España
Más de 30.000 ilegales fueron introducidos en España por Salvamento Marítimo en lo que va año
Salvamento Marítimo ha introducido en lo que va de año a 33.383 personas que iban a bordo de 1.689 pateras en la costa sur española, ha informado hoy el director de este organismo dependiente del Ministerio de Fomento, Ignacio López Cano, quien ha considerado esta cifra de un «nivel alto de éxito en cuanto a salvar vidas».
«Nuestra función es la de salvar la vida en el mar, no distinguimos entre razas ni causas, mientras estén en peligro nuestro imperativo moral es el de salvar. Estas personas merecen toda la atención que la dignidad humana requiere y que no se vulneren con ellos los derechos humanos», ha afirmado Ignacio López.
Ha añadido que la labor de rescate en el mar es tan importante como la que luego se hace en tierra, donde dice que debe prevalecer la calidad humana en el trato con las personas que llegan y que la sociedad debe valorar que este fenómeno es sin lugar a dudas un «drama humano».
Ignacio López ha recogido hoy en la capital malagueña un reconocimiento a la labor imprescindible de Salvamento Marítimo en la defensa de la vida en el mar otorgado por la asociación Málaga Acoge, cuyos socios han decidido por unanimidad nombrarle socio de honor.
La portavoz de Málaga Ahora, Ysabel Torralbo, considera «excelente» la labor de Salvamento Marítimo, de quienes dice no solo ser profesionales sino unas grandes personas de las que los propios migrantes cuentan cuando llegan a tierra que les han dado una buena atención y se siguen preocupando por su estado incluso después del servicio.
La presidenta de Málaga Acoge, Arantxa Triguero, ha entregado el reconocimiento a Ignacio López y ha aprovechado para reivindicar «que se tengan en cuenta los derechos de las personas que llegan» y que se les trate «con mayor dignidad» con la creación de centros de acogida y la activación de los protocolos pertinentes.
Además de las tareas de rescate, Salvamento se ocupa de la protección del mar contra la contaminación y el control del tráfico marítimo, aunque en los últimos meses se ha centrado en las numerosas pateras que han llegado a las costas españolas desde Marruecos.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
