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Opinión

Los abusos de la prisión provisional y el excesivo poder de los jueces de instrucción en España

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Recientemente hemos visto la absolución de un señor, después de estar casi dos años en prisión provisional, nada menos. ¡Y nadie se escandaliza, faltaría más, que estamos en España!

Aquí reinan la arbitrariedad, disfrazada de discrecionalidad técnica, la prevaricación administrativa y toda clase de injusticias, y no pasa nada. Y si pasa, no importa.

Como decía un secretario judicial de Teruel, “algo habrá hecho”, es decir legitimaba cualquier actuación injusta o arbitraria contra una determinada persona, basándose en sus antecedentes, conducta anterior, y posibles pecados que hubiere cometido, en su caso… ¡Y se quedaba tan pancho! Menos mal que no era juez o fiscal, sino solo secretario (Ahora letrado, suponiendo que no se haya jubilado ya).

Nadie se plantea exigir responsabilidades, por lo menos disciplinarias, a ese juez que decretó la prisión provisional, y al fiscal –o acusación particular o popular- que la pidió, aunque en este caso creo que fue la fiscalía.

No solo eso, sino que la propia fiscalía, en lugar de reconocer públicamente su colosal error, en un gesto que les honraría, “amenaza” con recurrir la decisión, y prolongar por lo tanto el encausamiento de la persona absuelta, como si no hubiera tomado ración suficiente de esa pócima, más bien hiel, que llamamos “justicia”.

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Y la solución adoptada es la más justa y menos gravosa para el acusado. Peor hubiera sido que le hubieran condenado a una pena ínfima, con la que “cubrir” el expediente, y justificar su encarcelamiento preventivo, que ya sabemos que las Instituciones nunca se equivocan, y si lo hacen, aplíquese el artículo anterior, y todos contentos. (Todos menos el condenado, claro, pero seguro que algo habría hecho).

Esta forma de actuar no es propia de un verdadero Estado de Derecho, sino más bien de una satrapía medieval, donde ante cualquier queja o denuncia del Emperador (en este caso, USA), se arbitran las medidas más duras posibles, para que quede claro quién manda, y que nosotros no somos más que unos simples vasallos del Imperio.

Decía Napoleón, con todo su poder, que él realmente mandaba poco, pues quiénes realmente mandaban en Francia eran los Jueces de Instrucción. ¡Y, posiblemente, no le faltaba razón!

Hemos creado un órgano, muy útil y necesario, pero que a fuerza de alimentarlo, de darle más y más facultades, y de no controlar debidamente su funcionamiento, por mor de la “independencia judicial”, al final ha devenido en un monstruo.

Y lo mismo que digo es aplicable a la Fiscalía, incluso en mayor medida, al no ser “independiente”, sino meramente “autónoma”, aunque en los dos casos podríamos decir que ni lo uno ni lo otro.

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Quienes ostentan esos cargos y funciones, saben perfectamente hacia donde deben inclinar la balanza de la Justicia, por lo menos si quieren hacer carrera, y no pasarse la vida en los lugares más bajos del escalafón, en órganos unipersonales, codeándose con jueces y fiscales sustitutos, en destinos que nadie quiere.

En fin, termino ya, para no aburrir al personal, que tenemos que reflexionar para ver a quien votamos.

Dicen que el poder corrompe, y que el poder absoluto corrompe absolutamente. Aplicando el símil al poder judicial, ¿no les estará pasando esto mismo a muchos fiscales y jueces de instrucción, que “juegan” tan alegremente con el principal patrimonio de cualquier persona, que es su libertad, su reputación, su honor, su patrimonio?

Además de una forma absolutamente impune, ante el sacrosanto respeto a la “independencia” judicial y fiscal.

Independencia y Autonomía, sí, pero con sujeción a las responsabilidades disciplinarias y penales correspondientes.

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Abogado y escritor.

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

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En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

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Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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