Opinión
Las Fuerzas Armadas han vendido, y perdido, su alma. Por el Teniente Coronel Francisco Bendala Ayuso (R)

[D]os hechos, no por esperados menos dolorosos, avalan el título de este artículo. Uno, la retirada odiosa y vengativa, ruin y miserable, de la estatua del Comandante Franco en Melilla… sin que no haya habido un solo legionario, de su actual General Marcos Llago hasta el último «legia», que se haya opuesto; estatua levantada a Franco Comandante en honor a su actuación en la salvación de la ciudad de la carnicería que se le venía encima en 1921. Dos, la orden del Ministerio de Defensa de borrar de la base de datos de «Efemérides» toda aquella que tenga que ver con la contienda 1936-39 y con la División Azul, sin que haya habido un solo militar, del JEMAD al último soldado, que se haya opuesto. Quede claro: los dos hechos a los que nos referimos como avales del título de este artículo son los dos silencios cómplices, cobardes e infames de nuestros «militares»; de los promotores de los sucesos no otra cosa se podía esperar.
Con esos bochornosos silencios, con esa indigna sumisión, que no disciplina, con esa inhibición, con esa complicidad, las Fuerzas Armadas han vendido, y perdido, su alma.
Porque la milicia tiene sus raíces en sus héroes y en sus hechos, en sus ejemplos, y en sus tradiciones seculares. Sin esos héroes, sin sus hechos y ejemplos, sin esas tradiciones, las raíces se secan y ya no queda sino un atajo de funcionarios que están en la milicia como podían estar en cualquier ventanilla de la Administración poniendo matasellos; es más, muchísimo más dignos son éstos que aquellos por razones obvias.
La guerra de Marruecos está grabada en nuestra milicia a sangre y fuego. Fue la cuna, la forja y la escuela de una pléyade de mandos y subordinados que no sólo lo dieron todo por el honor de España, sino que se cubrieron de gloria hasta lo indecible. Son una de las raíces más profundas de nuestra historia patria y militar.
Las Fuerzas Armadas españolas, las únicas posibles y verdaderas, liderando al único y verdadero pueblo español, fueron las que se alzaron el 18 de Julio de 1936, no contra la República, sino contra el Frente Popular, contra la antiEspaña, contra la sovietización de la nación, por su libertad, unidad, soberanía e independencia, contra los sin Dios, en Cruzada contra la Revolución. La prueba es que mantuvieron las raíces, las tradiciones tanto en lo interior como en lo exterior, recuperando aquellas que habían sido prohibidas. Por el contrario, en el otro bando, las fuerzas armadas se sometieron voluntariamente por sumisa disciplina a ideas, usos, formas y abusos extranjeros hasta lo ridículo: el saludo puño cerrado a la sien, los grados y divisas soviéticas, el juramento marxista, el sometimiento a los mandos rusos y mucho más. Por ello no fueron españolas, sino marxistas-leninista, revolucionarias, rojas, extranjeras.
Al tiempo, y como no podía ser de otra forma, los mandos y subordinados nacionales dieron al mundo un ejemplo máximo de bien hacer militar superando incluso a las de aquella época en que en el imperio español no se ponía el Sol, protagonizando la mayor ocasión, superior a la de Lepanto, que vieron ni verán los siglos. Los otros, vulgar horda asesina.
Los militares de hoy, con los dos silencios citados, y cientos más en las pasadas décadas, caídos en la autocomplacencia, aburguesados, adocenados, yertos ante la destrucción de la patria por un erróneo concepto de la disciplina convertida en sumisión y una absurda neutralidad hecha sinónimo de inhibición, han vendido y perdido su alma. Ya no son Fuerzas Armadas españolas. Digan lo que digan.
Francisco Bendala Ayuso, 62 años, segoviano, católico cabal, Tte. Col. de Infantería en la reserva, piloto de helicópteros, oficial de Inteligencia, varias veces destinado en el extranjero, gestor administrativo, apasionado por la Historia.
España
Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».
Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.
Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.
Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?
Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.
Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.
En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.
Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.
Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.
Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.
El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.
Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.






