España
Los fieles separatistas se desesperan: Alberto Donaire, un agente de los Mossos con diversas taras y problemas mentales, llama a la ciudadanía a una revuelta
Alberto Donaire muestra su decepción la enésima toma de pelo de los líderes independentistas.
Lo hemos venido contando en los últimos días, todo el asunto del escaño de Pau Juvillà era una performance más para llenar páginas de diario y horas de radio. Era muy evidente. Es la misma historia de siempre.
Y así ha sucedido. La imputada Laura Borràs, cuando ha llegado la hora de la verdad ha acatado la sentencia de la Junta Electoral. Pero es más, desde el pasado viernes ya el nombre de Pau Juvillà ya no figuraba en la lista de diputados de la CUP.
Hace justo una semana que la secretaria general del Parlament informó a la CUP que este mes de febrero ya no cobraría de la cámara catalana. Pero pese a ello, Laura Borràs decidió montar una performance para darse autobombo ante sus fieles.
Los fieles secesionistas de base volvieron ayer a comprobar como todo es una mentira, como todo es una forma de vida que pagamos todos los catalanes, y que genera en una parte de la sociedad catalana, la independentista, una gran frustración.
El agente de los Mossos,Alberto Donaire, ha vuelto a hacer una llamada a la revuelta civil, para alcanzar la independencia, es la enésima vez que este policía catalán lleva a cabo un mensaje incendiario en sus redes sociales.
«Hay que volver al aeropuerto, La Jonquera y Urquinaona, o no saldremos adelante. Esto sólo lo salva la sociedad civil. Desde abajo«, fue el mensaje que lanzo Donaire en sus redes sociales. Cabe recordar que aquellos días fueron jornadas negras, cargadas de una gran violencia. A eso quieren volver.
Este espécimen del que no se puede decir nada bueno, ha llenado de imágenes propias Internet, humillando aún más al cuerpo de Mozos de Escuadra -si ello fuera posible a estas alturas- y degradando su uniforme a la hez de los cuerpos armados de todo tiempo y lugar. Lamentable. Muy lamentable:
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.




