad y a los grandes valores, como está haciendo el sanchismo, es más trascendente que la violencia de género y produce más daños y muertes.

Esos medios comprados hablan a diario de la violencia machista y convierten cada asesinato de una mujer en una tragedia, al mismo tiempo que ocultan los asesinatos de hombres por sus parejas femeninas y los grandes pecados del sanchismo, como son su sometimiento a los golpistas e independentistas, sus mentiras y su demolición continua de la democracia.

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Sánchez es un estafador consumado y sin escrúpulos y él lo sabe y por eso teme que se hable de ese asunto porque constituye su peor mancha y su más sucio estigma antidemocrático. Estafa y ejerce violencia no sólo cuando hace lo contrario de lo que prometió a sus votantes, sino también cuando asalta el poder judicial para controlarlo y cuando coloca cargas de dinamita en los cimientos del orden constitucional español para cambiar el país y crear una tiranía en la que él sería el amo permanente.

¿Cabe una violencia mayor y mas trascendente en política que cambiar un país y liquidar su democracia en contra de la voluntad de sus ciudadanos?

 

Francisco Rubiales

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

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En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

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Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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