Opinión
Miguel Bernad, superviviente del tsunami mediático, carcelario y procesal
La criminalización, lapidación, injurias, calumnias, vejaciones y torturas sufridas por Miguel Bernad en la operación cloacas del Estado, como venganza por haber denunciado a la Hija del Rey Emérito y hermana de Felipe VI, supuso un tsunami para exterminar a Miguel Bernad y a la organización Manos Limpias.
Pero Miguel Bernad y Manos Limpias han sobrevivido a ese tsunami mediático, carcelario y procesal.
Las penas del telediario, seguidas con las injurias y calumnias de los tertulianos fulminaron el principio de presunción de inocencia, el derecho a la propia imagen, con el agravante de la propia imagen y el precio de seguridad jurídica.
Se agrava este tsunami mediático ante la imposibilidad de réplica por parte de Miguel Bernad al estar encarcelado.
El aparato mediático del sistema criminaliza y lapida con ensañamiento a Miguel Bernad, actuando de verdugos.
El periódico cortesano al servicio de la institución Monárquica, ABC, lideró la lapidación y criminalización de Miguel Bernad.
El ensañamiento mediático llegó al extremo de la publicación en uno de los diarios de mayor influencia nacional, la fotografía de la ficha policial de Miguel Bernad en portada.
El tsunami carcelario, se inicia con una prisión carcelaria de tres días en un calabozo de dependencias policiales, con una letrina obstruida y privándole de sus gafas de miopía “por riesgo de lesión”.
En esas condiciones, sin poder afeitarse, sin poder ducharse se le traslada a sede judicial donde ya estaba previamente firmado el auto de ingreso en prisión incondicional.
Ya dentro de la cárcel de Navalcarnero, el tsunami carcelario le obligó a limpiar letrinas y recoger colillas del patio, cuando el Reglamento Penitenciario, exime de estas labores a los mayores de 65 años (tenia 74 años cuándo me encarcelaron).
Se me trasladó en múltiples ocasiones esposado a calabozos de los diferentes juzgados para practicar diligencias donde Manos Limpias era acusación popular.
En sede carcelaria se me deniega dar clases sobre la Constitución Española, cuando se habían apuntado cien presos.
Estando en prisión, se le produce un desprendimiento de retina trasladándole al hospital y allí cuando es conducido en camilla y con el gotero en la camilla para ser operado, se le esposa por “riesgo de fuga”.
En la prisión me ubican en una celda con un interno con el sida y tuberculosis, a ver si con “un poco de suerte” me contagiaba, y dejaba de ser un estorbo para el sistema.
Dios y la Virgen del Pilar velaron por mi salud, además del constante apoyo de mi esposa, hijas, nietos, amigos, dirigentes y afiliados del sindicato Manos Limpias, etc.
Y el apoyo cada vez mayor de la opinión pública, y de algunos medios que siempre me han apoyado, y es justo reconocerlo: Alerta Digital, Alerta Nacional, Rambla Libre, El Correo de Madrid, La Tribuna de España, Mediterráneo Digital, y algún otro que ahora mismo no recuerdo.
Los desplazamientos al hospital para revisiones se efectuaron esposado y paseándole por las distintas dependencias del hospital ante las miradas de otros pacientes.
En la sala de curas éstas se efectúan con la presencia de pacientes menores de edad.
Durante mi estancia en la enfermería durante un mes tuve que estar boca abajo poniéndome las gotas para el ojo cada dos horas.
En tsunami procesal se desarrolló pleno de ilegalidad.
Se iban filtrando a los medios de comunicación datos del secreto del sumario, se aceptaron acusaciones populares espurias, se pusieron todo tipo de trabas a los abogados, se les llegó incluso a insultar, se incorporaron al sumario escuchas ilegales, se presionó a personas próximas a Miguel Bernad, se les impidió comparecer para declarar.
Finalmente, en el escrito de acusación del Ministerio Fiscal, se me pide 24 años y 8 meses de cárcel (noticia de telediario) como medida coactiva para obligar a Miguel Bernad a aceptar una sentencia de conformidad y así justificar los diez meses de prisión.
La petición de disolución del Sindicato Manos Limpias forma parte de ese tsunami procesal y tiene como objetivo exterminar y expulsar a Manos Limpias de todos los procesos penales en que había ejercido la acción popular, destacando los casos de los ERES de Andalucía y la querella contra la Infanta.
Se presione u ofrece sinecuras a algunos abogados de Manos Limpias, que desisten de continuar con las acusaciones populares que sosteníamos, en un claro alarde de irresponsabilidad profesional, incompetencia y miedo…, o las tres cosas a la vez.
Pero Miguel Bernad y Manos Limpias han sobrevivido a este tsunami cocinado por las cloacas del Estado, como venganza por haber tenido la osadía de denunciar a la hija del Rey Emérito y hermana del actual Rey Felipe VI.
El comportamiento judicial del Caso Noós tanto en la Audiencia Provincial de Palma como en la Sala 2ª del Tribunal Supremo supuso un descrédito total para el poder Judicial al condenar a Manos Limpias a las costas del procedimiento contra la Infanta, justificando que había sido una querella temeraria, a pesar de haber sido condenada la Infanta como beneficiaria a título lucrativo, y a pesar que la Audiencia Provincial de Palma de Mallorca, en fase de instrucción manifestó en tres ocasiones en diversos Autos, la existencia de indicios sólidos para incriminar a la Infanta, así como de destacados miembros de la Agencia Estatal de Administración Tributaria.
Pero claro, se trataba, y se sigue tratando, de matar al mensajero…
Jurista, fundador y secretario general de MANOS LIMPIAS.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
