Sucesos
«La Zorra y Las Uvas». Juana Rivas pidió a su hijo que mintiera y dijera que su padre le pegaba y le tiraba por las escaleras
Juana Rivas, madre a la que el Gobierno indultó el verano pasado de un delito de sustracción de menores por el secuestro de sus hijos para alejarlos de su padre, forzaba a uno de los menores a mentir sobre su padre, a asegurar que este le golpeaba y le arrojaba por las escaleras bajo la amenaza de no dejarle volver a visitarle.
Lo ha desvelado el diario El Mundo, que ha tenido acceso a la sentencia del Tribunal de Apelación de Cagliari en la que se recogen las declaraciones del menor de los pequeños a su psicóloga, a quien confesaba que Rivas les obligaba a engañar al mundo sobre su padre.
«Tu padre te pega, te tira por las escaleras. Si no dices esto, no te dejo ir nunca más a Carloforte [donde él vive con su padre]», le decía. Además, el niño aseguraba que su madre le «obligaba a hacer vídeos» diciendo que su deseo era vivir con ella en Granada, no junto a su progenitor, Francesco Arcuri. «Mami me lavó el cerebro diciéndome mentiras de papá, que papá me pegaba, que no es verdad», aseguraba.
La sentencia, dictada el pasado 22 de febrero, confirma que el padre «es el único progenitor que garantiza» el bienestar de los menores que ambos comparten, aunque el mayor de ellos convive con su madre al tener 16 años y poder decidir al respecto. Aunque el menor sostiene que las versiones de su madre eran irreales, el mayor defiende que Rivas dice la verdad y asegura que Arcuri les maltrataba físicamente a ambos (algo que no han podido probar los investigadores y los forenses que han participado en el caso).
«Tu padre te pega, te tira por las escaleras. Si no dices esto, no te dejo ir nunca más a Carloforte».
Rivas chantajeó al menor
También sostiene que llegó a chantajear a su hijo pequeño para que enviara mensajes denunciando falsos abusos de su padre sobre él, retocando mensajes de móvil, con la amenaza de que, si no lo hacía, ella iría a prisión a causa de las pendencias judiciales.
El vástago menor sostiene que no compra la versión de su madre, aunque es cierto que en otros puntos de la investigación se aproxima a sus teorías, como cuando en noviembre de 2020 sostuvo ante su psicóloga que su padre le tiraba por las escaleras «cinco veces por semana». Finalmente, tras ser cuestionado por la fiscal, admitía que esto no era cierto y que había declarado «inducido por su madre y por su hermano mayor».
En un momento del proceso, Rivas le llevó al menos a dos profesionales en Granada (una trabajadora social y una psicóloga) con el objetivo de que ratificarán sus versiones y convencieran al menor de la situación de maltrato que vivía, algo prohibido por los Servicios Sociales de Italia.
Por ello, para evitar nuevos intentos de la madre con fines manipulatorios, la jueza italiana ha prohibido a Rivas que en sus futuras Juana Rivas le pidió a su hijo que dijera que su padre le pagaba y le tiraba por las escaleras lo saque siquiera de la isla, y la obliga a permanecer allí cuando haga uso de su tiempo con el niño, muy limitado.
En España, la figura de Rivas ha sido defendida y premiada por el Gobierno, que en verano le concedía el indulto parcial a pesar de las dudas existente sobre su caso. La ministra de Igualdad, Irene Montero, llegó a tildar a la progenitora como una «madre protectora».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
