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Opinión

Mi querida España, qué mal camino llevas

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En pocos días tuvimos dos sentencias del Tribunal Supremo, en teoría la “máxima” instancia Judicial, si no consideramos que el Tribunal Constitucional -del que he dicho muchas veces que, en pura lógica, debería ser una Sala más que “lidiara” lo que atañe a derechos constitucionales- pone en duda esa “supremacía”. Y ambas sentencias, en aras de una “unanimidad” a veces mal entendida para evitar el voto discordante, la polémica está servida.

La primera, la de la exhumación de los restos de Francisco Franco, sobre la que ya opiné en un artículo, dice ahora el gobierno que puede retrasar la su ejecución pese a haber cerrado al culto y visita el recinto de la Basílica, mientras el abogado de la familia anuncia que si el Tribunal Constitucional no contesta en el plazo de 48 horas, ya casi concluido, elevará el recurso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo y ya veremos en qué queda todo.

Respecto de la segunda, la relativa al juicio de los cabecillas del “procés” no huidos por el frustrado intento de golpe de Estado de 2017, mucho se ha escrito y dicho ya y más desde el pasado lunes, con opiniones encontradas sobre si lo sucedido en Cataluña en Octubre de 2017 fue rebelión o sedición, pasando por conspiración para la rebelión. Al final se impuso de nuevo la unanimidad y el “veredicto” fue sedición con el añadido para algunos de malversación de fondos y la consiguiente suspensión para ejercer cargo público durante un tiempo equivalente a las condenas. Una sentencia que ni respeto ni dejo de hacerlo -no tengo argumentos jurídicos para hacerlo-, pero que a falta de lectura detallada me rechina porque es lo que me pide mi conciencia, convencido como estaba desde mi modesta perspectiva de que lo visto y escuchado esos días en las calles y en el parlamento catalán eran merecedores de mayor castigo penal como, por otra parte, parece que pedía la Fiscalía, aunque en un supuesto sistema democrático y dentro de un Estado de derecho, no queda otra que acatarla.

Mención aparte merece el feo asunto de que se haya producido una nueva filtración días antes de hacer pública la sentencia, precisamente al diario El País, medio “oficioso” de los gobiernos del PSOE, algo que es más grave si cabe por tratarse de la máxima instancia de nuestra Magistratura que, supuestamente, debiera también ser la que transmitiera máxima seguridad de discreción. Y surge la pregunta obvia: ¿quién filtró la sentencia antes de tiempo? que tiene una respuesta aún más obvia: sólo pudo haberlo hecho alguien del entorno de los magistrados o, lo que es peor aún, alguno de ellos. Según avanzó al respecto El Confidencial “Marchena aseguró que no estaba ‘enfadado, aunque sí ‘disgustado’ por las filtraciones del fallo”, y añadía que “el presidente de la Sala Segunda tiene perfectamente identificado al filtrador, que sería una sola persona… y se trata de un miembro “progresista”del Tribunal Constitucionalque mantiene buena relación con algunos magistrados del juicio, que podrían haberle facilitado, como muestra de confianza y con exigencia de reserva, datos sobre el fallo final”. Ya veremos el recorrido que tiene este grave asunto y si conocemos la identidad del filtrador y del que se lo filtró a él por esa supuesta “confianza” aparentemente traicionada.

Otra de las cuestiones que han ocupado más tiempo en la crítica de la sentencia es que ésta se torció cuando el gobierno del Dr. Plagio cum Fraude, a través de la Abogacía del Estado sustituyó como representante en el Proceso a Edmundo Bal por Rosa Mª Seoane. El propio Edmundo Bal, hoy diputado de Ciudadanos lo aclara en una entrevista en Voz Populi: “Yo hice un escrito de sedición con violencia. Hice un borrador de rebelión, uno segundo con malversación y un tercero con sedición con violencia… porque me dijeron que tenía que hacer un escrito con el delito de sedición, y yo describí los hechos como yo entendí que eran: es decir, con violencia amparada en un delito de sedición. Y me amparé en la misma sentencia que ha utilizado el Supremo, a la que alude la juez Carmen Lamela para procesar a Trapero, Laplana y Puig por sedición”, añadiendo que su negativa a eliminar el agravante de violencia “es el motivo y única razón por la que me cesaron… me negué a quitar del escrito de acusación los hechos que se referían a la violencia. Hechos violentos que resultaban con toda claridad en la fase de instrucción de la causa”. Y apostilla: “Si a mí en aquel momento me dejan presentar ese escrito de sedición con violencia, en donde vaticinaba que la sedición y la malversación se encontraban en concurso medial con la sedición e intuía unas penas para Oriol Junqueras en torno a 16 años, hoy me hubiera dado la satisfacción de que el Tribunal Supremo me daba la razón a mí”. Es decir, que parece que la ausencia del término violencia es lo que ha determinado la diferencia de pena para el principal de los encausados, Oriol Junqueras, de 16 años a 13 y, supongo, que algo parecido se puede extender al resto de condenados. Entiende además Edmundo Bal, contra lo visto en algunos medios sobre el “enfado de la Fiscalía”, que ésta “se haya mostrado contenta con la sentencia” porque “Independientemente de la calificación jurídica, la redacción de los hechos es la del escrito de acusación.

Los hechos son los de la Fiscalía; un argumento relevante para que Pedro Sánchez no esté tan contento y triunfalista diciendo que ha ganado el escrito del Gobierno. No, mire usted, en la redacción de hechos ha ganado el escrito de la Fiscalía. En el escrito de acusación de la Abogacía del Estado no se hacía referencia alguna a hechos violentos. Pedro Sánchez engañó a la gente ocultando la violencia. La redacción de hechos probados es una derrota en toda regla”, y termina “si me hubieran dejado llevar el asunto, hoy hablaríamos de una sentencia que coincidiría al 100% en los hechos probados y en la calificación jurídica, y superaría solo por un poco la condena que se ha impuesto”. Creo que queda claro.

Por último me sorprende el rechazo de la petición de la Fiscalía para que los condenados no puedan acceder al tercer grado -creo que es el Art. 36.2 del C.P.- hasta haber cumplido la mitad de la pena para evitar que la Generalidad, titular de las competencias de Prisiones -otra cosa que nunca debió hacerse- pueda aplicar a los presos el régimen más favorable -en pocas semanas en algún caso- y que ahora queda en sus manos, aunque la decisión en ese sentido puede ser recurrida por la Fiscalía.

En definitiva, la interpretación y recorrido de la controvertida sentencia del TS dará mucho de sí en los próximos meses pero hay que destacar las reacciones que, desde el lunes, estamos viendo en las calles de las capitales catalanas y otros puntos y las declaraciones de los que dan cobertura desde las instituciones de la Generalidad a los condenados. Empezando por el presidente Joaquín Torra: “Lo volveremos a hacer” dando las “gracias por las movilizaciones contra la injusticia de la condena”.

Lo paradójico es que este cabestro, supuestamente máxima autoridad del Estado en la región y, por ende, responsable de que se cumpla la ley y se mantenga el orden, sea el mismo que enardece a las turbas que, en su salvajismo y conocimiento de que “su” autoridad los anima, se sienten impunes por los desmanes que convirtieron Barcelona en hogueras de mobiliario urbano y destrozos que han dejado más de cincuenta heridos en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Y por si hay duda se suma a la marcha que, desde Gerona, está cortando la AP-7, aunque ahora, en una estrategia más, pretende desmarcarse de la violencia que, después de animarla, dice que “no nos representa”.

Por su parte, la segunda “autoridad” catalana, Rogelio Torrent, presidente del parlamento cuya antecesora, la “pobre abuela” Carmen Forcadell, hoy condenada a once años y seis meses, proclamó el 27 de Octubre de 2017 la Republica “Guinnes” -56 segundos duró-, llamaba a salir a la calle para “hacer que la represión del Estado sea insostenible”. Y desde esa cárcel-hotel de cinco estrellas de Lledoners, entre visitas, el también condenado Junqueras dice que la sentencia “No es Justicia, es venganza”, mientras que su jefe, el fugado Carlos Pico del Monte, desde el palacete de Waterloo alardea sobre el Tsunami Democrático (TD) -término que anunció Jordi Cuixart durante el interrogatorio y que corresponde a una Plataforma que funciona desde una aplicación protegida, descargable en el móvil-. Lo llama “propuesta ingeniosa que les desborda -al Estado español-, como las urnas y como el propio TD”. Una plataforma más profesionalizada que los CDR y alentada por una cabeza política todavía desconocida ante la que el “aguerrido” ministro del Interior Fernando Grande-Marlaska, que ya quedó definido por su compañera de gabinete Dolores Delgado (“Lola bebe de mi copa”, decía el comisario Villarejo) parece tener más “energía” a la hora de abroncar las acciones de los suyos, como con la Guardia Civil tras detener a nueve CDR, que de enterarse de quiénes están detrás de ese movimiento violento que parece que surge de una reunión en Bruselas entre los ya citados Puigdemont y Torras y las también fugadas y ahora en Suiza, Marta Rovira y Anna Gabriel. Esperemos que esta vez, la Orden Europea de Detención que ha activado de nuevo el Juez Pablo Llarena, tenga efecto y la justicia belga cumpla con su obligación y detenga a los fugados para que sean juzgados en suelo español del que se les permitió escapar impunemente.

Y de aquellos polvos -y algunos más que el espacio limita-, estos lodos, como recordaba un buen amigo vía WhatsApp con unas acertadas preguntas: “1.- ¿Quién descafeinó la tipificación del delito de rebelión en la reforma del C.P. (artículo 217 – 1973)? El biministro Belloch, y el presidente González, en 1995. 2. ¿Quién eliminó del C. P. el delito de referéndum ilegal (artículo 506 bis)? El ministro Alonso y el presidente Zapatero, en 2005. Medida aprobada a final de 2003 y contribuyó frenar el plan Ibarretxe. 3.

¿Quién decidió entregar la competencia sobre las cárceles a Cataluña? El ministro Barrionuevo y, de nuevo, el presidente González, en 1983 y 4. ¿Quién decidió trasladar a los políticos independentistas presos a la cárcel de Lledoners, en Barcelona? El ministro Grande-Marlaska, y el presidente Sánchez, en 2018”, añadiendo para refrescar la memoria que “El elemento común a estas cuatro decisiones políticas es que fueron adoptadas por ejecutivos socialistas. Ahora que nos gobierna otro presidente socialista y que hay elecciones el 10 de noviembre NO VOTES PSOE”. Recomendación que suscribo y añado que el PP propone recuperar el delito de rebelión impropia para responder a la proclamación de independencia sin uso de violencia, que modificó el PSOE.

Claro que a fuer de ser ecuánime y siendo lo anterior incuestionable, respondía con un par de preguntas y su respuesta: 1. ¿Quién no modificó lo que González hizo mal? José Mª Aznar, que hablaba catalán en la intimidad. Y 2. ¿Quién no derogó la Ley de Memoria histórica, permitió dos referéndums y no aplicó bien lo que podía, convocando elecciones catalanas sin haber normalizado la situación, como dijo? Mariano Rajoy. Es decir, “entre todos la mataron y ella sola se murió” y ahora llegan los nuevos a repartirse los restos.

Por cierto, hablando de los nuevos, ¡qué fiesta sin la tía Juana!, me puede el “héroe” Santiago Abascal, que no perdió la oportunidad de desbarrar en la misma puerta del TS nada más publicarse el fallo: “Después de estudiar detalladamente la sentencia, que es algo que haremos en las próximas horas, recurriremos la misma”. ¿Encabezará VOX “también” el recurso de amparo de los condenados ante el Tribunal Constitucional y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos?
Y termino con estos versos de mi paisano Don Eufemio en el Blog del General Dávila: “Que fallido un Estado el que mantiene, /un país con Justicia de opereta, /que un día derrotó, dice, que a ETA / y que a su voluntad, servil, se aviene: / un país, lo dejó claro el poeta, / ¡Un país de charanga y pandereta!”.


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La ley de partidos de 2002 y la Constitución

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Para la aplicación correcta de la Constitución, de su contenido, se requiere la normativa habilitante y operativa. He aquí el instrumento quirúrgico, o escalpelo, para las extirpaciones tumorales.

Veinticuatro años después de promulgada y sancionada la Constitución española del 78 y bien conocido el paño, por mor de la financiación y los sucios trapicheos –que no por las desviaciones patentes hacia el delito de sedición y otros parecidos como la recolección de nueces tras el sacudimiento del árbol por el encargado- y lo que plantea la esperanzadora incidencia real de la reciente resolución del parlamento europeo de septiembre del 19 sobre los crímenes del comunismo, que tanto molesta a algunos bracicortos- se regula lo previsto en el artículo 22 de la Constitución, para su ejercicio real, en una ley de 27 de junio del 2002, que sucede, ya con práctica y experiencia de lo que algunos entienden por política, a la preconstitucional del 78.

Se considera lo que es democrático y lo que no lo es y se vinculan las actuaciones a lo que reza en el código penal, a efectos de responsabilidades e ilegalización y se hace de tal manera que pueda ser aplicado por los tribunales y se proceda a poner término a actuaciones delictivas -tipificadas en el articulado del Código Penal- vestidas de lagarteranas, muy especialmente la violencia, el terrorismo, las pretensiones delictivas y la imposición gratuita.

Todo ello en los diferentes y conocidos grados de tentativa, frustración o consumación, que no por ello dejan de constituir delito punible.

Esto se hace al margen de lo que entiendan por constitucional las buenas gentes que no lo son tan buenas, sino calificándolas arbitrariamente de tal, como vemos en demandas invocando v.g. la constitucionalidad del aborto, que bien pudiera invocarse para el crimen organizado y para los derrocamientos express, calificándolos de “usos y costumbres del lugar”.

Esto tiene efectos terapéuticos silenciadores de memeces, a la vez que se establecen mínimos básicos, tan básicos como que “la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento ni siquiera a los comunistas, por mucho que sea el resentimiento que les ciegue” y que la sala competente para ello –por la trascendencia del asunto- es una específica y especial del Supremo, según la LOPJ, que viene a significar “el Supremo en pleno”, cuya sentencia será ejecutiva desde el principio, sin apelación, salvo el amparo del Constitucional.

La instancia corresponde, como dice la Constitución, al Ministerio Fiscal o al Gobierno, por sí o a instancia, como decíamos ayer, de los más de 50 de Vox –entre otros- que ahora tienen cancha para invocar el asunto. Así que, adelante con los faroles.

 


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Decepción y desesperanza en España

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«Ahora mi optimismo está por los suelos. Hoy estamos todos hundidos en la mierda del mundo, y no se puede ser optimista. Sólo son optimistas los seres insensibles, estúpidos o millonarios. Hay basura en la calle, hay basura en las pantallas de televisión,… y hay motivos para ser pesimista»… Yo a veces digo, cuando me critican por ser pesimista, que realmente, no es que yo sea pesimista, es que el mundo en que vivimos es pésimo” José Saramago, Premio Nobel de Literatura

En estos tiempos tan oscuros que nos han tocado vivir, pienso que es bueno que alguna vez que otra nos tomemos un respiro y miremos hacia arriba. Contemplemos el lento y majestuoso devenir de las nubes, como se forman y desaparecen, sus cambios de forma y de color… Obviamente, aunque miremos el cielo, las cosas seguirán estando igual de mal, los políticos que nos malgobiernan seguirán siendo igual de golfos, nos seguirán estafando, seguirán robándonos… pero, desconectarnos por un momento aunque sea breve, alzar la vista, mirar al cielo hará que sintamos henchido el corazón, nos revitalizará para poder hacer frente a todo lo que nos está cayendo.

El cielo sigue siendo limpio, puro, libre… como dice el viejo poema tan lleno de rabia y frustración que escribió el poeta Ángel María Pascual en 1946:

A ti fiel camarada que padeces

el cerco del olvido atormentado.

A ti que gimes sin oír al lado

aquella voz segura de otras veces

Te envío mi dolor. Si desfalleces

al acoso de todos y cansado

ves tu afán como un verso malogrado,

bebamos juntos de las mismas heces.

En tu propio solar quedaste fuera.

Del orbe de tus sueños hacen criba.

Pero, allí donde estés, cree y espera

El cielo es limpio y en sus bordes liba

claros vinos del alba, Primavera.

Pon arriba tus ojos. Siempre arriba.

Eugenio D’Ors, que siempre admiró su elegancia, lo llamaba “el falangista de los zapatos de orillo”.

Su condición de falangista con tendencias más preocupadas por lo social que otra cosa, lo convirtió en una rara avis en el ambiente “franquistón” de la Navarra de posguerra. Los altos cargos de la prensa local acabarían por relegarle al cultivo de sus Glosas a la ciudad, con una responsabilidad limitada. Antes, había dirigido, el Arriba España, en la calle Zapatería de Pamplona, donde estaba y luego volvió a estar la sede del Partido Nacionalista Vasco.

A los falangistas los absorbió Franco con el señuelo de meter el yugo y las flechas en su simbología. Pero, nunca dejaron de ser vistos más como una amenaza para el régimen nacido de la guerra civil.

El poema de Ángel María Pascual es una llamada de auxilio, un sermón, falangista en el desierto, una homilía preñada de una extraña soledad y crudeza, e incluso escatológico (“bebamos juntos de las mismas heces”). Algo así como el “exilio interior” de Vicente Aleixandre, el de los que estaban en el bando vencedor, pero que sentían rechazo por el imperante estado de cosas.

Ángel María Pascual murió el día 1 de mayo de 1947, con tan solo 35 años de edad, y Eugenio d’Ors le dedicó un recuerdo en el diario Arriba que tituló Noches de Pamplona, noches del tiempo de la guerra. Eugenio D’Ors afirmó de Ángel Pascual que «era nuestro», «¿De un grupo, un partido? ¿De una ciudad? No. De una raza. De la raza de los cultivadores del amor en disgusto».

Pero, volvamos a releer el texto… ¿Cómo alguien puede escribir tal cosa después de ganar una guerra?

Cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial, enorme sensación de desengaño revoloteaba por encima de muchas cabezas pensantes de la sociedad española. Fue como si la nefasta y acomplejada desesperanza inoculada por la Generación del 98, tras la pérdida de Cuba y Filipinas volviera de golpe y porrazo, al ver el país nuevamente destruido en tan poco tiempo. Pero, lo que sí es evidente es que gran parte de los bandos contendientes coincidía en algo básico: La España que echó a andar, a principios del siglo XIX, achacosa, en declive… estaba abocada a morir. Nadie esperaba que España acabara rodeada de democracias liberales. Es más, gran parte de los españoles culpaban, no sin cierta razón, al liberalismo de los problemas de la España contemporánea, pues, no se olvide que siempre había logrado el poder en España a través de algún alzamiento militar.

Paradógicamente, el liberalismo era enormemente despreciado y, sin embargo, era lo que rodeaba a España por todas partes.

Cuando Ángel Pascual escribió su poema, la Falange había perdido trágicamente a sus mejores mentores. Franco comenzaba en plena guerra un experimento totalitario que, amén de amordazar lo que quedaba de la Falange dirigente, o sea, Manuel Hedilla (sucesor de José Antonio Primo de Rivera en la jefatura de la Falange, tras su asesinato en Alicante), también pretendió inmovilizar al carlismo, que era la organización civil que más había aportado al Alzamiento. Es más, posiblemente Franco no habría ganado la guerra sin los requetés. Su jefe, Manuel Fal-Conde, quien se opuso a la política de partido único, fue condenado al destierro y el patrimonio de la Comunión Tradicionalista fue secuestrado. Es muy posible que no les hubiera temblado el pulso a los militares sublevados contra el gobierno del frente popular, para haber acabado condenando a muerte a Hedilla y Fal Conde, pero no eran tontos y sabían de los perniciosos efectos que aquello podría acarrear.

Comunistas y socialistas, en cambio, esperaban una milagrosa intervención de la Unión Soviética que trastocase el signo de la guerra y convirtiera a España en una colonia del poder de Moscú. Y eso no pasó. En el ejército del frente popular hubo sangrientas divisiones. Todavía en la actualidad, comunistas y anarquistas se pasan la pelota sobre los crímenes de supuestos “incontrolados”. La influencia de Stalin fue tal que en España tuvo lugar una purga antitrotskysta dirigida por él, de la que fue víctima el Partido Obrero de Unificación Marxista a través de Andreu Nin. Hubo comunistas recalcitrantes que engrosaron las filas del maquis. Fueron terroristas que se encontraron con la oposición de un pueblo harto de comunismo y guerra, y en cuanto la URSS dio la voz, se bajaron del burro… los que se jugaron la vida en el frente fueron olvidados. Desgraciadamente, no fue muy distinto el bando nacional.

De todas maneras, el desengaño, la decepción y la desesperanza ya comenzaron en la II República. De los “republicanos del 31”, no quedó ni uno que defendiera el régimen al cabo de cinco años. Qué mejor que la famosa frase de José Ortega y Gasset, para definir aquella situación: “No era esto, no era esto”. Gregorio Marañón, Miguel de Unamuno y Juan Ramón Jiménez tuvieron opiniones parecidas. Alejandro Lerroux, uno de los más veteranos partidarios de la República, acabó abominando y apoyando al bando nacional, caso relativamente parecido al de Francesc Cambó. Era lo que Francisco Largo Caballero llamaba “la república burguesa”, ésa que había derribar con la bandera tricolor, para colocar solo la bandera roja de la Revolución que entonces preconizaba el PSOE amenazando con guerra civil desde 1933.

Por supuesto, como era de esperar, durante la postguerra, fueron muchos los españoles que la se olvidaron de la “política”. La cuestión era subsistir y levantar España. Peor o mejor, así se hizo.

En 1975, España era la novena potencia industrial del mundo y apenas tenía un 3% de desempleo, Aunque el régimen inoculara vicios que luego la partitocracia cleptocrática ha multiplicado desmesuradamente, lo que fue, fue, y no cabe discusión. El régimen del General Franco poseyó una inteligencia sociopolítica que no se puede negar. La justicia social se hizo real en muchos campos y se creó una clase media. El sistema educativo, aunque no poseía un buen aprendizaje de idiomas, era de los mejores de Europa. Si hacemos balance de lo conseguido desde entonces, solo cabe concluir que, el precio que se pagó para homologarnos con las naciones de nuestro entorno cultural y civilizatorio fue demasiado caro.

Durante los “cuarenta años” la Falange se deshizo tras múltiples divisiones y el carlismo poco más o menos. El régimen fue cercando a la oposición interior constructiva, a la vez que premiaba con prebendas a los que descaradamente se perfilaban como enemigos. Y, para más INRI, el clero dejaba de ser un asiento espiritual para convertirse en un puente al servicio del futuro poder.

Ahora que algunos dan la matraca con lo de la “memoria histórica”, viene a cuento recordar que en el bando nacional nunca sentó bien la muerte de García Lorca. Se reconoció como un error desde primera hora, no ya por los burócratas arrimados o por los “camisas nuevas”, sino por la gente de primera línea, que poco o nada tenía en contra de aquel genio de nuestras letras. En cambio, no parece que los que dicen ser herederos del frente popular estén por la labor de decir nada acerca de execrables asesinatos José María Amigo, o de José María Hinojosa (Amigo de Lorca y colega de la Generación del 27), del dramaturgo Pedro Muñoz-Seca, del ensayista Ramiro de Maeztu… O incluso de Melquíades Álvarez, que era un intelectual republicano liberal progresista… También callan acerca de, cuando las turbas revolucionarias de la Asturias del 34 destrozaron la biblioteca de la universidad de Oviedo, obra y gracia de la krausista Institución Libre de Enseñanza…

Aquellos miembros de ambos bandos, eran otros hombres, otra gente, hasta otra “raza”, independientemente de sus ideas políticas. No todos eran pesimistas o desengañados.

José Ortega y Gasset en Meditaciones del Quijote decía que «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo»

Aunque parezca una perogrullada, permítaseme que afirme que si yo hubiera nacido en cualquier otra familia, en cualquier otro lugar, en otro país cualquiera, en otra época; en la actualidad yo sería un individuo completamente diferente.

La circunstancia es el mundo vital en el que se halla inmerso cada individuo, y nunca mejor dicho, pues de un profundo e interminable “baño” se trata; el mundo físico, y la totalidad del entorno con que nos encontramos cuando nos llaman a la vida (cultura, historia, sociedad,…) La circunstancia de cada cual incluye el entorno material, físico, pero también las personas, la sociedad, la cultura; en los que y con los que el individuo habita. Pero no hay que olvidar que la circunstancia personal también incluye el cuerpo y la mente. Inevitablemente, para bien y para mal, nos es dado un cuerpo y un conjunto de potencialidades, habilidades, capacidades psicológicas, y todas ellas pueden favorecer o ser un obstáculo para nuestros proyectos, nuestro crecimiento personal; de la misma manera que el resto de los factores del mundo que nos ha tocado en suerte.

Estamos obligados a decidir, optar en el momento presente -y por supuesto, hacernos responsables de los resultados de nuestras acciones u omisiones- también en el porvenir, pero, planificar el futuro implica tener presente el pasado, no hay otra manera de existir y actuar en el momento actual.

El futuro que nos espera no es uno cualquiera, es nuestro futuro, el que nos corresponde a partir de nuestro ahora, del mismo modo que el pasado no es el de otras épocas, es la época de nuestros contemporáneos, la nuestra. En nuestro actual momento, tanto individual como social, impone inevitablemente su presencia nuestro pasado. “Nuestro tiempo es nuestro destino”, y no debemos olvidarlo.

Y, antes de despedirme, permítaseme otra reflexión:

Yo no soy responsable de las circunstancias que me tocaron en suerte cuando mis padres me llamaron a la vida, cuando vine a este mundo (tampoco ninguno de ustedes), pero si soy responsable de aquello que deje cuando me llegue el momento de marcharme. Todos podemos cambiar nuestro entorno, comenzando por nosotros mismos, humanizar el ambiente en que vivimos, es nuestro territorio de responsabilidad, y para ello no hacen falta fórmulas mágicas, solo gente de buena voluntad…Y, por supuesto, para cambiar el ambiente en que estamos inmersos, hay que empezar por uno mismo…

Y, como decía Ángel Pascual en su poema, desconectémonos de vez en cuando, aunque solo sea un momento breve, para alzar la vista, pues, mirar al cielo hará que sintamos henchido el corazón, nos revitalizará para poder hacer frente a todo lo que nos está cayendo.


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La ley de partidos de 2002 y la Constitución

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Para la aplicación correcta de la Constitución, de su contenido, se requiere la normativa habilitante y operativa. He aquí el instrumento quirúrgico, o escalpelo, para las extirpaciones tumorales.

Veinticuatro años después de promulgada y sancionada la Constitución española del 78 y bien conocido el paño, por mor de la financiación y los sucios trapicheos –que no por las desviaciones patentes hacia el delito de sedición y otros parecidos como la recolección de nueces tras el sacudimiento del árbol por el encargado- y lo que plantea la esperanzadora incidencia real de la reciente resolución del parlamento europeo de septiembre del 19 sobre los crímenes del comunismo, que tanto molesta a algunos bracicortos- se regula lo previsto en el artículo 22 de la Constitución, para su ejercicio real, en una ley de 27 de junio del 2002, que sucede, ya con práctica y experiencia de lo que algunos entienden por política, a la preconstitucional del 78.

Se considera lo que es democrático y lo que no lo es y se vinculan las actuaciones a lo que reza en el código penal, a efectos de responsabilidades e ilegalización y se hace de tal manera que pueda ser aplicado por los tribunales y se proceda a poner término a actuaciones delictivas -tipificadas en el articulado del Código Penal- vestidas de lagarteranas, muy especialmente la violencia, el terrorismo, las pretensiones delictivas y la imposición gratuita.

Todo ello en los diferentes y conocidos grados de tentativa, frustración o consumación, que no por ello dejan de constituir delito punible.

Esto se hace al margen de lo que entiendan por constitucional las buenas gentes que no lo son tan buenas, sino calificándolas arbitrariamente de tal, como vemos en demandas invocando v.g. la constitucionalidad del aborto, que bien pudiera invocarse para el crimen organizado y para los derrocamientos express, calificándolos de “usos y costumbres del lugar”.

Esto tiene efectos terapéuticos silenciadores de memeces, a la vez que se establecen mínimos básicos, tan básicos como que “la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento ni siquiera a los comunistas, por mucho que sea el resentimiento que les ciegue” y que la sala competente para ello –por la trascendencia del asunto- es una específica y especial del Supremo, según la LOPJ, que viene a significar “el Supremo en pleno”, cuya sentencia será ejecutiva desde el principio, sin apelación, salvo el amparo del Constitucional.

La instancia corresponde, como dice la Constitución, al Ministerio Fiscal o al Gobierno, por sí o a instancia, como decíamos ayer, de los más de 50 de Vox –entre otros- que ahora tienen cancha para invocar el asunto. Así que, adelante con los faroles.

 


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