Internacional
Las Universidades británicas, empeñadas en fabricar idiotas: Varias universidades del Reino Unido piden que no se penalicen las faltas de ortografía para no ser “elitistas”
La Universidad de Hull considera que exigir un buen inglés hablado y escrito podría considerarse “homogéneo, del norte de Europa, blanco y masculino”
Con esta medida, el centro busca “eliminar las barreras al aprendizaje” de los estudiantes de diferentes orígenes y realizar “evaluaciones inclusivas”
La ministra de Universidades, Michelle Donelan, considera que esta medida “reducirá los estándares” y “nunca ayudará a los estudiantes desfavorecidos”
Al menos tres universidades británicas han decidido que las faltas de ortografía, gramaticales o de puntuación no penalicen en los exámenes de algunos grados, con el objetivo de realizar “evaluaciones inclusivas” y “eliminar las barreras al aprendizaje” de los estudiantes de diferentes orígenes, además de para reducir las tasas de abandono de aquellos que proceden de entornos más pobres o con dificultades con el lenguaje, según ha informado la BBC y ‘The Sunday Times’.
La Universidad de Hull, una de las que ha decidido realizar este cambio en su enseñanza, considera que exigir un buen inglés hablado y escrito podría considerarse “homogéneo, del norte de Europa, blanco, masculino” y “elitista”.
“Como universidad, estamos comprometidos a eliminar las barreras al aprendizaje, aumentar la movilidad social y brindar oportunidades a estudiantes de todos los orígenes”, aseguró un portavoz de la Universidad de Hull.
“La inclusión es uno de nuestros valores fundamentales y creemos firmemente que todos, independientemente de su origen, deben tener la oportunidad de estudiar y tener éxito“, añadió el portavoz del centro, que dice en su propia web que es “una institución global” que da la bienvenida a personal y estudiantes de más de 100 países.
Además, según la Universidad de Hull, esta decisión “desafiará el status quo” al no insistir más en el dominio del inglés hablado y escrito en algunas materias y alentará a los estudiantes a desarrollar una “voz académica más auténtica” que “celebre, en lugar de oscurecer, sus antecedentes o características particulares”.
Otra de los centros en implantar esta medida es la Universidad de las Artes de Londres, que ha pedido a sus profesores “aceptar activamente errores ortográficos, gramaticales u otros errores del idioma que no impidan significativamente la comunicación, a menos que el informe indique que un lenguaje formalmente preciso es un requisito”.
La Universidad de Worcester también ha ordenado a sus profesores que evalúen a los estudiantes por sus ideas y conocimientos y no por la ortografía, la gramática y la puntuación, si no son “fundamentales para los criterios de evaluación”.
Controversia con la medida: “Eso nunca ayudará a los estudiantes desfavorecidos”
No obstante, la medida ha generado gran controversia entre la clase política. La ministra de Universidades, Michelle Donelan, ha asegurado que eliminar este requisito en la calificación de los exámenes es “reducir los estándares”, según recoge la BBC.
Donelan aseguró el pasado jueves en la Cámara de los Comunes que estaba “consternada por la decisión de algunas universidades de eliminar los estándares de alfabetización en sus evaluaciones”. “Creo que está mal orientado y, de hecho, está rebajando los estándares. Eso nunca ayudará a los estudiantes desfavorecidos. En cambio, la respuesta es elevar los estándares y brindar una educación de alta calidad”, afirmó.
Por otro lado, el presidente del Comité Selecto de Educación, Robert Halfon, describió la decisión como “condescendiente y contraproducente”.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
