España
Miguel Bernad, secretario general de Manos Limpias: «No me perdonan que haya sentado en el banquillo a la Infanta y que fuera condenada»
«Rebasé las líneas rojas y pagué por ello. No me perdonan que haya sentado en el banquillo a la Infanta y que fuera condenada». Son afirmaciones hechas hoy por el secretario general de Manos Limpias, Miguel Bernad, en el programa «Alt News», de Cadena Ibérica.
Bernad detalló su petición al juez para que investigue a Francisco González como presunto autor de delitos de cohecho continuado y administración de leal por “indicios sólidos y relevantes”. Unos hechos acaecidos tras la publicación de las grabaciones en las que Villarejo reconocía el espionaje para evitar que Sacyr tomara el control del BBVA.
En la denuncia, Bernad señala a Francisco González, a Julio Corrochano – director de Seguridad del BBVA – y a directivos de comunicación, otros responsables de Contabilidad y consejeros delegados que pudieran ejercer como cooperadores necesarios.
El secretario general de Manos Limpias afirmó en «Alt News» que “es un hecho constatado e irrefutable que los denunciados contrataron con fondos del BBVA a la empresa del ex comisario Villarejo, Grupo Cenyt, para investigar y espiar ilícitamente a rivales profesionales e incluso a miembros de instituciones del Estado”.
También dio cuenta del procedimiento iniciado por su asociación para la ilegalización de la CUP, así como de su denuncia ante el Tribunal Supremo contra la ministra de Justicia, «por conocer posibles delitos de pederastia de magistrados del Tribunal Supremo y de la Audiencia Nacional en Cartagena de Indias, Colombia, y no denunciarlo, bien a las autoridades o a las españolas, siendo por aquel entonces fiscal en activo».
Respecto al juicio que lo sentará en el banquillo de los acusados previsiblemente este año, Miguel Bernad anunció que había tomado medidas para evitar que los otros acusados alcancen algún pacto con la fiscalía para, a cambio de rebajarles las penas, acusarle a él».
En el espacio que conduce Santiago Fontenla también intervino el exfiscal zaragozano, Ramiro Grau, quien desgranó algunas de las supuestas irregularidades protagonizadas por jueces y fiscales.
ESCUCHE LA ENTREVISTA DESDE EL MINUTO 25:27:
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
