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Opinión

Las continuas traiciones del PP a sus votantes

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Tras el derrumbamiento de ese gigantesco cascarón vacío que era y es el PP, muchos simpatizantes y votantes, ahora ya ex votantes, queremos leerles la cartilla, y explicar en público las razones de esa pérdida de confianza, que se han ido ganando a lo largo de los años, con muchas ganas, encima.

El alejamiento total de las bases, en la creencia equivocada de que nuestros votos ya estaban seguros… Pues va a ser que no, que el voto es del votante, y no del partido al que anteriormente había votado.

En otras palabras, que no hay votos seguros, y que hay que trabajarlos.

La huida de los principios ideológicos. El derecho a la vida, primer derecho, pues sin él no existen todos los demás, para el PP no tenía ningún valor ni importancia, y se ha venido negando, en los siete últimos años, a modificar la infausta ley del aborto de un tal Zapatero, muy conocido en su casa a la hora de comer, y en Venezuela. ¡Y ya vemos cómo están los pobres hermanos venezolanos!

No derogar la ley de la desmemoria histérica –digo bien-, durante los cuatro años que tuvieron mayoría absoluta.

“Gracias” a esta complicidad de Rajoy con las izquierdas, se ha generado un clima de enfrentamiento guerracivilista, que posiblemente es lo que querían –y quieren- los partidos de izquierdas.

Rajoy, y las dos pedorras que le acompañaban en la dirección, abogadas del estado, pero pedorras –creo que no hay incompatibilidad entre lo uno y lo otro- pensaban que a los españoles solo les importaba la economía, pero ya se ha visto que no es así.

Pero es que, encima, nunca había estado tan mal el trabajador como durante el gobierno del PP, con una continua pérdida de derechos laborales, y lo que es peor, sociales.

No se ha querido reformar la Seguridad Social, pese a estar prácticamente en quiebra, pues eso iba a suponer la pérdida de varios millones de votos.

¡Pues para pérdida la actual, que han pasado de más de once millones a menos de ocho en 2016, y ahora escasamente a cuatro millones! Vamos, que de seguir así las cosas, se van a desintegrar en la reciente historia de España, como le sucedió en su día a la UCD.

La cobardía ante el problema catalán, aunque el asunto ya viene de lejos, pues Aznar ya decía “hablar catalán en la intimidad”, supongo que con su hierática esposa, defenestrando a Vidal-Cuadras de la dirección del PP catalán, entregando a varios millones de niños a una inmersión obligatoria en catalán en la enseñanza, que más que inmersión fue sumergirles totalmente en el idioma oficial del Principado de Andorra, con 30.000 habitantes, con lo cual se les aseguraba un futuro prometedor, etc.

Digamos que Rajoy ha sido un cobarde más, de esa derecha cobarde que es el PP.
¿Comprenden ustedes porqué me ha sido imposible votar al PP?

Pero lo que ya me produce desasosiego, por no decir descojono, es la “explicación” de que la culpa de que la gente no vote al PP la tiene VOX.

Y todo ello dicho por un Alférez de Complemento, elevado a General en Jefe, de una troupe que anda más despistada que un pulpo en un garaje.

En fin, con su pan se lo coman, y que les aproveche.

Como dice el refrán, “Quien no se consuela, es porque no quiere”.

Abogado y escritor.

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España

Se les acaba la alfalfa en el pesebre. Por Jesús Salamanca Alonso

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.«Es un hecho que la afiliación sindical ha descendido del año 2000 para acá; son los sectores de servicios los que acaparan mayor afiliación: educación, biblioteca, etc. Hoy no supera el 12-13% y bajando, según la OCDE»

El pesebre sindical se va quedando sin alfalfa. Al sindicalismo en desuso, consagrado casta y de buen vivir se le acaban los haces de alfalfa como a los aviones de ciertos países, que se van quedando sin queroseno de reserva. Sea por improvisación de los Gobiernos, mala gestión de las políticas o simplemente la conflagración de una guerra inesperada, el caso es que quienes comían ya no comen, al igual que los que vivían del lujo, malgastando fondos de la Junta de Andalucía o del Fondo europeo ya no vive igual y comprueba como Anticorrupción, la UCO o Hacienda le tienden trampas. Algunas iguales a las que tienden a los contribuyentes, que ponerlas las ponen.

Hacienda, la UCO y la Fiscalía Anticorrupción lleven a cabo una investigación en profundidad sobre la opacidad del patrimonio sindical y, en algunos casos, el de los líderes que llevan años enclaustrados con tumbona, porrón, cacahuetes y naipes de ocio alargado. Algunas sanciones a esos sindicatos machistas, privilegiados y casta se han pagado con patrimonio sindical, cuando las sanciones han sido aplicadas por la mala gestión efectuada. No echen en saco roto cómo uno de esos sindicatos amamantado por el Erario Público pagaba a su gente viajes al Caribe con cargo de los fondos que recibía de la Junta de Andalucía. Investiguen, investiguen, verán como no es necesario que me retracte.

Durante muchos años han vivido de los presupuestos y del dinero público. Ahora parece que el grifo se queda sin agua o tiene fugas por otros sitios. Grifo sin agua y vaca sin leche ya se sabe. Han tirado tanto de la ubre que no da más de sí. Están obligados a pedir perdón a los trabajadores por usos y representación fraudulenta. En España, entre los trabajadores de 25 a 44 años, está afiliado a un sindicato el 18% de los empleados a tiempo completo. Parece que ese porcentaje desciende al 10% entre los trabajadores que trabajan parcial. Es un hecho que la afiliación sindical ha descendido del año 2000 para acá; son los sectores de servicios los que acaparan mayor afiliación: educación, biblioteca, etc. Hoy no supera el 12-13% y bajando, según la OCDE.

«Más allá de su función institucional (…), el grado en que los trabajadores deciden afiliarse a un sindicato refleja su nivel de identificación con estas organizaciones y la capacidad de éstas para atraer y retener nuevos miembros. En los últimos años, diversos estudios han señalado un proceso de debilitamiento de la afiliación sindical en muchas economías avanzadas, especialmente entre los trabajadores más jóvenes y aquellos con trayectorias laborales más inestables». Eso se debe a una transformación estructural del mercado de trabajo, el aumento de la temporalidad y una mayor rotación en el empleo, así como por los cambios habidos en las relaciones laborales.

El nivel de identificación en España con este tipo de organizaciones no supera el cuatro por ciento. Están obligados a cambiar su estructuración, su dedicación al afiliado o usuario y a un aumento de las exigencias para la mejora de sus servicios. El gran logro del siglo XXI se habrá alcanzado cuando aprendan a mantenerse con sus propios presupuestos para ganar independencia respecto al Estado. Ahora es ese momento: vivir de sus afiliados y mantener sedes y servicios de ellos, ajenos al Estado y a las empresas. «Han vivido del robo y la venta de los trabajadores y se han dado lujos de los que se privaban los trabajadores: mariscadas, vicios mayores, orgías a destiempo, etc.», dice E. San Román, afiliado hasta su desengaño.

Ahora empezarán las huelgas que llevan años sin hacer porque, estando lleno el buche, no dan ganas de algaradas ni de quema de contenedores. Les interesan más sus intereses y llenar sus bolsillos que las necesidades de los trabajadores. Movilizaciones las llaman, pero solo recurren a ellas si les tocan el bolsillo. ¡Vividores a trabajar! Castilla y León se han comprometido a quitar las subvenciones a los sindicatos y a enseñarlos a vivir de lo que generen. Ya lo hizo en la legislatura anterior, pero solo mientras VOX permaneció en el Gobierno. Si se ha hecho en casi todos los países, ¿por qué en España seguimos sin evolucionar, pringados en naftalina y con estructuras sindicales anquilosadas? A Alfonso Fernández Mañueco le hemos dado un plazo prudencial para cerrar el grifo de las subvenciones inútiles, que las hay, y muchas. Si no lo lleva a cabo tendrá que soportar movilizaciones de la ciudadanía que produce y si no, al tiempo.

Mientras este tipo de sindicatos no cambie y se modernice, solo merecen patatas cocidas (marraneras) y no tantas gambas. ¡Ya está bien de fiestas! Para el 1º de mayo ya está organizado el comité de seguimiento para comprobar cómo desciende el «montante gambeto» de España. Contabilicemos gambas y liberados.

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