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Opinión

Lógica aristotélica, no otra cosa

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La compleja problemática planetaria a la que se enfrenta la Humanidad es una cuestión lógica y derivada de la concurrencia de determinadas magnitudes, proporciones y progresiones.

Estamos en uno de los nueve planetas –de tipo medio- de los que giran en torno a una enana amarilla, el Sol, dentro de una galaxia, la Vía Láctea –de los millones que hay- que suma cerca de doscientas mil estrellas. Habitamos un planeta finito que flota en el espacio, una bola de tripas incandescentes, una esfera provista de una costra granítica de unos treinta kilómetros de espesor medio que contiene –a manera de bombón de licor- un magma a miles de grados y que tiene un radio de seis mil trescientos setenta y un kilómetros, un diámetro de doce mil setecientos cuarenta y dos, y un perímetro ecuatorial de cuarenta mil setenta y seis kilómetros. Habas contadas, se dice. He ahí una magnitud condicionante y contingente. No hay otra cosa.

Nos desenvolvemos en una capa –más condicionante y contingente aún- gaseosa y acuática, la biosfera, que envuelve nuestro planeta, adherida a él, y que supone una pequeña parte –muy pequeña- del volumen que se aprecia cuando se contempla el planeta azul desde la estratosfera. Otra magnitud mucho menor.

Esta fina capa, la gaseosa es de unos tres kilómetros de espesor -compárense con los 12.000 de diámetro- los que permiten la vida en la superficie terrestre –la biosfera aérea- y rodea enteramente la esfera planetaria y todo aparece azul y apetecible desde la distancia. La biosfera acuática salada ocupa un 70,9% de los 510.101.000 km2 –casi las tres cuartas partes- que tiene la superficie de la Tierra, por tanto, suma 361.661.600 km2.

Esa hidrosfera –la mayor reserva de biodiversidad- tiene una profundidad media de cuatro kilómetros, y con unas determinadas temperaturas que suponen 15º medios durante miles de años, se corresponde con una cantidad de evaporación que va a proveer de agua dulce regada en toda su superficie irregularmente y en forma de lluvia, granizo o nieve y que totaliza un 3% del agua total. No pasa de ahí. Son dos magnitudes: superficie y temperatura, una fija y otra variable.

Supone un equilibrio excepcional y muy complejo, que `produce unos resultados muy especiales. Otras superficies y otras temperaturas darían otras evaporaciones y otras precipitaciones diferentes. Nunca llovería a gusto de todos, sin duda, pero ¿qué tipo de vida se produciría o sería posible sólo con cambiar esa proporción en virtud de la progresión de una de ellas?

Tanto una biosfera –la aérea- como la otra –la que se desenvuelve dentro del agua-, insistimos, tienen un espesor medio que no pasa de tres kilómetros vivibles la primera y de cuatro la segunda, en los que es posible la vida. Cuando una se superpone a la otra, como es en el caso de los océanos en los que están los cuatro km de agua medios y los tres km de atmósfera, tenemos una biosfera de aproximadamente siete kilómetros de espesor medio, pero el volumen de ambas cabe muy aproximadamente en un cubo de 1.560 kilómetros de arista o lado (una vez y media la distancia lineal entre París y Viena) lo que, comparado con el perímetro de la Tierra de 40.000 kilómetros, es algo pequeño, delicado y frágil, a cuidar. Tan sólo una veintiseisava parte de ese perímetro. Piénsese lo que puede ocurrir cuando algunas magnitudes comienzan a variar la proporción en la que se desenvuelven con las otras.

En ambas biosferas se suceden fenómenos que facilitan la vida y el clima, como los vientos, las corrientes marinas, la lluvia y la nieve, las horas de sol (la constante solar) las temperaturas y los solsticios y equinoccios, que son otros fenómenos fundamentales y determinantes muy seriamente para la vida, marcando las estaciones del año en cada lugar, los efectos de la atracción lunar…

Pues bien, en estos momentos –en 2019- habitamos la escasa y limitada biosfera de la Tierra del orden de 7.530.000.000 seres humanos –una magnitud notable y en progresión exponencial- y cada año se suman, se suben al sistema Tierra unos 70.000.000 de habitantes netos (los que nacen menos los que mueren), que equivale a la población de Francia.

Cuando nací, hace 75 años, en 1944 éramos 2.250.000.000, un 30%. Menos de una tercera parte. Nos hemos triplicado en 75 años. Esta es una progresión relevante que hay que considerar. ¿Me explico? El agua dulce es la misma, la superficie del planeta es la misma… y por tanto tocamos a menos de todo. A una tercera parte de la que tocábamos entonces. ¿No es así? Hay razones sobradas para pensar en repercusiones antropogénicas sobre el delicado sistema derivadas de las malas conductas de tantos. ¿Quién piensa lo contrario?

Las glaciaciones eran, son y serán las glaciaciones. El agua en la Tierra es la misma, no se pierde, pero nunca será más, y la dulce, ese 3% del que vivimos, depende directamente de la climatología a la que afectan, sin duda alguna, las contaminaciones y esa sí puede disminuir de forma evidente e incluso drástica, o multiplicarse por cuatro desastrosamente.

Cuarenta millones de vuelos anuales, en progresión creciente y quemando queroseno y avigás a la peor altura y cada vez más baratos y fomentados es un suicidio, como los cruceros baratos y fomentados, quemando cada día 250 toneladas de crudo supercontaminante, acabarán con la biosfera marina y con la aérea, y su biodiversidad –entre la que nos contamos- como los consumos de calefacción, aire acondicionado y transporte privado, y público, que en su día podrá remediar la fusión, no otra fuente de energía.

Digo estos ejemplos porque ambos son si no prescindibles, sí restringibles. El despilfarro es evidente, por la codicia. Llegarán las consecuencias, lo niegue quién lo niegue.

Es cuestión de capacidad y de volúmenes, es pura lógica aristotélica. Son magnitudes variables en algunos casos, en progresiones igualmente variables, que dan diferentes proporciones y que chocan entre sí, que se enfrentan y convergen fatalmente en un evidente rumbo de colisión.

Añadamos a eso la pobreza, el hambre, la pérdida de biodiversidad, los residuos, la escasez de tierra cultivable… Todo un asunto a tomar en serio, se le llame como se le llame.

El que diga lo contrario miente.

*Fundador y secretario general de DEYNA (1992). Miembro del capítulo español del Club de Roma desde 1993

 

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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