Sociedad
«Mamadrastra», un «influencer» contra las falsas denuncias de violencia de género
Carlos Berbell* (R).- En su cuenta de Twitter se identifica con el seudónimo “Mamadrastra”. No pone su nombre y apellido, para no dar facilidades al “enemigo” -la exesposa de su pareja-, se entiende.
“Mamadrastra” se describe a sí misma con la siguiente leyenda: “Un día conocí a un chico. Ese chico traía una niña. Esa niña traía una madre con ganas de dar guerra. Madrastra primeriza y superviviente”.
Se expresa a través de las redes sociales. En Twitter, en Facebook, en Instagram y en su propia página web, llamada así, “Mamadrastra: Madrastra no hay más que una”, que se está convirtiendo en un referente para otras mujeres, u hombres, segundas parejas de personas que tuvieron otras relaciones anteriores y que, de ellas, tienen hijos menores.
“Las mochilas”. En su caso, una niña de seis años.
“Mamadrastra” realmente se llama María. Es periodista, experta en comunicación institucional y guionista de televisión, según contaba José Antonio Gavira en su programa “Pasaba por aquí”, en Radio Castilla-La Mancha, donde la entrevistó el pasado mes de marzo.
En sus “posts”, bien escritos y de lectura ligera, “Mamadrastra”, que reivindica así el término tradicional de madrastra en sentido positivo, aborda toda la casuística a la que tienen que hacer frente las personas -hombres y mujeres- en su situación.
“Cómo solicitar el historial médico de tu hijo en el pediatra de cabecera?”; “¿A quién llama mi hijastra en mitad de la noche?”; “Progenitores Colombófilos: convierten a sus hijos en palomas mensajeras”; “¿Cómo nos enfrentamos al conflicto de lealtades?”; “El maltrato infantil en los divorcios: un problema social”; “Llegan los mocos, la tos y el perro”; “El alegato de mi hijastra en defensa de los animales”; “El rol de la madrastra: 4 grandes ventajas”; “5 cosas que mejoraría de los servicios sociales”, o “¿Profesión de la madre? Criminalizar gratuitamente al padre”, con algunos de los títulos que, desde mayo de 2017, ha venido publicando.
“Mamadrastra”, sin embargo, ha llamado la atención de las redes merced a su último “hilo” en Twitter.
Un largo “hilo” sobre lo sucedido recientemente a su pareja sentimental, quien fue detenido por una denuncia de su ex.
Pasó 48 horas en Comisaría, hasta ser puesto a disposición judicial.
Después, recobró la libertad.
Es la tercera denuncia que le pone, cuenta.
Las tres han sido archivadas.
Todo comenzó cuando su pareja solicitó la custodia compartida de la hija que tienen en común, hace 4 años.
ESTA ES LA HISTORIA
Voy a contar qué se siente cuando la Policía llama a tu puerta y escuchas: “Tenemos que detenerle por VG [Violencia de Genero]”. Eso lo dicen después de flipar un poco porque no saben si eres tú la que ha denunciado.
Es un día normal. Estás en tu casa con tu chico. Al principio no te lo crees. Les dices que no puede ser y apelotonadamente le cuentas la historia: que no es la primera, que ha denunciado por abusos, que está todo sobreseido, que es un divorcio complicado… No importa qué digas.
Le sacan de casa esposado. En el parque de la urbanización están tus vecinos, que ven la escena. Se hacen corrillos, miran…, llaman a los niños para que vayan con ellos. Esos niños que juegan con tu hijastra cada tarde.
Al salir ves 3 coches patrulla. Pocos para recoger pedazos.
Llegas a Comisaría, te informan, le hacen miles de cosas… y ya no le ves.
Llamas a su abogada y, mientras tanto, les cuentas todo lo que lleváis pasado: todas las denuncias, los problemas…
Pides que lo miren en el ordenador, como si ellos tuvieran las sentencias…
En la desesperación crees que vas a conseguir, al menos, que duerma en casa. Pero no…, tiene que pasar la noche en el calabozo. Les pides que le traten bien. Te niegas a moverte de ahí. Te rebelas. Pero da lo mismo.
No cambias nada.
Pasan las horas… Ella va a declarar, tú no la ves… La abogada por un lado, tú por otro… Todo es muy caótico. Lo único que sabes es que tú también quieres pasar la noche allí, pero cuando no bebes, ni comes y solo tienes nervios, recapacitas.
Quizás porque terminas entendiendo que no vas a conseguir nada y que al día siguiente tienes que estar descansada.
Y te vas. En un gesto de comprensión, es la Policía quien te lleva a casa. Les vuelves a contar por lo que estáis pasando y te entienden.
Lo ven diariamente, dicen, pero ellos no pueden denunciarlo. También ven lo contrario.
Ambas cosas muy duras.
Cuando llegas a casa ves que tus suegros han llamado varias veces para saber si vais mañana a comer a su casa. Tú también tienes varias llamadas. Como no es la primera vez que ocurre, están preocupados.
Tienes mensajes: por favor, decidnos que todo está bien.
También tienes llamadas y mensajes de tus cuñados. Intentas recomponerte para llamar y aparentar que todo está bien, pero que no podéis ir. Al final decides poner un mensaje: “estamos los dos con un virus, pero bien. Eso sí, la paella para el próximo finde”.
Queda creíble.
La casa se te cae encima. ¿Qué haces allí? Sabes que no vas a dormir. Llamas a tus amigos. Les cuentas, te desahogas, te escuchan, te animan…, y te dicen que algo tendréis que poder hacer. No entienden que, lamentablemente, puedes hacer poco.
Sin dormir casi, te plantas en comisaría. Y te dicen que no… que el juicio es mañana. Piensas que le dejarán ir a casa, pero no. Tiene que pasar otra noche en el calabozo. Ahí crees que vas a salir loca. Llamas a la abogada, te cagas en los muertos de todo el mundo…
Y te vas a casa. Nadie sabe lo lento que puede ser un segundo, un minuto… cuando estás en una situación así. Y pasas la mañana, la tarde y la noche. Tus suegros llaman a ver cómo va el virus, ofreciéndose a ir… Y tú te metes un diazepam y medio, y que sea lo que dios quiera.
Durante ese tiempo la cabeza te hierve. No paras de revivir lo que ha pasado. Lloras. Gritas. Gimes bajito de agotamiento. Piensas en todo lo que ha hecho, en todas las pruebas que tenéis…, piensas cómo estará, si comerá, si podrá hacer pis, si de verdad le tratarán bien…
Y llega el día, casi 48h después, y te vas como un zombi a la Comisaría.
Te dicen que ya no está allí, que le llevaron el día anterior a otra Comisaría, pero que es mejor que vayas a los Juzgados. Allí quedas con su abogada.
LE VE POR VEZ PRIMERA DESPUÉS DE 2 DÍAS
Y le ves pasar, esposado, bolsas en los ojos, el pelo grasiento, sin afeitar. Huele a toallitas, que le ha dado su abogada para que se asee. Y te dan ganas de gritar y liarte a hostias con todo el mundo.
Allí te enteras que ella ha resultado imputada en Comisaría y que no declarará para que no deduzcan testimonio.
“Si no declara, no declares, le dice [su abogada]. Lo importante es sacarte de aquí cuanto antes”.
Efectivamente, no declara, pero dice que es por miedo.
Tiene bien aprendido el papel.
Y se sobresee.
Y a casa.
A casa con la sensación de que eres un trapo y con una desolación como pocas veces has sentido. Llegas y te ven los vecinos. El portero. Pasas rápido. Ves los cuchicheos. Y llegas a casa, cierras la puerta y no quieres volver a salir a la calle.
Se ducha. Deambulas por la casa. Recoges lo que no has sido capaz de recoger. Lloras. Y piensas que quizás puedas hacer algo, cuando en realidad no puedes hacer nada. Aun así crees que ya ha terminado la pesadilla, pero no, porque al día siguiente tu hijastra quiere bajar a la urba.
Y sus amigas le preguntan por su padre, y ella dice que eso no ha pasado. Y las madres van a por ellas “porque nos vamos al cine o al parque o a casa”…
Y en dos días la relación con los vecinos y sus hijos cambia. Ahora eres un delincuente. Y tu vida no vuelve a ser igual.
Esta denuncia es solo una de las tres recibidas.
Todas sobreseídas.
Ninguna está en el 0,00X%, sino en el saco del 80% de sobreseimientos.
Esto no significa que este saco esté lleno de casos como el nuestro, pero tampoco que nuestro caso sea único.
Con esto solo quiero visibilizar el dolor que se siente y la desesperación cuando eres víctima de una denuncia de este tipo (oficialmente falsa o no) y el doble dolor que sufres cuando tienes que soportar que te digan que no es importante porque sois cuatro gatos.
Estos cuatro gatos (que no somos para nada cuatro) tenemos una vida, unos sueños, una familia, un trabajo, un entorno, unas amistades…, y nos merecemos, igual que los demás, que se nos dé medios para defendernos.
Y que se nos mire con respeto y sin sospechas.
En la lucha contra la Violencia de Género tenemos que estar todos a una, pero para proteger a las verdaderas víctimas hay que trabajar en la depuración del protocolo y de la Ley Integral contra la Violencia de Género.
No podemos seguir negando una realidad parapetándonos en una estadística.
Real, sí. Pero una estadística en la que todos los que están son, pero no estamos todos los que somos. Este hilo lo he escrito en honor a mi pareja: una gran persona y un gran padre.
P.D.: Todo este castigo comenzó en el momento en el que mi pareja solicitó la #custodiacompartida de su hija. Hace 4 años.
Nota: sé que hay gente riéndose por lo de imputada en comisaría. Dando por inválido todo el hilo por eso. Resultó imputada por su declaración en comisaría. La jueza la leyó y decidió imputarla. Lamento no expresar mejor estas cuestiones, pero no soy del gremio.
Gracias.
*Carlos Berbell es director de Confilegal
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
