España
Los ‘bandazos’ de Sánchez desde julio hasta hoy: Así cambió su discurso de investidura para escalar a Moncloa
Más de doce horas de sesión es lo que ha durado el primer día del debate para la investidura del hasta ahora presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. En esta ocasión hemos podido ver a un Sánchez con una visión muy distinta de la que presentaba el pasado 23 de julio; día en el que se produjo la primera sesión del último, y fallido, debate de investidura del líder socialista. Una postura muy diferente, sobre todo, con respecto a los partidos independentistas catalanes, a los cuales necesitará el próximo martes para ser investido.
De hecho, el candidato respondió en la tarde de este sábado al portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, que cumplirá con el compromiso adquirido en el acuerdo de los socialistas y Esquerra y se creará la mesa de negociación entre gobiernos sobre Cataluña. Sánchez se plegó e hizo esta promesa tras escuchar la avertencia de Rufián.
«La comisión se va a crear, no vamos a tener por esta parte ese problema», djo Sánchez en su réplica a Rufián, en la que defendió la necesidad de dar ese «paso importante y necesario» y subrayó que su obligación es «hacer política». Además, en su segunda respuesta al portavoz de Esquerra, Sánchez insistió en que hay que «trascender los bloques» y del mismo modo que Rufián no le puede imponer el sentimiento independentista él tampoco el de ser español pero cree que entre ambos pueden lograr un «cambio de percepciones» y a eso están llamados. «Por nosotros no será», aseguró. «Siempre he hablado de «conflicto político», añadió.
Un tono diferente al del pasado 23 de julio, cuando, entre otras cosas, afirmaba a la bancada de ERC: «Tienen que reconocer que el problema en Cataluña es de convivencia, no de independencia. Nosotros queremos el diálogo dentro de la Constitución y del Estatuto de Autonomía. Desde el Gobierno de España van a salvaguardar el interés general». Un interés general y un respeto a la Constitución que ahora parecen haber sido tirados por la borda.
En cuanto al otro partido independentista catalán en úmero de votos, JxCat, se dirigió a Laura Borrás, aludiendo que «todos» tienen que hacer «propósito de enmienda» en los casos en los que las emociones sustituyeron a las razones o no se respetaban los argumentos del contrario, e insistió en la necesidad de encontrar el «equilibrio» y puntos de encuentro. Reconoció, además, que el «diagnóstico» es distinto, pero ha insistido en su «voluntad firme y honesta» de abordar esta crisis. «Le puedo garantizar que no sólo el PSOE, una amplia mayoría de españoles quiere de una vez por todas resolver este contencioso territorial, que así sea, y si no es esta legislatura que al menos lo dejemos encauzado», añadió. Borràs, de hecho, expresó haber notado «otro tono y otro talante’ en el candidato a la presidencia del Gobierno.
Algo que nada tiene que ver con el intercambio de opiniones que se produjo en julio. «Cuando salgan del laberinto en que se han metido, lleno de falsedades, mentiras y victimización, hablaremos al menos un lenguaje parecido (…) Pero no me hable de diálogo cuando Torra dice que lo va a volver a hacer. Se han instalado en la antipolítica, son inútiles desde el punto de vista parlamentario para defender los intereses y el punto de vista del pueblo catalán», llegó a afirmar Sánchez entonces.
Por cierto, las concesiones al independentismo catalán también han causado que el Partido Regionalista de Cantabria le haya retirado su apoyo; cuando en el anterior debate de investidura sí lo tenían. «Quiero decirle que el compromiso está garantizado y se va a cumplir lo firmado por ambas partes. Para nosotros también será importante el desarrollo de Cantabria. Agradezco el apoyo que nos van a dar», les dijo en julio Pedro Sánchez.
Finalmente, tras numerosas disputas dialécticas e intercambio de ‘recados’ entre Sánchez e Iglesias meses atrás, ahora sí se han puesto de acuerso. Ayer se fundieron en un abrazo al término de la réplica de Sánchez al grupo confederal en la que destacó el entendimiento entre las izquierdas para la coalición progresista y que resumió en una frase: «Bien está lo que bien acaba (…). Demostraremos que somos una izquierda que pudo gobernar y supo gobernar España».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
