Opinión
Populismo a dentelladas
Se va a desatar en el seno de la extrema izquierda española una batalla tan interesante como esperanzadora. Un puñado de comunistas es la mejor garantía de refriega interna que puede exhibir cualquier grupo humano: tú les dejas en una habitación a la hora de comer y cuando vuelves después de cenar hay tres facciones distintas maldiciéndose entre sí. La gran garantía que tienen los defensores de las libertades individuales es el odio cruzado al que se someten los hijos de Lenin, sean los listos o sean los tontos, útiles o no. La reaparición en escena nacional de Íñigo Errejón para disputarle a Pablo Iglesias el lucido papel de favorita del Emir, nos brinda en bandeja el apuñalamiento mutuo (sin piolet) previsto en cualquier manual de historia contemporánea: en la extremidad izquierda de la política española solo parece haber sitio para uno, por más que las facciones sean abundantes, y ello hará que la disputa por ese espacio nos muestre lo mejor de los contendientes, su radicalismo, su nivel de intolerancia, su populismo abrasador y su deseo de laminar las iniciativas particulares de los ciudadanos. Y, por supuesto, su inclinación a confiscar los bienes de cada uno de aquellos que logren beneficios de su trabajo. Sea cual sea el superviviente de ambos, todo hace indicar que seguirán siendo necesarios para completar la mayoría a la que aspira Sánchez, uno en clave alfombrilla de baño y otro en forma de ajuste de cuentas, pero dispuestos a formar, al fin, esa cosa que llamarán hasta la náusea «gobierno progresista». Lo interesante es, no obstante, el camino para llegar a ello.
Los días que habrán de sucederse hasta llegar al 10-N van a situar ante el espejo deformante catalán a estos dos protagonistas de lo que Jorge Vilches llama brillantemente «Populismo para Tontos». Tanto Iglesias como Errejón, seguidores enfebrecidos de una ideología que ha laminado hasta la eliminación física a cualquier autodeterminista, van a jugar a la complicidad, bien explícita, bien con algún disimulo, con aquellos que quieren deshacer España por la vía de los hechos insurrectos. Sentencia, indultos y agitadores callejeros son tres grandes momentos para escucharles. Ahí veremos si compiten entre sí por ser los cómplices de los aprendices de terroristas o por ser los mediopensionistas comprensivos con todos aquellos que excusan el comportamiento de los independentistas. Todo ello mientras el uno llama dictador al otro y el otro traidor al uno.
En estas horas recientes hemos asistido a la banalización de las conductas violentas de los detenidos por la Guardia Civil, a la que no sé Errejón, pero a la que Iglesias detesta. El líder de la coleta, que ha definido como terrorismo todo aquello que le ha parecido, desde la acción de los jueces, los empresarios hasta la de los machistas varios, cree que no es terrorismo tener explosivos y planos de lugares en los que colocarlos. Y afirma que eso es no guardar respeto por las víctimas del terrorismo. Como si a él le hubiesen importado alguna vez las víctimas. Será curioso comprobar si Errejón, con tal de evidenciar diferencias con Iglesias, moderará artificialmente su vocación disgregadora del Estado en el momento en el que Sánchez exhiba leyes correctoras. Si las exhibe.
La pelea por representar a la extrema izquierda en todos los territorios y llevar de la mano a todos los colectivos que han colaborado con Podemos, sean equos, mareas, compromises, anticapitalistas o comunes (¡tan comunes!), deparará un espectáculo reconfortante para los que creemos que toda esta pandilla de totalitarios no están preparados para representar a nadie con dos dedos de frente. Desplegará Errejón teatralidad de falsa moderación socialdemócrata que ni él se cree e Iglesias la furia no contenida de quien ve que le están robando las llaves de palacio. Menuda maravilla de espectáculo.
España
Los sindicatos reactivarán algaradas y movilizaciones. Por Jesús Salamanca Alonso
«La falta de experiencia en la formación de equipos de trabajo y en gobernar instituciones puede hacer que VOX interfiera en cuestiones que deben darse por superadas»
Con tanta ayuda pública, los sindicatos mayoritarios viven en la abundancia como señores feudales venidos a menos. Permiten llevar una vida de lujos y privilegios; eso hizo hace unos años que, en algunas sedes de las formaciones mayoritarias, colgaran longanizas como forma de llamarlos «chorizos»: esas debieron de ser bien acogidas porque no las devolvieron, confirmando lo que ya se sabía.
Mientras se dan una vida de lujo y sin sobresaltos, los trabajadores ven cómo los recortan y aprietan cada vez más. Por eso, la ciudadanía en general, exige que sean los afiliados quienes mantengan a esas organizaciones tan costosas, tan poco rentables y desprestigiadas. Protestar, deben de protestar mucho, pero en lo de trabajar ya tengo más dudas y una prueba es que más del 30% de los convenios colectivos siguen sin aprobar, pero como no afecta directamente al bolsillo de ellos, pues tranquilidad, no hay prisa. Si esa es su forma de actuar en todo, mejor que cierren sus sedes, envíen al tajo a sus liberados y se jubilen los dirigentes, que ya chirría y molesta hasta su imagen degradada y despreciada sindicalmente.
¡Qué diferencia, de lidiar con esta gente que se agarra como lapas al sillón, a negociar con Marcelino Camacho, Nicolás Redondo y, posteriormente, José Mª Fidalgo y Cándido Méndez! Hay que destacar que Nicolás Redondo luchó y padeció el franquismo y siempre fue un referente en la lucha obrera en las acerías navales de Vascongadas. Y puesto que vive en el mismo municipio del que es natural Patxi López, no estaría de más que le diera unas lecciones de urbanidad, educación básica, cortesía, dignidad y protocolo; tal vez de esa forma dejaría de hacer el ridículo en las controladas y sesgadas ruedas de prensa del Congreso de los Diputados, más propias de un dictador que de un demócrata. No por casualidad lo llaman «el zorro del Congreso» por sus espantadas.
Volvamos al gran logro que ya planifican las comunidades donde la derecha y VOX trabajan para formar Gobierno: la eliminación y dependencia de las ayudas públicas. Andalucía lo tiene claro y ya ha anunciado que retirará el 50% de las ayudas sindicales. Sin duda, es un intento fallido, ya que debe ser el 100% si no quiere tener problemas a corto plazo, lo mismo que Castilla y León. De Aragón apenas ha trascendido nada al respecto, pero es firme el convencimiento de seguir la misma línea que las demás comunidades. Extremadura también acabará con ese atropello que ha existido durante años: tal vez se chupen menos cabezas de gamba y se respete más a los pobres crustáceos emparentados con el langostino y el camarón.
Lo prometido por Andalucía es el camino que seguirán las demás, excepto las dos comunidades rebeldes, más egoístas y aprovechadas e insolidarias. También es el momento de que los trabajadores se organicen contra los sindicatos sectarios y de clase y convoquen movilizaciones contra ellos. En una reunión de amigos, el más político de todos comentaba que «si VOX no cumple su compromiso, lo mejor es que no participe en los gobiernos autonómicos y calle en lo sucesivo» La falta de experiencia en la formación de equipos de trabajo y en gobernar instituciones puede hacer que VOX interfiera en cuestiones que deben darse por superadas. Desde que se celebraron las elecciones ya va siendo hora de que se formen los gobiernos. Han perdido demasiado tiempo con la constitución de las mesas de cada Parlamento y cualquiera diría que les da miedo dar el paso de formar los gobiernos. ¡A trabajar, gandules!

A ver si es verdad que se les acaba el abuso público y se inicia la transparencia que nunca ha existido, ni en las comunidades y no digamos en el Gobierno central donde nos ocultan hasta los viajes viciosos, lascivos y deshonestos del Falcon al ser declarados treinta y nueve de ellos como secreto de Estado. Eso no huele bien y menos los que llevaban destino a República Dominicana y a Venezuela vía Colombia.
Llevamos sin una huelga general muchos años y no será que no ha habido motivos para ello: corrupción, latrocinio, malversación, mordidas, comisiones, nula transparencia, ataques a los jueces, corrupción del exfiscal general y otras instancias más respetables que el Gobierno del felón «cum fraude». Ahora que se sienten rechazados los sindicatos, las huelgas se cuadruplican en este año 2026, debido al bloqueo de las negociaciones salariales. Más de un 30% de los trabajadores están afectados.
Hay que recordar que desde 2022 parecía que la relación entre empresas y trabajadores se había normalizado o, por lo menos, se había calmado debido al acuerdo entre CEOE, Cepyme y el sindicalismo fantasma de la izquierda bolchevique, protegidos por doña Yolanda «Tucán», hoy caída en desgracia en el Gobierno sanchista. Sus traiciones al sanchismo y a Podemos le han pasado factura. Nadie le admite en sus filas porque lo que toca, lo desgobierna. ¡Si tendrá capacidad de traición y facilidad para la misma que hasta a su principal mentor lo «apuñaló» por la espalda! ¿Se acuerdan de Xosé Manuel Beiras, político y economista gallego, además de líder del BNG? Si a ello añaden la protección y encubrimiento al pederasta Ramiro Santalices por pare de Yolanda, pues ya tienen todos los ingredientes para que nadie se fie de ella y genere un rechazo brutal, menos en UGT y CC.OO. a quienes ha regado de euros y prebendas.
Las solicitudes de huelga y los conflictos laborales ya han comenzado y aumentarán si hay adelanto electoral y se hunde, como es previsible, la zurda sindical, falsaria y ruinosa. Quienes llevan siete años tirándose a la bartola se reactivarán con las algaradas y las movilizaciones.
Tan sólo las huestes del felón tranquilizan a esos sindicatos radicales y reaccionarios cuyo logro de la «derechita cobarde» será eliminar por completo las abundantes ayudas y subvenciones públicas que reciben los dos sindicatos sectarios y falsarios amparados y amamantados también por la mafia criminal sanchista.
