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Miriam Gutierrez, de campeona de Europa de boxeo a «número dos» del PP en Torrejón de Ardoz
La deportista Miriam Gutiérrez, reciente campeona de Europa de boxeo, será la número dos de la candidatura del alcalde de Torrejón de Ardoz, Ignacio Vázquez, que encabeza la lista del PP al Ayuntamiento de esta localidad para las próximas elecciones municipales del 26 de mayo.
Según ha informado la candidatura en un comunicado, Miriam Gutiérrez se incorporará al mundo de la política como independiente y Vázquez la quiere en su proyecto para que sea su futura teniente de alcalde y responsable de la Concejalía de Mujer, si gana las próximas elecciones, «al ser un símbolo de la lucha contra la violencia de género en la ciudad».
Como han destacado los ‘populares’, Miriam, también cinco veces campeona de España, es «sinónimo de superación porque sufrió violencia de género cuando estaba embarazada. «Yo me integro en el equipo como independiente, y lo voy a seguir siendo. Yo soy de Nacho, yo soy de Torrejón», ha explicado Miriam en referencia al alcalde.
«La motivación para aceptar este reto es el profundo cariño que siento por Torrejón de Ardoz, y quien me ha hecho dar este paso es Nacho porque creo firmemente en él como alcalde por su gestión al frente de esta ciudad que ha conseguido poner a Torrejón de Ardoz en el mapa y hacernos sentir orgullosos de vivir aquí», ha sostenido la deportista.
Por su parte, el candidato a la Alcaldía y actual alcalde de Torrejón de Ardoz ha destacado la «inteligencia y valentía» de Miriam que «salió de un pozo como es la violencia de género para convertirse en una de las deportistas más importantes del panorama español». «He decidido contar con ella como número dos para mi equipo por su capacidad de superación y haberse reinventado así misma, y sobre todo porque siente pasión por aportar nuevas ideas desde su experiencia para mejorar nuestra ciudad», ha añadido.
La campeona, por su parte, también ha señalado que va «a hacer todo lo posible para trasladar los valores del deporte como el esfuerzo, superación, respeto y sacrificio a la juventud de esta ciudad». «Y me voy a centrar en mejorar el bienestar de todas las torrejoneras, llevando a cabo un programa con medidas que abarquen sus principales preocupaciones y necesidades como son empleo, formación, vivienda, ocio», ha apuntado.
Además, ha avanzado que va a priorizar sus «esfuerzos» en apoyar «más aún» a las mujeres que sufren violencia de género con la puesta en marcha del Pacto Local contra la Violencia de Género.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
