Europa
Los ataques con ácido en Europa ya son una plaga

María Ángeles sólo se defendió del ácido cerrando los ojos. Enseña la foto de ese ataque sólo a escondidas, para que no la vea su hijo. Para protegerle. Su rostro bello se había derretido y estaba plagada de manchas rojas, puntos de sutura… «Ya han pasado cinco años y justo el mismo día del aniversario se graduó mi hijo». Ha rehecho su vida. Se ha recuperado de las heridas. Van tres operaciones. «Quizás este año la cuarta». El ataque fue en Madrid, en la calle Río Ulla, a las 10:35 horas del 20 de junio de 2012. Desde entonces, cientos de ataques en España, Alemania, Francia, Rusia, Bélgica, Portugal, Francia, Suecia, Italia y, por encima de todos, Reino Unido. Una pandemia.
Italia sigue los pasos de Inglaterra. En sólo cuatro años esta clase de agresiones se han triplicado, aseguran desde la Asociación SOS Stalking. De ocho casos en 2013 se pasó a 27 el año pasado. Y ya se derrumban los tópicos, las víctimas no son sólo mujeres. Martina Levato y Alexander Boettcher, dos milaneses sadomasoquistas de clase alta, decidieron «purificarse» y atacaron con ácido al ex novio de ella en noviembre de 2014.
En febrero han ratificado su culpabilidad: 12 años para Martina y 20 para el millonario Boettcher… Jaf Shah, director ejecutivo de la ONG Acid Survivors Trust International, sube la cifra y señala que «en Italia se han denunciado 35 crímenes de este tipo en 12 meses». Uno de ellos, el de la miss Gessica Notaro, que ha conmovido al país.Los atentados con ácidos o sustancias corrosivas, que pueden ser productos como ácido clorhídrico o, el más frecuente, ácido sulfúrico, se han multiplicado exponencialmente en Reino Unido y, muy especialmente, en Londres donde, en 2016, se denunciaron 394 casos de un total de 720 en el país; en 2015, 322; en 2014, 182, según la Policía Metropolitana. En 2017, la epidemia continúa. Resham Khan y su primo Jameel Muhktar venían, el 21 de junio, de celebrar el 21 cumpleaños de ella. John Tomlin, de 24 años, un muchacho blanco con tatuajes de lágrimas falsas fue el autor. Resham y su espíritu de superación la han convertido en una heroína en Londres. Las cifras colocan a la ciudad del Támesis como la capital mundial de este tipo de embestidas que, en muchas ocasiones, dejan ciegas a las víctimas, si el ácido cae sobre los ojos.
Invidente dejaron a Juan Pablo, doctor en Físicas. Gallego atacado en Valencia, le rociaron por error. La venganza era dirigida a otra persona. La sentencia judicial, de marzo de este año, indica las dimensiones de sus heridas de alma y las físicas. Lo que se sufre: «Hubo que colocar máscara facial… Se hizo necesario también el control evolutivo de los injertos por parte de cirugía plástica. Precisó de un injerto en el párpado inferior derecho. Mantiene tratamiento farmacológico con analgesia. Tardó 166 días en recuperarse de estas lesiones, de los cuales 34 fueron hospitalarios y 132 impeditivos para sus ocupaciones. Como consecuencia de todas estas lesiones: pérdida total del ojo izquierdo, pérdida de visión parcial del ojo derecho, cicatrices que le han obligado a llevar máscara facial». Todo sucedió en 2014 pero quien fuera un prometedor investigador del Instituto de Física Corpuscular del CSIC aún no se recupera. Padece «transformación persistente de la personalidad». Ánimo.
Esto va de Este a Oeste. En la periferia de Moscú, Vyacheslav Semyashkin vertió ácido sobre la cara de su novia Ekaterina Morozova en un ataque de rabia. Todo por una foto de un perro cuya custodia Ekaterina compartía con su ex novio. La chica había tomado una foto de la mascota cerca de la puerta del horno mientras bromeaba con sus amigas. Vyacheslav le pidió que no la compartiese con su ex. La veinteañera lo hizo y, al saberlo, su pareja le echó ácido a Ekaterina. Luego prendió fuego a la sustancia química con un encendedor y la sujetó para que no pudiera apagar las llamas. Las tétricas imágenes de la chica en el hospital con vendajes que cubren toda su cara, su pecho y sus dos brazos, conmocionaron a los rusos el pasado mes de marzo. Todo indica que el novio la retuvo hasta dos horas. Para que no recibiera tratamiento médico.
Y de norte a sur. George, de 26 años, y Angelina, 19, descansaban en el parque Berzelii, en el centro de Estocolmo, cuando un hombre vertió sobre ellos una botella de plástico de medio litro. «Me desperté con dolor, como si mi cara estuviera en llamas», soltó George, que fue trasladado al Hospital Universitario Karolinska. Ocurrió el 6 de junio de 2015. El agresor huyó rápidamente de la escena y desapareció entre la multitud. Ellos, inmigrantes rumanos, habían llegado a Suecia con la esperanza de mejorar su vida.
El 6 de mayo de 2017, el portugués Cláudio Gouveia, de 34 años, atacó en Portimão a Eleanor, británica, de 28. El hombre fue detenido días después en Funchal, acusado de intento de homicidio junto a un cómplice de quien obtuvo la ayuda para agredirla. Eleanor Chessell sufrió quemaduras de segundo y tercer grado en el 60% del cuerpo. Según fuentes policiales, el ataque se produjo por venganza a raíz de una ruptura. La joven era representante de viajes que se había trasladado incluso de ciudad debido al acoso de su ex pareja.
Jelle Frenken, holandés, roció con ácido la cara de Marina Tijssen, belga, limpiadora de 53 años que acabó en coma y necesitó decenas de operaciones para lograr una recuperación parcial. Frenken, ex empleado de la cadena de supermercados Delhaize, reclamaba a sus antiguos jefes una indemnización de 150.000 euros. Ante su negativa amenazó por correo electrónico que atacaría con ácido a los clientes. Incluso llegó a enviar por fotos de víctimas de otros ataques. Y el 20 de febrero de 2015 se ensañó con la inocente Marina. En octubre de 2016 el agresor fue condenado a 18 meses de prisión, y en mayo de este año el tribunal de apelación confirmó la condena «por torturas» y una indemnización de más de medio millón de euros. Jelle ha tenido la desvergüenza de apelar.
En Alemania, aún tiemblan por las cinco agresiones perpetradas por un anónimo ciclista que ya lleva cinco ataques con ácido desde diciembre. «Ropa oscura», es lo único que describe una de las asustadas víctimas, de 27 años, que sufrió heridas en el rostro en febrero pasado…
Y no es sólo cosa de adultos. En abril, un pequeño de 12 años fue detenido en Toulon, La Provenza, Francia, por intentar rociar con una botella llena de ácido clorhídrico a agentes policiales. Lo había lanzado desde una quinta planta. Dentro de su apartamento encontraron otro recipiente con la misma sustancia. Por suerte, el chiquillo no tuvo tino.
Ese mismo mes, en Logroño, otro ataque en España, sí tuvo consecuencias. Una mujer lanzó ácido a la cara de una vecina del número 4 de la calle Conde Superunda. Ésta padeció quemaduras de primer y segundo grado en el cuello, en el rostro, en la lengua, en los brazos y, otras aún más profundas, en el pecho. Se desconocen las razones del delito, sólo se sabe que la atacante se hizo pasar por cartera para entrar en el edificio. Este caso está pendiente de juicio, en el de Juan Pablo, el científico agredido en Valencia, la pena fue de 12 años para el sicario. En el de María Angeles, a su ex marido, le condenaron a 18 años y seis meses y a quien contrató él, a 13 años y seis meses.
La última víctima española evitó quedarse ciega por instinto. Como María Ángeles hace un lustro cerró los ojos. Lo hizo lo más fuerte que pudo.
(La Gaceta Europea)
España
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El portaaeronaves Juan Carlos I se renueva con 50 equipos para su nueva propulsión y 35.000 metros de cableado
La gran revisión del buque insignia ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas
Tras casi cuatro meses de trabajos, el buque insignia a L-61 Juan Carlos I estará puesto a flote este lunes 10 de noviembre, antes de iniciar las pruebas de mar previstas para la primera quincena de diciembre, según ha informado la Armada española.
El proyecto, uno de los más relevantes desde la entrega del buque a la Armada en 2010, ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas , reflejando la magnitud técnica y humana de la actuación. Los trabajos comenzaron el 17 de julio, con la entrada del buque en dique seco , y han incluido actuaciones críticas para garantizar su operatividad durante la próxima década.
El punto central de la modernización ha sido el reemplazo completo del sistema de propulsión, un proceso de alta complejidad que permitirá optimizar el rendimiento energético del buque. Se han desmontado los Pods existentes, desinstalado 48 equipos del sistema anterior e instalado 50 nuevos equipos para sustituir su propulsión de última generación.
El proyecto ha implicado el tendido y conectado de más de 35.000 metros de cableado —tanto de fuerza como de control— y la reutilización y reconexión de otros 31.000 metros ya existentes. Estas tareas aseguran la integración total del nuevo sistema y su compatibilidad con los sistemas eléctricos y de control del buque.
La inmovilización ha incluido un programa de trabajos de varada de gran envergadura: tratamiento de superficies del casco y la superestructura, revisión de hélices transversales, estabilizadores, anclas y cadenas, y la renovación de ánodos y sistemas de protección catódica (ICCP) . También se ha intervenido en el sistema antiincrustante MGPS, se han sustituido o revisado más de 200 válvulas de fondo y se han limpiado y pintado casi 80 tanques y sentinas.
Entre las labores más complejas destacan también las de mantenimiento de los grupos generadores diésel, que han sido sometidas a un «overhaul» completo para garantizar la confiabilidad y disponibilidad necesarias para alimentar los nuevos sistemas de propulsión.
Modernización total
El capitán de corbeta Héctor Arias Macías, jefe de Máquinas del buque, ha subrayado la importancia técnica y humana del proyecto: «La modernización efectuada en el buque se traduce en una mayor confiabilidad de los sistemas y en una mejora sustancial de las condiciones de vida a bordo».
Según explica, las mejoras en habitabilidad se reflejarán en «las zonas de esparcimiento, aseos y cocinas, que se han renovado por completo junto con las cámaras frigoríficas». Arias ha destacado además «la empatía y profesionalidad con la que todo el personal y las empresas implicadas han afrontado el proyecto», y ha reconocido que «ver al buque de nuevo a flote, tras cuatro meses en dique seco, listo para la siguiente misión, nos llena de orgullo e ilusión». Imagen del L-61 al frente de un grupo naval. Armada Española 
Por su parte, Joaquín Pery Bohórquez, jefe de programa de Navantia, ha subrayado «la magnitud de esta inmovilización, tanto en términos de empleo en la Bahía de Cádiz, como en el trabajo conjunto con la Armada para garantizar la plena operatividad del buque y la mejora de la habitabilidad para la tripulación».
Pery ha destacado que «han sido meses de intenso trabajo en los que Navantia se ha involucrado para entregar a tiempo y con la calidad que la Armada requiere», en una actuación que consolida la experiencia del astillero gaditano en el mantenimiento de grandes unidades navales.
El Juan Carlos I, puesto en servicio en 2010, es el buque de mayor tamaño y capacidad de la Armada Española, con una eslora de 231 metros, una cubierta de vuelo apta para aviones AV-8B Harrier II Plus y helicópteros, y capacidad para transportar un batallón completo de Infantería de Marina con sus vehículos y equipos.
Con esta modernización, el buque insignia de la Armada refuerza su papel como plataforma estratégica de proyección anfibia y aérea, preparada para afrontar las nuevas misiones nacionales e internacionales que le sean encomendadas.






