Sucesos
Málaga: Un subsahariano arranca parte del labio y de la barbilla a un turista de un mordisco sin mediar palabra
Agentes de la Policía Nacional investigan la «salvaje» agresión sufrida en Málaga por un turista noruego de 22 años al que un individuo le arrancó parte del labio y de la barbilla de un mordisco en mitad de la calle y «sin mediar palabra», según cuenta el diario Sur.
El suceso ocurrió la madrugada del pasado día 8 en la capital malagueña. El joven contó a los agentes que le atendieron que, cuando caminaba por la calle buscando su hotel, ya que se había desorientado, fue atacado de forma sorpresiva por un desconocido, que se abalanzó sobre él y le propinó un mordisco en la zona del mentón. La única pista que pudo aportar de su agresor fue que se trataba de un hombre de raza negra.
Tras pedir ayuda, el joven fue trasladado en una ambulancia al Hospital Clínico de Málaga, donde se le practicó una primera cura. Posteriormente, se le derivó al Regional (antiguo Carlos Haya) para que fuese asistido por especialistas en cirugía plástica y maxilofacial, ya que había que reconstruirle la zona amputada por el bocado.
El herido ingresó en el Hospital Clínico, aunque luego se le trasladó al área de Cirugía Plástica del Regional
El joven, de 22 años, estaba de vacaciones en Málaga con su familia y ya ha regresado a su país
Los policías y los sanitarios que lo atendieron se impresionaron al comprobar el cariz de la agresión. «He visto de todo, incluso heridas más aparatosas que ésta, pero provocadas por un mordisco… La verdad es que nunca», confesaba uno de ellos.
No en vano, ante el alcance de la lesión, los responsables de la Comisaría Provincial encargaron la investigación del caso al Grupo de Homicidios. Esa misma noche, la policía arrestó por otros motivos a un hombre que, por sus características físicas y su agresividad, podía encajar con los hechos descritos por el joven. Sin embargo, el herido no lo reconoció como el autor de la ataque.
Tras su paso por el hospital, la víctima decidió regresar a su país junto a su familia, con la que se encontraba pasando unos días de vacaciones en Málaga. De hecho, la policía tuvo que hacer gestiones a través de Interpol para volver a localizarlo con el fin de que ampliara su denuncia, aunque, al parecer, él rehusó hacerlo. Aun así, ante la gravedad de la lesión, la comisaría decidió continuar la investigación de oficio para tratar de esclarecer el suceso.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
