Opinión
Mitin desde La Moncloa
Federico Ysart.- Al cabo de ochos meses y medio en la cabecera del banco azul Pedro Sánchez, presidente saliente, aún no se ha enterado de que lo público es del público, y que el Falcon no es un Uber para ir de paseo. Hoy ha utilizado la sala de prensa de la presidencia del Gobierno de España para dar un mitin electoral como si aquello fuera la plaza de toros de Vistalegre. El personaje no tiene remedio.
Tampoco ha caído en cuenta de lo cortas que son las patitas de la mentira. En el largo mitin aprovechando las instalaciones del Estado como cosa propia, o como si no fueran de nadie que dijera su vicepresidenta Calvo hace catorce años, presumió de humilde y no supo sustraerse a la pulsión por mentir.
Y así fue desgranándolas una tras otra, hasta coronar el rosario con aquello de que los independentistas siempre han sabido donde está el Gobierno… “porque siempre hemos estado donde hemos estado”. Siempre, con la contumacia de la veleta. Si así hubiera sido, ¿a cuento de qué tanto diálogo, mediador, cumbres y demás con quienes sólo quieren hablar de autodeterminación?
Pero antes del gran disparate, mintió diciendo que la moción de censura que le puso en la gloria no fue para echar a nadie sino para que hubiera un gobierno no partidista. ¡No partidista! Con el diálogo como mantra, un gobierno abierto y ejemplar, que impulsó la memoria histórica y ha traído una radio y televisión pública objetiva y plural.
A la vista de la caída de audiencias en RTVE, y de forma especial en los informativos, hablar de una televisión objetiva y plural es tomar por imbéciles a los españoles. Ah, y españolas, que no perdió ocasión para reiterar tamaña simpleza. Como presumir del aumento del salario mínimo y de creación de empleo, cuando precisamente la demagogia pactada con Iglesias está afectando el empleo, sobre manera entre los jóvenes.
Y qué decir de atribuirse el saneamiento de las cuentas públicas en un trimestre, que es el tiempo dispuesto tras las vacaciones veraniegas y las de diciembre; o de haber recuperado la sanidad pública.
No paró la cosa en presumir de haber consolidado empleo, crecimiento y el estado de bienestar; se adentró en las reformas de la calidad democrática, con leyes muy importantes “para el bienestar y prosperidad de la ciudadanía”, como la ley de eutanasia, ley mordaza, reforma laboral, voto rogado, igualdad laboral y pobreza energética.
Calidad democrática pero no acudió a los requerimientos del Senado; ¿será calidad democrática acusar de filibusterismo parlamentario a la oposición por tener mayoría en la mesa del Congreso? Tremendo respeto por las instituciones.
Y llanto por unos presupuestos sociales después de 7 años de injusticia social, que habrían rehabilitado políticas de vivienda, educación, empleo juvenil, impulso a la ciencia, sector energético; buenos para los españoles, dijeran lo que dijeran la Unión Europea, el Banco de España, y cuantos pusieron una calculadora encima.
Esencia de mitin electorero en la sede de la presidencia del Gobierno del Reino de España. Y así seguirá el mes y medio que piensa pernoctar en La Moncloa.
España
Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso
«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».
Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.
Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.
Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?
Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.
Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.
En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.
Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.
Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.
Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.
El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.
Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.
