Opinión
«Memoria histórica para dummies» Por Fátima Pellico

La piara zurda anda metida hace tiempo en una nueva versión de la Guerra Civil española, terminada en 1939,donde el bando republicano, incapaz de matar una mosca, no sólo gana la contienda con flores y abrazos sino que no represalia a nadie y España es la Arcadia 2.0.
No solamente no asesina a nadie sino que además nada de lo que acontece en la segunda República de criminal y violento ocurrió nunca. Es todo un invento de los militares para poder dinamitar la Sala de Espera de Dios que era España desde 1934 en adelante.
Los militares estaban deseando masacrar al pueblo, en una orgía donde las hienas sedientas de sangre se entregaban a bacanales dionisíacas tras afiliarse los colmillos a costa de seres humanos incapaces de defenderse y, claro está, de matar, violar, torturar, profanar primero.
Esos militares estaban, en esta versión remasterizada, encabezados por Franco, que tenía una gana de dar un golpe de Estado que no le cabía en la guerrera y convenció a todos de que era hora de convertir España en un río de sangre del pueblo. Porque sí, porque él lo valía.
Pero el pueblo, que no sabía de feminismo, transversalidad, ecología, migración, derechos LGTBIQ y bla bla bla todavía, pese a todo venció. Venció pese a enfrentarse a una máquina cruelmente diseñada para matar. Y venció con el amor, el feminismo y sus blablablas.
En la vida real, donde la Verdad siempre pervive pese a todo, Franco acabó uniéndose a la sublevación militar de los últimos y a raíz del asesinato de Calvo Sotelo, porque se dio cuenta de que la situación era ya insostenible y España era un campo de minas.
A la piara colorada le importa un ardite la Verdad. No le importa jugar con el dolor, la venganza, el rencor, es decir, con los más bajos instintos de la gente para reescribir la Historia y sembrar miseria y hambre por donde avanza. Tiene que ganar como sea donde no supo hacerlo, donde sus dirigentes los dejaron tirados y se pusieron a salvo.
La vida real no es como esas películas donde los republicanos eran unos angelitos, no. En la vida real hubo sufrimientos, asesinatos, miseria, etc., en ambos bandos, donde el republicano partía con ventaja.
Una guerra no es una guerra de almohadas. Es algo terrorífico, donde realmente hasta quien gana pierde mucho, a veces todo.
La torticera maquinaria de la piara podrá reinventar una meta historia de la Guerra Civil, podrá mentir cuanto quiera, pero su sarta de mentiras nunca jamás cambiará lo que realmente pasó, aunque le dé votos en las urnas.
Los votos de la ignorancia y el odio, astutamente usados.
Lo que pasó es que el bando nacional, con la inteligencia del General Franco a la cabeza, venció y erradicó al comunismo de España mientras ese mismo comunismo sembraba el mundo con cien millones de muertos.
Podrán mentir, durante años, gritando a los cuatro vientos sus calumnias pero, gracias a Dios, la Verdad es la que es.
Sapere aude.
Fátima Pellico
España
Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».
Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.
Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.
Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?
Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.
Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.
En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.
Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.
Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.
Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.
El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.
Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.






